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21/01/2026

Ucrania a oscuras y bajo cero: el frío como estrategia de guerra de los rusos

Fuente: telam

Los ataques a la infraestructura energética ucraniana privan de luz, agua y calefacción a la población civil. El objetivo es generar una crisis de magnitud para quebrar al gobierno de Zelensky. Un drama humanitario en cámara lenta

>Cuando falta un mes para que se cumplan cuatro años de la invasión a Ucrania, los ataques rusos golpean cada vez con más fuerza las instalaciones que proveen de agua, calefacción y electricidad a la población, fundamentalmente en Kiev, la capital del país. En lo que ya es el invierno más duro desde el comienzo de la guerra, con temperaturas que superan con facilidad los 10 grados bajo cero, el gobierno ucraniano decretó hace una semana el estado de emergencia en el sector energético y también una revisión de las normas del toque de queda, que limitan los desplazamientos de las personas. También se suspendieron las clases hasta febrero y se instalaron cocinas móviles para proveer de café y comida caliente. Son miles los edificios de gran altura que no tienen luz ni calefacción. Las ciudades a oscuras y heladas se vuelven inhabitables, pero no todos tienen la posibilidad de irse.

Los ucranianos -no solo los funcionarios, sino la población entera- sostienen que el objetivo de estos ataques es vulnerar la resistencia de la población y generar una crisis de magnitud que consiga quebrar al gobierno de Volodimir Zelensky para que haga concesiones a la medida del Kremlin. El agotamiento físico y espiritual entre los ucranianos es real y cualquiera que haya estado en Ucrania en estos meses lo sabe. Más allá de las muertes en el frente y a causa de los bombardeos sobre las ciudades, la falta de electricidad y la falta de sueño por los ataques nocturnos hicieron estragos entre la población.

“La falta de previsibilidad erosiona algo esencial: la sensación de control sobre la propia vida. Cuando no se puede saber si habrá luz para trabajar, calor para dormir bien o agua para mantener la higiene básica, la rutina se rompe. El tiempo deja de organizarse en días normales y empieza a dividirse en ‘cuando hay electricidad’ y ‘cuando no’”, me explica Alina Rohach, analista política del Centro de Diálogo Transatlántico, quien vive en Kiev y no dejó la ciudad en estos días.

Comercios, instituciones y propiedades recurren a los generadores de electricidad a un costo altísimo, las pérdidas económicas son fabulosas y en algunos hospitales médicos y enfermeras han llegado a hacer milagros alumbrados por linternas. Todos los habitantes de Kiev son víctimas del frío como herramienta de guerra. No es un tema de clase social: un diplomático latinoamericano me confirmó que también hay frío en las embajadas y que por las noches en las residencias diplomáticas todos duermen con abrigos y guantes.

El movimiento, cuenta Alina, es una herramienta para combatir el frío y para seguir encontrando estímulo, por eso “en algunos patios se encienden parrillas improvisadas: alguien trae carbón, otro carne, otro té caliente. No es una fiesta en el sentido tradicional; es una forma de mantenerse vivos, de moverse, de no congelarse. Hay quien pone música y la gente salta, literalmente, para entrar en calor”.

Mi amigo Maksym S., periodista y escritor, dejó la ciudad junto con su esposa y su hijita y se refugió en casa de familiares. Lo supe cuando le pregunté cómo estaba soportando estos días y me respondió: “Estamos fuera de Kiev porque hace muchísimo frío en nuestro departamento. Los rusos están llevando adelante otro crimen de guerra: congelarnos”. Maksym me mandó este mensaje junto con una foto hermosa de Marharyta, su beba de apenas cinco meses. Recuerdo imágenes de la maternidad que él compartió en su cuenta de Facebook en los días en que nació su hija. Hay partos que se llevan a cabo sin luz, sin calefacción. Algunos nacimientos ocurren en los refugios antibombas de los hospitales. Hay muerte a diario en Ucrania pero hay también nuevas vidas cada día.

“Cuando la temperatura exterior baja a 15 o 20 grados bajo cero, ya no es una incomodidad, es una crisis energética muy grave. Es como cuando abrimos el congelador y, después de unos segundos, el cuerpo reacciona solo y uno retira la mano, pero aquí no hay mano que retirar… La mayoría de los hogares en Kiev dependen de sistemas centralizados que requieren electricidad y una infraestructura compleja. Si esa red se rompe, los apartamentos se enfrían con rapidez. En algunos casos, la temperatura interior desciende hasta 5 grados o aún menos”.

