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15/01/2026

Entrevista a David y Ariel Cunio, los hermanos argentinos que estuvieron dos años secuestrados en Gaza: “No sabemos si podremos volver a ser como antes”

Fuente: telam

En diálogo con Infobae, contaron el calvario de los 738 días de cautiverio. Los túneles, la tortura psicológica y la desgarradora separación de sus mujeres e hijos. “Falta oxígeno, todavía tenemos marcas que no desaparecen”

>“Corrí a abrazarlo, lo besaba por todas partes, llorando, revisando que estuviera bien, que no le faltara nada del cuerpo”, recordó David Cunio del momento exacto en el que por fin, después de más de dos años, se reencontró con su hermano Ariel. Eran las 4 de la mañana del 14 de octubre pasado, los dos deseaban que el otro estuviera vivo, pero no tenían certezas... Hasta que la puerta de ese hangar monumental en Gaza se abrió y en medio de la oscuridad se vieron. El momento describe a la perfección sus personalidades. David, emocional, gritaba, lo abrazaba y lloraba. Ariel, con un carácter muy distinto, lo primero que hizo fue decirle lo mal que lo veía: “Estaba blanco, delgado, viejo”.

David, de entonces 34 años, fue capturado junto a su esposa Sharon y sus hijas, las gemelas de 3 años Emma y Yuli. Emma, en medio del caos, estuvo secuestrada por separado durante 9 eternos días, sin que sus padres supieran nada de ella. Ariel, de 26, fue secuestrado junto a su novia Arbel. Los hermanos estuvieron secuestrados por separado, sin saber nada uno del otro, ni de sus seres queridos...

Las marcas de la experiencia siguen presentes. “No sé si podremos volver a ser como antes, pero intentamos seguir adelante y pensar en lo que hay ahora”, explicó Ariel. “Lo bueno, si puede llamarse así, es que lo tengo a él y me entiende, porque sabe lo que pasamos”.

-¿Qué recuerdan de ese día?

-Ariel Cunio: Nos levantamos a las 6:29 con alarmas de bombas disparadas por Hamas. Con mi novia Arbel estábamos en la cama, dormíamos en el cuarto seguro. Pensamos que era algo normal y que terminaría en unos minutos. No fue así. Las alarmas continuaron. Después de media hora empezamos a escuchar disparos, cortaron la electricidad. Vi en el grupo del kibutz un mensaje en el teléfono: había doce terroristas adentro. Decía: “Cierren las puertas, apaguen toda la luz, métanse al cuarto seguro y no salgan”. Veinte minutos después, escuché gritos en árabe. Ahí entendí que no era normal. Ya estaban al lado de mi casa, de la casa de mi hermano. Intentamos ser lo más silenciosos posible.

Al salir, vi a dos chicos de 10 años observando todo para aprender cómo hacerlo. Uno ya tenía sangre en las manos, supe que no era la primera vez. Nos sacaron de la casa. No entendía qué pasaba ni cuántos eran. A unos cinco metros, vi la cantidad de terroristas: más de 50 solo a mi alrededor. Caminamos hacia la estación. Vi la casa de mi hermano incendiada; sabía que él estaba ahí con su familia y no sabía si estaban vivos. Mi novia me abrazaba y yo le sujetaba las manos para que no nos separaran. Estaba en shock, sin entender nada, solo observando. Seguimos caminando, vi que habían entrado a muchas casas... Al llegar a la estación, subimos a una moto con una terrorista, Arbel y otros terroristas armados. Nos llevaron a una Gaza.

-Ariel Cunio: Sí.

-David Cunio: A las 6:29, igual que Ariel, entré al cuarto seguro con toda mi familia, incluidas mi cuñada y su hija de seis años. Como dijo Ariel, la alarma no paraba. Te das cuenta de que pasa algo raro porque normalmente, en situaciones de guerra, las alarmas suenan una, dos, tres veces y luego termina. Esta vez continuó sin parar. Empezamos a recibir mensajes, escuchábamos los bombazos afuera, pero eran tiros de armas, no explosiones. Se escuchaban gritos. De repente, entendés que hay terroristas porque todos mandan mensajes: “Están en mi casa”. Mi mamá avisó que estaban en la suya, intentaron abrir la puerta y no pudieron, pero le destruyeron y robaron todo. A mi hermano Eitan le incendiaron la casa; me contó que ni intentaron abrir la puerta, directamente la quemaron.

