25/01/2026
Andrés Barba: “El miedo es la gran gasolina de la política populista del siglo XXI”
Fuente: telam
Charla con el autor de “Auge y caída del conejo Bam”, una original fábula de animales en la que hay reflexiones filosóficas, teoría política y una mirada sobre el presente crítico, los liderazgos y las instituciones
>Traductor, ensayista y narrador, Aunque ya había publicado varios libros, la consagración de Barba llegó con el premio Herralde (2017) que recibió por su novela República Luminosa, una historia inquietante sobre infancia y violencia. Es un autor que apuesta a diversos géneros y formatos y entre sus libros se encuentran La hermana de Katia, Ha dejado de llover, Muerte de un caballo, La ceremonia del porno (ensayo coescrito con Javier Montes y Premio Anagrama de ensayo), El libro de las caídas, La risa caníbal, Vida de Guastavino y Guastavino y El último día de la vida anterior (qué resultó ganadora del Premio Finestres).
Su última novela se llama Auge y caída del conejo Bam (Anagrama) y es una propuesta absolutamente original y disruptiva.El escenario es la Gran Madriguera, el narrador se llama Copito (los nombres tienen gran importancia en la trama) y el gran protagonista es Bam, maestro, líder y gurú, cuya leyenda a partir de su muerte se agiganta en el tiempo. Muchas de las grandes inquietudes actuales se encuentran en la fábula, en la que podemos ver a partir del universo animal cuestiones centrales de la humanidad como el amor, la verdad y la felicidad.
Lo que sigue es la transcripción de una charla que mantuvimos con Andrés Barba días atrás por zoom, en la que por supuesto hablamos de su novela pero también de pensamiento de Hannah Arendt y su mirada visionaria sobre este siglo, de la carencia desoladora de pensamiento crítico, de las características inquietantes y fascinantes de algunos líderes políticos (como el Donald Trump centennial por naturaleza), de lo que Barba supone que es el agotamiento de la literatura del yo (“la gente dejará de leer por aburrimiento”) y también de una orgía inolvidable que el autor de Auge y caída del conejo Bam considera la mejor de la literatura y a la que, a su manera, le ha rendido homenaje.— Quería que me contaras brevemente el origen de la novela, que tiene una forma narrativa sorprendente, en cierto sentido anacrónica o fuera de moda. ¿Qué te llevó a contar una historia con animales como protagonistas?— Sí, casi como una coda religiosa, ¿no?
— ¿Ya de entrada pensaste que que el modelo de los animales iban a ser los conejos o habías pensado otra cosa y cambiaste?
— Decías recién que “las viejas herramientas para leer lo político están empezando a fallarnos” y no puedo más que coincidir. Nos seguimos moviendo con herramientas del siglo XX para cuestiones de este siglo y entonces no logramos entender. Y, de pronto, hay gente que es más grande que nosotros, como Donald Trump, y que entendió mucho más rápido los nuevos códigos o los códigos de la gente más joven.
— No. Te recuerdo que estás hablando con una judía, así que no (risas).
— Me interesa lo que estás diciendo y me interesa el modo en que tratás en la novela el tema del populismo y el liderazgo. También leí en algunas entrevistas y aparece en la novela reflexiones acerca del concepto de verdad. Ese concepto, tal como lo conocimos, se está desintegrando ante nuestros ojos. En general estamos centrando la preocupación en la mentira, hace rato venimos hablando de lo fake, pero a mí me interesa mucho cómo se está convirtiendo en evanescente la idea de verdad.
— Justamente una de las cosas que se nos terminaron son los consensos con los que todos nosotros crecimos. Todo eso se vino abajo. En estos días en los que uno de los grandes focos de las noticias es la obsesión de Trum con Groenlandia cobra nuevo sentido una de las frases de Bam, que se lee en tu libro, cuando dice: “Los lugares son de quienes los merecen, no de quienes los habitan”.
— Pero, entonces, si hablamos de consenso y de liderazgo, ¿de qué estamos hablando? ¿A qué decirle que sí a todo lo que el líder diga?
— Claro. Vapuleada la libertad, vapuleada la palabra y vapuleado el sistema democrático. Un sistema que está en deuda con montones de personas y de cosas pero que hasta ahora considerábamos que era el mejor sistema político que conocíamos. Quería preguntarte si después de trabajar con esta novela, se te aclararon algunas ideas. Es una ficción, no es un ensayo, pero en definitiva hay montones de cosas en esta historia que tienen que ver con la seguridad, con la felicidad, con la libertad, con la propiedad. ¿Se te aclararon algunas ideas o surgieron nuevas contradicciones?
— Como suele pasar, claro.
