16/01/2026
Congelarse, complacer o huir: los mecanismos ocultos de autodefensa femenina después del abuso sexual
Fuente: telam
Las respuestas no siempre se ajustan a lo esperado, según establece la investigación de la escritora estadounidense Jen Percy con testimonios de mujeres comunes y celebridades como Lady Gaga y Brooke Shields
>La investigación de Jen Percy en su libro Girls Play Dead. Acts of Self-Preservation (Las niñas se hacen las muertas. Actos de autopreservación) explora cómo la respuesta ante la agresión sexual, lejos de corresponder siempre a una lógica de defensa o escape, puede adoptar formas inesperadas cuya comprensión resulta vital para el tratamiento legal y social de estas situaciones. Jen Percy subraya que el estrés crónico asociado al trauma afecta la estructura cerebral, impactando el comportamiento de las víctimas y generando situaciones en las que quienes actuaron en defensa propia acaban condenadas, una consecuencia que profundiza la injusticia para muchas mujeres.
Percy identifica en sus entrevistas un patrón recurrente: frente al peligro, algunas optan por la pasividad, una reacción evolutiva que busca reducir el daño, aunque después resulte difícil de justificar ante el ámbito legal. La autora recopila testimonios en los que, tras haber sido violadas, algunas mujeres cuidaron a su agresor, ofrecieron consuelo o incluso expresaron deseos de repetir el encuentro, lo cual evidencia la compleja relación entre el trauma, los comportamientos y las expectativas sociales.
Al analizar los procesos judiciales, Percy concluye que las exigencias de coherencia y linealidad en el relato muchas veces contradicen la experiencia caótica y “desordenada” del trauma. La autora pone como ejemplo el juicio a Harvey Weinstein, donde la defensa utilizó la continuidad de la relación de las víctimas con el agresor para desacreditar sus testimonios, destacando la declaración de Jessica Mann ante el tribunal: “Muchos no pueden entender por qué esperaba que intentar una conexión humana con el hombre que me agredía sexualmente fuera una forma agotadora de supervivencia”. La expectativa de una reacción “lógica” por parte de la víctima genera un marco en el que cualquier conducta que escape de los estereotipos establecidos puede ser interpretada como inconsistente o sospechosa.La narrativa de Jen Percy se nutre de historias que, ensambladas, conforman una suerte de “lengua franca” del trauma. Su aproximación dista de entregar manifiestos; más bien, ofrece una colección minuciosa de comportamientos, historias de supervivientes de abuso sexual, mujeres encarceladas por matar a sus agresores y personas cuya percepción del afecto y la intimidad se vio distorsionada por el abuso en la niñez.La autora sostiene que la tendencia a socializar a las niñas para ser complacientes y evitar conflictos juega un papel en la incapacidad de reaccionar con violencia o huida ante el acoso o la agresión sexual. Entre las opciones de respuesta al peligro, organizaciones de apoyo a víctimas han añadido al “luchar o huir” otras modalidades como “congelarse”, “desplomarse” o tratar de congraciarse con el agresor. Percy observa: “La autoprotección no siempre se presenta como imaginamos”. Como ejemplifica en su relato sobre un viaje a España, el deseo de no incomodar puede llevar a ceder, confundiendo incluso a la propia víctima respecto a su experiencia.
Fuente: telam
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