Nos llevaron a un tractor, donde había más secuestrados del kibutz, mujeres y niñas. Yo estaba solo con Yuli. De repente vi a Sharon, cuando un terroristas la arrastraba por el piso. Grité: “My wife, my wife” (“Mi esposa, mi esposa”) y la trajeron. Se sentó en el tractor y le pregunté por Emma. Se la habían llevado en otro tractor. Al llegar a Gaza, nos cambiaron a un auto. Antes de subir, civiles de Gaza se acercaron para golpearnos, intentaron lincharnos. Hamas no los dejó porque nos querían vivos. Nos llevaron a un hospital, ahí nos interrogaron sobre quiénes éramos. A mí, como único hombre, me hicieron bromas religiosas, intentaron que repitiera frases para convertirme al islam. Estuvimos dos o tres horas en ese cuarto hasta que entendieron que éramos familia y nos trasladaron a una casa con dos terroristas. Ahí estuvimos unos 10 días.

-David Cunio: Después de unos nueve días, de noche, los dos terroristas nos dijeron que debíamos pasar a otro lugar. Nos llevaron al hospital Nasser, donde permanecimos casi 39 días. Cuando llegamos, nos metieron en un cuarto con los dos terroristas de la casa. Durante esos días no parábamos de preguntar por Emma, especialmente Sharon, que no podía seguir sin ella. Yuli también preguntaba por Emma. Un día, mientras estábamos acostados, entraron dos personas, una con cámara. A mi mujer le pusieron un hiyab y a mí una máscara y una gorra. Sharon escuchó a una niña llorando y me dijo que era Emma. Enseguida, un terrorista entró con Emma en brazos. Empezamos a llorar. Emma estaba mal, muy colorada y al principio no nos reconoció porque yo tenía la máscara y Sharon el hiyab. Mi mujer se lo quitó y Emma tampoco la reconoció. Yo me saqué todo y tampoco me reconoció, hasta que Sharon le cantó y, poco a poco, Emma se tranquilizó. Después de cinco minutos, las hermanas ya estaban juntas.

-Ariel Cunio: Tres horas, aproximadamente.

-Ariel Cunio: Sí, al entrar a Gaza nos caímos de la moto. Un grupo de palestinos nos esperaba, intentaron pegarnos, escupirnos, insultarnos. Nos llevaron a un auto y luego a una casa, donde nos interrogaron sobre nuestros datos y nos hicieron cambiar de ropa para parecer árabes. Nos quitaron los anillos. Estuvimos en esa casa media hora y luego fuimos a otra casa bajo tierra, donde permanecimos unas dos horas.Después nos sacaron a otro coche, con gente nueva, y manejaron media hora. Otro coche paró, me sacaron y ahí entendí que Arbel no vendría conmigo porque la escuché gritar detrás de mí. Esa fue la última vez que la vi, hasta que nos reencontramos después de dos años.

- David Cunio: El día 49, uno de los jefes del hospital me avisó que debía hablar con un general que sabía hebreo y que en dos horas volvería con mi familia. Me llamó fuera del cuarto y entendí que no regresaría. Me dijo: “No le digas nada a tu mujer”. Entré y le conté a Sharon lo que pasaba, yo sabía que no iba a volver. Siempre le dije que ellas saldrían y yo me quedaría porque soy hombre, y así fue. Nos dieron tres horas para despedirnos. Fueron las tres horas más difíciles de mi vida. Abrazaba a mis hijas y a mi mujer, les dije que tenía miedo, pensé que me iban a matar. Todo el cuarto quedó en silencio, todos llorando. Después de tres horas, no vinieron a buscarnos. Salí, besé a mi familia y fui a los túneles.