— La amenaza constante, digamos.
— La profecía autocumplida.
— Hay un par de cosas que me interesan que tienen que ver con Copito, con el narrador. Una que tiene que ver con el “no sé” del final de sus frases. Y lo otro es aquello que asegura siempre acerca de que los que lo abandonaron (humanos) lo querían. Necesita señalar todo el tiempo que aunque lo dejaron, lo querían. Como la única certeza. Me interesa saber cómo surgieron esas cosas.
— Porque lo convierte en estilo.
— Sí. Que es lo que en general pasa con la reconstrucción del pasado. Con la construcción del recuerdo, que puede tener distintas versiones.
— Ahora, la figura de Bam además de esta deriva totalitaria en algunos momentos tiene una cosa de pastor, tiene una cosa cristiana. Y ese líder que es narrado es Sócrates y Copito es un poquito Platón, ¿verdad? ¿Todo eso estuvo en la idea original de tu trabajo?
— O sea, están los apóstoles contando a Cristo. Está Platón contando a Sócrates y está Copito contando a Bam.
— Sí. Y te voy a decir que el “no sé” es muy argentino, también. Muy porteño, en realidad.
— ¿Vos leíste El entenado, de Saer?
— Porque en tu novela hay un homenaje hermoso a El entenado.
— El espíritu, sí.
— Luego de ese fenomenal apareamiento colectivo del que hablamos, está la escena del nacimiento de los gazapos, las crías de los conejos. Y ahí aparece la cuestión de la paternidad, que también sobrevuela en otros momentos. Por ejemplo, en la página 89, se describen los nacimientos de los gazapos, aparece una imagen que es muy hermosa en la que Copito dice: “Cómo habíamos hecho hasta ese día para sobrevivir cuando no estaban ellos. Cuando no existían esos gazapos. No sé.” Y me pareció que ahí, de alguna manera se trasladaba un poco lo que tiene que ver con tu propia paternidad. Sos padre de hijos chiquitos, se hace difícil que no transmitir algo de lo que le está pasando si uno habla de esas cosas.
— Hablando de la presencia del yo o de la biografía, leí en una entrevista que te hizo Daniel Gigena comentarios muy interesantes acerca de la autoficción o la literatura del yo. Tu propuesta es completamente diferente a esos géneros de los que se avizora un agotamiento, luego de la explosión. Incluso cuando practicás la biografía, como en — Sí, o sea, primero por mi propia supervivencia como escritor. Quiero decir, no podría estar haciendo el mismo tipo de libro todo el tiempo porque moriría de tristeza. Moriría de profesionalismo, digamos. Me convertiría en un escritor profesional, que no hay peor cáncer en la literatura que el escritor profesional. Sería terrible. Perdería todo. Quiero decir, es curioso, la desconfianza en la ficción que se produjo ya en esta década y pico que llevamos de literatura del yo y de la autoficción y curiosamente yo pensaba que era un género que se iba a aniquilar a sí mismo antes y, sin embargo, lo que ha hecho es como estas especies invasoras. Es como en Madrid, por ejemplo, que hay una cotorra que no sé de qué país viene, centroamericano, es una cotorrita así verde, enana, que se ha merendado a todos los pájaros de Madrid, directamente. Ahora solo hay cotorritas de esas verdes. Son súper agresivas y tal. Entonces la literatura de la autoficción y la literatura del yo es como la cotorra esa, ¿no? Se ha merendado todo. Es como si no fuera posible hacer una narrativa que no estuviera vinculada a la literatura del yo o a la autoficción o tal ¿no? Las únicas escapatorias eran las literaturas de género: el género fantástico, la literatura de terror, en fin, la biografía. Todo ese tipo de géneros en mundos encapsulados.
— Claro, fíjate, yo estoy huyendo, huyo de la muerte (risas).
— La cotorra esa que come todo. Y, entonces, pues, es una forma de sobrevivir a esa literatura que me parece la muerte. Y aparte ya estoy totalmente aburrido de leerla, de leer libros iguales ¿no? Son todos iguales. Aparte ha sido un patrón generado por cánones gringos muchas veces, que se han transferido a Europa y a muchos autores latinoamericanos. Esa especie de literatura de autoficción que tiene como un poquito de ensayo, un poquito de ficción, un poquito… Ay, Dios. Están hechos a patrón, los libros. Una sensación de aburrimiento de saber todo el rato lo que viene todo a continuación.
— ¿Y sentís que esa tendencia en la literatura realmente se está agotando?— Explicame un poco cómo sería esa responsabilidad, es decir, como sería esa relación entre la prensa y la literatura del yo.
Fuente: telam
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