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18/01/2026

Veintidós recetas para un verano donde la cocina es mucho más que cocina

Fuente: telam

Un nuevo libro propone desayunos, entradas y platos principales que reinventan la mesa estival, porque la comida nos habla de quiénes somos y de nuestra época. Se puede leer en cualquier teléfono, tablet o computadora

>La comida nunca fue solo comida. Cada plato dice algo sobre una época, un territorio, una manera de vivir. Lo que se cocina, cómo se cocina y con quién se comparte forma parte de un lenguaje cotidiano que atraviesa generaciones, clases sociales y tradiciones. Comer es también una forma de narrar.

No es casual que Marcel Proust -el autor de En busca del tiempo perdido- haya encontrado en una preparación sencilla —una magdalena mojada en té— la llave para acceder a la memoria. Desde entonces, la relación entre comida, recuerdo y experiencia quedó definitivamente inscripta en la cultura. En el cine, La fiesta de Babette llevó esa intuición al extremo: un banquete como acto de amor, de narración y de transformación colectiva. Cocinar y comer no solo alimentan: evocan, conectan, cuentan.

En el cine, la comida también puede volverse trama. Basta pensar en el gazpacho “recargado” de Mujeres al borde de un ataque de nervios, donde una receta doméstica —aparentemente inofensiva— se transforma en un artefacto narrativo: una sopa fría que condensa deseo, furia, humor y desborde emocional.

La selección combina recetas simples con otras más cuidadas, donde pequeños gestos —la elección de buenos ingredientes, el uso de hierbas frescas, las combinaciones de texturas y sabores— elevan platos cotidianos sin volverlos inaccesibles. Hay desayunos, picadas, entradas y platos principales, todos atravesados por una lógica veraniega: frescura, agilidad y disfrute.

Junto a estas propuestas, el recetario incorpora también platos con carne, abordados desde una lógica estacional: cocciones breves, acompañamientos frescos y combinaciones equilibradas. Preparaciones que dialogan con el calor y el ritmo del verano, pensadas para almuerzos livianos o cenas informales, donde el sabor no depende del exceso sino de la calidad de los ingredientes.

Cada receta está explicada de manera clara y accesible, con tiempos estimados, rinde y sugerencias prácticas, reforzando la idea de una cocina posible, pensada para el uso cotidiano. No se cocina para exhibir, sino para comer bien, compartir y repetir.

La convivencia de registros —lo sofisticado y lo simple, lo vegetal y lo cárnico— no es casual. Refleja una realidad contemporánea: hoy la cocina es un espacio de cruces, donde conviven tradiciones heredadas, influencias globales y decisiones prácticas. Cocinar se vuelve, así, una forma de negociación cultural permanente.

Lejos de la gastronomía entendida como lujo o espectáculo, estas veintidós recetas de verano proponen volver a una idea esencial: cocinar sigue siendo una de las formas más directas de producir cultura todos los días. En la mesa, entre ingredientes de estación y gestos compartidos, se construyen relatos tan significativos como los que circulan en cualquier otro territorio cultural.

El antropólogo Claude Lévi-Strauss escribió que la cocina es un lenguaje. El cine, la literatura y estas recetas de verano parecen confirmarlo todos los días.

Fuente: telam

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