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22/01/2026

El ejército de 135 soldados que protege al Papa: cómo la Guardia Suiza pasó de ser un cuerpo de mercenarios a un grupo de élite

Fuente: telam

En enero de 1506, el pontífice Julio II convocó a helvéticos católicos para que defendieran el Vaticano. La formación de una tropa selecta y los cambios de rol a lo largo de los años que reflejan el impacto de las guerras, los acuerdos y las reformas internas. Sus atuendos y tradiciones esconden relatos poco conocidos de los pasillos del Vaticano

>El 22 de enero de 1506, un grupo de 150 soldados suizos marchó por las calles de Roma para integrarse como la nueva fuerza de protección del Papa. Aquel contingente, dirigido por Kaspar von Silenen, no solo marcó el inicio de la Guardia Suiza Pontificia, sino que definió la relación entre el Vaticano y un cuerpo militar que, a lo largo de siglos, sobrevivió a guerras, crisis y profundas transformaciones.

La reputación de los suizos como soldados mercenarios creció en el siglo XVI. Su destreza con la pica, el arcabuz y su disciplina profesional los convirtieron en los preferidos de reyes y príncipes, que los contrataban para reforzar sus ejércitos en el complejo tablero desplegado en Italia, donde había disputas territoriales todo el tiempo.

Al incorporarse al servicio papal, los suizos asumieron tareas que iban mucho más allá de la mera custodia del pontífice. Además de servir como guardaespaldas personales, participaron activamente en campañas militares, como las de Perugia y Bolonia. Esas acciones impresionaron al Papa, quien decidió establecer un acuerdo regular con la Federación Suiza para asegurar un flujo continuo de soldados.

Las armas de preferencia eran las espadas a dos manos y las alabardas, que les habían dado fama en los campos de batalla. Se protegían con distintas piezas de armadura y cascos, adaptándose a las necesidades del combate de cada época. La combinación de disciplina, armamento y coraje pronto quedó grabada en la memoria de Roma.

Solo la resistencia desesperada de los guardias suizos permitió la huida del Papa. Fueron 147 soldados los que protegieron la basílica de San Pedro hasta el último hombre, mientras Clemente VII escapaba por un pasadizo hacia el castillo de Sant’Angelo. Aquel acto de sacrificio consolidó el mito de la lealtad suiza al papado y es recordado como uno de los momentos fundacionales del cuerpo. Sin embargo, derrotado Clemente VII debió disolver la Guardia Suiza y aceptar que lo vigilaran 200 alemanes.

A lo largo del siglo XIX, la Guardia Suiza decayó. El reclutamiento en Suiza se fue abandonando y la pertenencia al cuerpo pasó a ser en muchos casos hereditaria, perdiendo su carácter original y transformándose en una institución puramente ceremonial con armas anticuadas y sin una función militar real.

El uniforme, adoptado en el siglo XX, se utiliza en ceremonias y grandes eventos. Sin embargo, la vida diaria en el cuartel sigue marcada por la disciplina y la tradición militar.

Se los conoce con diversos nombres como los Centinelas del Papa, el Más Pequeño y Antiguo Ejército del Mundo, la Cohorte Helvética y la Guardia Suiza Pontificia, que es la denominación oficial.

Tal vez el escándalo más grande de los últimos siglos fue causado el 4 de mayo de 1998, cuando el “caporal” (cabo) Durante más de cinco siglos, la Guardia Suiza ha transitado por numerosos cambios y desafíos. Lo que comenzó -hace 520 años- como una respuesta a las necesidades militares y políticas de un Papa en tiempos convulsos, terminó por convertirse en un símbolo de continuidad, disciplina y servicio al Vaticano. La historia de ese cuerpo revela tanto la evolución de la Iglesia como los vaivenes de la política europea, en los que la lealtad y el sacrificio de los soldados suizos quedaron grabados para siempre en los anales del papado.

Fuente: telam

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