-David Cunio: Son mucho más grandes de lo que imaginan, kilómetros y kilómetros, quizás 100, 200, hasta 1.000 kilómetros. Hay muchas piezas, algunas enormes, con televisores, armas, granadas, explosivos por todos lados. Caminando por ahí ves explosivos en los costados. Nunca imaginé que fuera tan grande. Hay tramos de 1,8 metros de altura, de 1,30y hasta de medio metro, donde hay que gatear. El olor es increíble, falta oxígeno.

-Ariel Cunio: No, estuve en edificios, en una casa de familia, un negocio, un garaje. Cambié de lugar varias veces durante esos dos años. Estuve solo con mis captores y, a veces, con una familia en la casa. Escuchaba a los chicos, a la mujer.

- David Cunio: Yo rezaba todos los días, dos veces al menos. Hablaba con mi familia, con mi mujer, mis hijas. Teníamos un tatuaje igual los cuatro hermanos. Conviví con gente que conocía y otros que no conocía. Me ayudaron mucho. La rutina era muy difícil, al principio nos movían de un lado a otro, sin saber dónde ponernos. Pasamos mucho tiempo sin comer, al punto de no poder levantarnos por el cansancio. Caminamos casi veinte kilómetros en trece horas, desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche, solo habiendo comido medio pan pita y un poco de mermelada. Durante el trayecto había que gatear, subir, bajar, con explosivos alrededor. Cuando finalmente llegamos a un lugar fijo, la rutina era jugar a las cartas, hablar, hacer algo de ejercicio cuando era posible.

-David Cunio: Hubo épocas en las que solo teníamos 250 mililitros al día y media pita. Eso era todo.

-David Cunio: Todavía tengo cicatrices.

-Dos años secuestrados, separados y después de todo ese tiempo se volvieron a ver. ¿Cómo fue ese momento?

- David Cunio: En diciembre de 2023 vi una foto de Ariel secuestrado como yo. No paré de buscarlo, pregunté a todos los que llegaban, hasta que se cansaron de mis preguntas. El último día, cuando me sacaron del túnel, llegamos a un almacén enorme, con autos adentro. Escuché que decían en árabe que iba a llegar un israelí. Pregunté si era Ariel, me decían que no sabían. A las cuatro de la mañana abrieron la puerta y entró alguien con el pelo largo, una colita. “¿David Cunio?” dijeron. Me acerqué, vi que era él y corrí a abrazarlo,lo besaba por todas partes, llorando, revisando que estuviera bien, que no le faltara nada del cuerpo. Lloré mucho, fue increíble verlo.

-¿Qué pensaste?

-David Cunio: En los túneles, de repente te salen cosas en los pies, te rascás todas las noches. Pensé que era alergia, quizá por falta de vitamina D. Hasta ahora tengo secuelas.

-David Cunio: Sí, me pasaba igual.

-Ariel Cunio: Fue idea de él...

-Ya llevan unas semanas libres, en casa con sus familias. ¿Cómo se sigue después de todo lo que vivieron?

David Cunio: Me cuesta, porque tengo dos hijas y a ellas les pega de otra manera. No es fácil, pero estamos trabajando en eso. Hablamos mucho con psicólogos, paso mucho tiempo con mis hijas. De a poco estamos mejorando, fortaleciéndonos. Tenemos una buena familia que nos apoya, hermanos y el uno al otro. Lo bueno, si puede llamarse así, es que lo tengo a él y me entiende, porque sabe lo que pasamos. Es el único al que le puedo decir algo y me dice: “Te entiendo”.

Ariel Cunio: Cuando nos reencontramos en el almacén, empezamos a hablar, a contarnos qué habíamos hecho, y entendimos que hicimos lo mismo: dibujamos, hicimos matemáticas...

David Cunio: Sí, incluso ayer me contó que besaba el tatuaje que tenemos todos los hermanos, y yo también hacía lo mismo.

Quiero agregar algo más. Quiero dar las gracias a todos los soldados, a los civiles que hicieron todo por nosotros en Israel, a los argentinos y a los gobiernos que nos ayudaron, a Milei, en serio, muchas gracias a todos. Si me olvido de alguien, perdón, pero agradezco a todos. Y una cosa más: Ran Gvili tiene que volver a casa lo antes posible. Es el único que queda en Gaza y no hay que parar hasta que vuelva.

Fuente: telam

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