En las redes sociales pueden verse todos los días imágenes de estas tiendas y también videos que dan cuenta de la vida cotidiana bajo el frío forzado. Entre esas imágenes, hay ancianos intentando jugar al ajedrez en un parque bajo la nieve incesante y con carámbanos en sus viseras, otros de padres e hijos que le hablan a la humanidad para recordarnos que no es humano ser atacados en derechos básicos como la calefacción o la luz y gente que montó carpas en sus propias casas para dormir ahí adentro con sus mascotas, como una manera de darse calor.

Mariana Lastovyria es muy joven. Tiene 21 años y es periodista y editora creativa de The Counteroffensive, un sitio que ofrece artículos con historias de vida de la guerra desatada por Rusia en Ucrania. Hacer los números duele: Mariana vive en un país en guerra desde los 17. Aunque reside en Kiev y estaba allí durante el gran ataque del 9 de enero, en estos días dejó la ciudad y viajó a la casa de sus padres, que viven en la región de Volyn, en el noroeste del país. Le pedí por WhatsApp que me contara su experiencia.

La falta de luz y de calefacción, las malas condiciones de vida en general llegan a hundir la moral de una persona. Eso le ocurrió a Mariana. “Solo había electricidad dos horas al día, y en mitad de la noche. Creo que lo que más me afectó fue no poder lavarme. La sensación que provoca esta situación es la de estar deprimido, cuando permaneces inmóvil y en completa oscuridad, sin fuerzas ni siquiera para lavarte el pelo. Eso fue lo más duro, la impotencia y la desesperación de cuando ya no puedes distinguir los días ni la hora del día porque las cortinas permanecen cerradas siempre para mantener el poco calor que aún queda dentro del apartamento”.

Por su parte, desde Kiev, Alina me cuenta cómo es vivir hoy en la ciudad. “Hay días en los que hay que despertarse a las tres o cuatro de la mañana para ducharse, cargar el teléfono, preparar algo de comida y volver a dormir un poco antes de ir a trabajar. Sales de casa a oscuras y vuelves a un apartamento igual de frío. Y aun así, tienes que estar puntual en una reunión por la mañana. Con luz o sin ella, la vida sigue”.

En un artículo de The Guardian firmado por Peter Beaumont, quien visitó la ciudad para ver cómo está afectando el frío la vida de sus habitantes, el alcalde contó que sus propios hijos le habían pedido ir a pasar estos días a su casa y explicó que las poblaciones de los suburbios más recientemente desarrolladas, como Bucha, tienen un sistema de suministro de energía más resistente a los ataques rusos que los de las grandes ciudades.

En Ucrania hace tiempo que los cortes de luz rigen las vidas de las personas porque, desde temprano, Rusia buscó atacar las centrales de energía con voluntad de daño concreto a la población civil. Entre las decisiones tomadas por el gobierno ucraniano, hay cortes programados, pero hay otros que no lo son. Se ve perjudicada la vida personal y laboral y todos en general llevan en sus bolsos y mochilas cargadores portátiles para sus celulares: se convirtió en algo vital. Siempre que hay luz, en todos lados se ven celulares y cargadores volviendo a la vida útil. La falta de luz conlleva muchas veces falta de agua y potencia los problemas de seguridad porque vuelve peligrosas las calles. Bajo cero, todo esto convierte a pueblos y ciudades en invivibles, un drama humanitario en cámara lenta. Un drama humanitario helado y a oscuras.

Aunque los técnicos y operarios ucranianos trabajan 24 x 7 para restablecer la energía en los diferentes puntos del país, podría no alcanzar para evitar una catástrofe mayor. Según la agencia EFE, los ataques rusos dañaron todas las centrales no nucleares con las que Ucrania genera su electricidad y si bien no atacaron directamente ninguna de las centrales nucleares que permiten a Ucrania seguir generando energía, podría dejar sin energía la red eléctrica nacional bombardeando las subestaciones conectadas a esas centrales.

Mientras el foco de atención internacional está a la vez puesto en Davos y en Groenlandia, Ucrania busca por todos los medios hacer visible su tragedia y conseguir de parte de estados y privados los fondos y asistencia necesarios para poder enfrentar a Rusia.

“El hecho de que los ucranianos encuentren soluciones creativas para sobrevivir al frío y a la oscuridad no convierte esta realidad en normal. No significa que ‘ya sabemos cómo vivir así’ y que, por lo tanto, no haga falta apoyo”, me dice Alina. “Sí, nos mantenemos en pie. Sí, la vida continúa. Pero no porque esto sea sostenible, sino porque no hay otra opción. Vivir sin electricidad, sin agua y sin calefacción a 15 grados bajo cero no es fortaleza romántica. Es una prueba extrema impuesta de forma deliberada”.

Fuente: telam

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