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21/01/2026

Son argentinos, viajan en familia hace un año y la caída de Maduro los encontró de turistas en Venezuela: “¿Qué hacemos acá?”

Fuente: telam

El plan era evitar Caracas a toda costa, pero el sueño de conocer Salto Ángel los llevó a tan solo 30 km de la ciudad. “Fue mucho estrés, un día durísimo”, relataron. La solidaridad del pueblo venezolano fue una de las claves para sobrellevar la situación

>Son argentinos y emprendieron su viaje hace casi un año junto a sus dos hijos pequeños. Aunque la incertidumbre era parte de la aventura, nunca imaginaron que estarían tan cerca de Dejate Llevar —@dejatellevar.ok, en Instagram—es el nombre con el que se presentan en redes sociales y comparten su día a día. La familia está compuesta por Matías Vivanco, de 42 años, profesor de Educación Física y guía de montaña; Clara Rimondino, de 38, bióloga especializada en biología marina antártica y consultora ambiental —sus profesiones reflejan un espíritu curioso e inquieto—; Silvestre Vivanco Rimondino, de cinco; y Vera Azul Vivanco Rimondino, de tres. Todos recorren América del Sur en una boyita del año 74.

La aventura comenzó mucho antes de llegar a Venezuela, en febrero de 2024, cuando Vera tenía solo un año y Silvestre cuatro. En ese momento, iniciaron la planificación del viaje y, principalmente, la restauración de la que sería su casa durante los próximos dos años.

Doce meses después, con todo listo, partieron desde su Córdoba natal, salieron de Argentina por Entre Ríos y cruzaron a Uruguay. Desde allí, llegaron a Brasil y pasaron ocho meses recorriendo el territorio brasileño. Luego, cambiaron de país, cruzando la ruta transamazónica para llegar a Venezuela con el sueño de conocer Salto Ángel, la cascada más alta del mundo. Como en UP, la película de Disney, Matías y Clara soñaban desde niños con esa maravilla natural.

El destino, sin embargo, tenía otros planes. Su sueño quedó postergado por la situación política venezolana, aunque la solidaridad de la gente y los paisajes paradisíacos convirtieron la experiencia en algo inolvidable.

Ingresaron al país en octubre de 2025 por Santa Elena de Uairén, sabiendo que las cosas podían complicarse. “Fue una decisión muy conversada internamente en la familia y también con la familia en el exterior, que sigue nuestros pasos desde Argentina minuto a minuto”, explicó Matías en diálogo con Infobae.

Junto con Clara, tomaron la decisión por varios factores. En primer lugar, su vencimiento de su estadía turística en Brasil, lo que los obligó a cruzar la frontera para continuar hacia Colombia. En segundo lugar, el contacto con otros viajeros argentinos que ya estaban en el país y les compartieron información actualizada sobre la situación. Por último, otro factor clave fue el grupo de WhatsApp llamado ‘Red de Apoyo Viajero Extranjero’, creado por los propios venezolanos como medida autogestiva para brindar contención al turista después de que la situación social se tornara más que tensa.

“La disposición de la gente local brindando apoyo al viajero es increíble. Eso, en parte, te da cierta tranquilidad de saber: ‘Che, tengo donde caerme muerto’”, precisó y agregó: “Todos te dicen: ‘¡Bienvenido a Venezuela!’. Este lugar es increíble. Hemos encontrado apoyo en todos lados, desde problemas mecánicos hasta personas que inmediatamente te ayudan con el auto, te lo remolcan, te llevan al mecánico de confianza”.

Desde el momento en que entraron a Venezuela, el plan era evitar Caracas y sus alrededores. Sin embargo, su sueño de conocer Salto Ángel los llevó a La Guaira, una ciudad a solo treinta kilómetros de la capital, donde está el aeropuerto. El 4 de enero salía su vuelo hacia Salto Ángel. Un día antes, todo cambió.

Las complicaciones comenzaron el 31 de diciembre con un accidente en moto que generó horas de tensión. Afortunadamente, se resolvió gracias al apoyo de la red de viajeros.

Pasaron Año Nuevo en La Guaira y se hospedaron en un hotel la noche anterior a la captura de Maduro. “A la 1:30 o 2:00 de la mañana, ocurrió un bombardeo en el puerto de La Guaira. Vibraron las ventanas del hotel, me desperté y pensé: ‘Ese sonido fue muy raro, fue una bomba’”, relató Matías.

Sobre el clima social previo a la operación, Matías comentó que “nadie se la vio venir”. “Incluso, se hablaba de que si algo ocurría, iba a ser muy dirigida hacia el Gobierno”, sumó.

Al recordar el día de la captura, señaló: “El sábado, desde que abrimos los ojos, fue gestionar la situación sin entrar en pánico. Es difícil de procesar. Ahí fue gestión pura y creo que lo resolvimos muy bien, pero básicamente se trató de intentar entender la situación, no solo con el video que apareció en redes, sino con la información de la calle: cómo reacciona la sociedad, cómo reacciona el poder militar local y qué otra cosa podía esperarse del ejército, más allá de una segunda réplica o algún otro acontecimiento. Era mucha información. Tuvimos que ser cautos y mantener la calma. A nuestros hijos no les contamos nada en esas primeras horas porque no vivieron ninguna situación. Solo les explicamos que los padres estábamos resolviendo algo y pedimos un poco de tiempo, ya que estábamos los dos con los teléfonos. Creo que les pusimos televisión como nunca en su vida: vieron cinco horas seguidas. Recurrimos a esos vínculos y personas que en los últimos tiempos habíamos conocido en Venezuela y que nos brindaron ayuda de todo tipo”, mencionó.

Ese día permanecieron en el hotel, sin salir, ya que se consideraban “presa fácil” en caso de una revuelta social. “Fue un día pandémico, con nadie en la calle salvo quienes salieron corriendo a buscar víveres”, reconstruyó.

“Felizmente, esa noche no pasó nada y el domingo abrí los ojos y ya se respiraba otro aire. Che, no hubo otro bombardeo. A Maduro ya se lo llevaron, ya apareció en fotos, ya lo están entregando a Nueva York y se respiró todo muy distinto”, resaltó. A diferencia del sábado, los trabajadores llegaron a sus puestos con normalidad y decían: “Tenemos que salir, ganarnos el mango de cada día”.

Con un ambiente más tranquilo y la información de otros viajeros, decidieron ir hacia Colonia Tovar y alejarse de Caracas, aunque para eso debieron atravesar toda la ciudad. “Fue mucho estrés, pero con mucho apoyo fuimos para allá, un lugar que nos deja cerca de la frontera con Colombia”, dijo.

Durante el recorrido, la situación en Caracas era completamente normal: controles policiales rutinarios, circulación habitual y la frase constante: “Sigan disfrutando de nuestro país”.

Ahora, lejos de la ciudad, la aventura continúa y la familia de Dejate Llevar disfruta de sus últimos días en Venezuela. Desde Chichiriviche, aprovecharon playas paradisíacas y la amabilidad de la gente.

En estos veinte días, el plan es salir de Venezuela rumbo a Colombia y evaluar si pueden cumplir el sueño de conocer Salto Ángel, que quedó postergado pero no cancelado. Luego, planean llegar hasta Ecuador para regresar por Perú y, dentro de un año aproximadamente, estar en tierra cordobesa, siempre con la misma idea: “Apostar por la vida simple, disfrutar de la crianza de los peques, sabiendo que la vida es una aventura y saliendo de la rutina del trabajo, para aprovechar el tiempo en familia y conocer el mundo”.

Fuente: telam

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