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24/01/2026

Cinco claves científicas para entender la ola polar histórica que azota a Estados Unidos

Fuente: telam

Una combinación poco frecuente de procesos atmosféricos y cambios acelerados en el Ártico explica la magnitud de la tormenta invernal que expone a casi 200 millones de personas a temperaturas de hasta 50 grados bajo cero

>Estados Unidos atraviesa una de lasEl fenómeno avanzó desde las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras hasta la costa este, con impactos directos sobre el transporte, el suministro eléctrico y la vida cotidiana de millones de personas. A primera vista, la escena parece chocar con una tendencia climática ampliamente documentada: los inviernos se volvieron más cálidos en promedio.

Sin embargo, la La respuesta no se apoya en una sola causa, sino en la superposición de procesos que actúan a distintas escalas, desde el Ártico hasta la corriente en chorro que gobierna el clima de las latitudes medias.

Especialistas en meteorología y clima global coinciden en que esta tormenta no contradice el calentamiento global, sino que encaja dentro de un sistema atmosférico alterado, más variable y con extremos menos frecuentes pero potencialmente más intensos.

El primer dato científico clave se encuentra en el comportamiento delCuando su estructura permanece compacta y estable, el frío extremo rara vez alcanza regiones densamente pobladas. En esta ocasión ocurrió lo contrario.

El Servicio Meteorológico Nacional de EEUU advirtió sobre un “aire frío potencialmente mortal”, una expresión que resume el riesgo sanitario asociado a la hipotermia y la congelación.

Esa continuidad geográfica refleja un patrón atmosférico de gran escala, más propio de inviernos de décadas pasadas que del clima reciente.

El segundo dato científico apunta al origen remoto de esta ola polar: el Ártico. Las temperaturas en esa región aumentaron a un ritmo mucho mayor que el promedio global, con una pérdida acelerada de hielo marino. Ese cambio alteró los contrastes térmicos que sostienen la circulación atmosférica del hemisferio norte.

Judah Cohen, científico investigador del MIT y especialista en clima invernal, explicó que la reducción del hielo en mares como Barents y Kara desempeñó un papel central en la mayor variabilidad del vórtice polar.

Los registros respaldan esta lectura. El hielo marino del Ártico alcanzó su extensión más baja para esta época del año, un dato que los científicos consideran relevante para anticipar inviernos con comportamientos más erráticos.

“No estoy diciendo que ningún evento meteorológico en particular se deba al cambio climático, pero sí creo que aquí se han cargado los dados”, sostuvo.

El tercer dato científico ayuda a entender por qué esta ola polar no solo trajo frío, sino también nevadas intensas y extensas franjas de hielo. Una atmósfera más cálida retiene mayor cantidad de vapor de agua. Cuando el aire polar logra avanzar hacia latitudes medias y se encuentra con esa humedad, el resultado puede ser una tormenta invernal de gran escala.

En este episodio, el choque entre la masa de aire ártico y el aire cálido y húmedo proveniente del Golfo de México y del Pacífico generó condiciones ideales para la nieve y la lluvia helada. Estados del sur, menos acostumbrados a este tipo de fenómenos, enfrentaron rutas congeladas y tendidos eléctricos cubiertos de hielo.

El Servicio Meteorológico Nacional de EEUU alertó sobre acumulaciones capaces de provocar cortes de energía generalizados y daños significativos en árboles e infraestructuras. “Estas temperaturas bajo cero supondrán un riesgo mortal de hipotermia y congelación para la piel expuesta”, advirtió el organismo.

El cuarto dato científico introduce una aparente paradoja. A largo plazo, las olas de frío en Norteamérica se volvieron menos frecuentes y menos extremas.

Ese calentamiento sostenido reduce la probabilidad de episodios como el actual, pero no los elimina. Cuando ocurren, pueden resultar más disruptivos porque las sociedades y las infraestructuras se adaptaron a un clima menos severo. Redes eléctricas, sistemas de transporte y viviendas enfrentan mayores riesgos ante un frío que ya no forma parte de la experiencia habitual.

Jennifer Francis, investigadora del Woodwell Climate Research Center, subrayó esta complejidad al señalar que el calentamiento global no actúa de forma lineal.

Otros ingredientes que preparan el escenario para el clima invernal extremo están en aumento, y muchos de ellos están en juego esta semana”, sostuvo.

El quinto dato científico conecta todos los anteriores y ofrece una mirada de conjunto. El sistema climático actual muestra una mayor variabilidad, con patrones que se alejan de la estabilidad que caracterizó a buena parte del siglo XX.

La tormenta invernal que atraviesa Estados Unidos expuso esa nueva dinámica. Cerca de 200 millones de personas quedaron bajo algún tipo de alerta, con nevadas que superaron los 30 centímetros en amplias regiones y sensaciones térmicas que descendieron por debajo de los –46 grados Celsius en las llanuras del norte.

En paralelo, grandes ciudades enfrentan cancelaciones masivas de vuelos y advertencias de las autoridades de transporte.

Amy Butler, científica atmosférica de la NOAA, explicó que aún existe incertidumbre sobre cómo evolucionará el vórtice polar en el futuro. “Hay muchos factores que pueden alterar la intensidad del vórtice polar”, afirmó, entre ellos el hielo marino y el calentamiento de las capas superiores de la atmósfera.

La tendencia de fondo, sin embargo, resulta clara. Los extremos de frío disminuyen en frecuencia, pero la nieve y el hielo siguen presentes y plantean desafíos significativos. En el oeste de Estados Unidos, por ejemplo, el deshielo aporta gran parte del suministro de agua, lo que añade otra capa de complejidad a los cambios en las tormentas invernales.

Entender esas cinco claves científicas resulta esencial para anticipar riesgos, adaptar infraestructuras y comprender que el calentamiento global no significa un clima uniforme, sino uno cada vez más desafiante.

Fuente: telam

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