21/01/2026
La inmutable capacidad de Putin para abandonar a sus aliados
Fuente: telam
El jefe de estado ruso no reaccionó para salvar a los dictadores que supieron visitarlo en el Kremlin para jurarle lealtad a cambio de protección
>Cuando en diciembre de 2015 Rusia decidió intervenir militar y diplomáticamente en Siria para asistir al dictador Bashar Al-Assad en su guerra intestina, Vladimir Putin prometió asistencia absoluta a su aliado. Bombardeó dejando en ruinas decenas de ciudades. Masacró pueblos enteros. Y además bloqueó en las Naciones Unidas cuanta resolución pretendía poner un freno a tanta matanza. Sostuvo a su aliado en Damasco hasta que sus escasos recursos no le permitieron distraerse más en Medio Oriente y en menos de diez días el régimen -eterno- de los Assad caería.
Fue por eso que cuando Ahmed Al-Shara inició su campaña final, casi no encontró resistencia en su paso triunfal por Siria. Ante la inminencia de la llegada de los rebeldes a Damasco, Al-Assad recibió como única asistencia de Moscú una llamada ofreciéndole asilo y transporte.
Desde los tiempos de Hugo Chávez, Rusia vendió a Venezuela sistemas de defensa aérea, aviones y demás radares para su protección. Incluso generales rusos pisaron tierra caribeña con decenas de oficiales para instruir a miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en tácticas avanzadas para el vuelo de drones y operaciones de fuerzas especiales. Ninguna de esas herramientas sirvió en la madrugada fatídica que trasladó a Maduro a Estados Unidos.
La historia siria se repitió en América Latina. A Maduro le fallaron las matemáticas. La distancia entre Moscú y Damasco es de casi 3.400 kilómetros, mientras que la de la capital rusa con Caracas es de 9.990 kilómetros. Ni siquiera hubo un avión que lo evacuara. ¿Qué le hizo creer que lo salvarían estando aún mucho más lejos que de Al-Assad?
Los jerarcas cubanos creen, por lo bajo, que Putin podría estar ingresando, además, en un proceso de debilitamiento interno. En Rusia, las guerras que no se ganan no suelen tener buenos augurios para sus comandantes. Y Moscú hace casi cuatro años que está empantanado en Ucrania perdiendo cada vez más esferas de influencia en todo el mundo.
El régimen no levantó la voz en su momento, pero se conoció el descontento que hubo con Moscú por su falta de asistencia. Se vivió como un acto de ingratitud: Irán había suministrado incontables drones y proporcionado tecnología para asolar a la población ucraniana que no fue correspondido proporcionalmente cuando más se necesitó la ayuda.
En América Latina Venezuela -más dramáticamente- y Cuba sienten de primera mano la frustración de las promesas de protección y asistencia incumplidas. Nicaragua tampoco recibirá ayuda cuando se acerque su hora más dramática. ¿Tomarán nota aquellos que coquetean con el Kremlin para reafirmar sus narrativas?
Fuente: telam
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