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15/01/2026

La pareja de artistas que perdió cinco casas y cuatro hectáreas de bosque nativo en los incendios de Epuyén: “No nos quedó nada”

Fuente: telam

Rocío y Mariano vivían en una chacra junto a sus dos hijos y otras familias. El avance del fuego los obligó a evacuar y destruyó las viviendas y el lugar donde trabajaban. “Las casas que construimos con nuestras manos quedaron aplastadas por los escombros”, cuentan

>“No vuelvas”.

“Desde mi perspectiva, la parte baja del cerro Pirque había explotado. Era como un hongo gigante que se levantaba en el cielo. El cerro rugía. Un sonido que nunca había escuchado en mi vida”, reconstruye en charla con Infobae.

No pudieron. El fuego arrasó con cuatro hectáreas de bosque nativo y cinco casas: la de ellos, la de la madre de Rocío, las dos de la residencia artística y la de una pareja de amigos con la que gestaban ese proyecto. “La pérdida implica el sustento de tres familias, con dos niños pequeños, y el sueño de todos los que pasaron por Bosque Gracias y empatizaron con eso”, lamentan.

Mariano (42) y Rocío (37) son artistas y padres de dos niños de 8 y 12 años. Llegaron a Epuyén desde la localidad bonaerense de Haedo hace más de una década, buscando otra forma de vivir. Allí encontraron una comunidad creativa activa, atravesada por el cuidado del bosque y un entorno que les permitió transformar su profesión. “Nos conectó con la posibilidad de pasar de ser artistas analógicos y digitales a encontrar nuevas maneras de vincular arte, naturaleza y tecnología”, explican.

De esa búsqueda nació Todo eso ardió en cuestión de horas.

El fuego comenzó del otro lado de la montaña, en Puerto Patriada. Aunque al principio parecía lejano, igual los tenía en alerta. “Esta es nuestra manera de vivir en el verano. Se vive mucha con angustia. Muchas personas aprendieron a combatir incendios y salen corriendo a salvarle la casa a un vecino porque ya perdieron la suya. Todos tenemos un kit con motobombas, mangueras y mangas”, dicen.

Nadie dio abasto: ni las brigadas autoconvocadas, ni los bomberos voluntarios. Los aviones hidrantes, en nuestra zona, casi no se vieron. Por momentos dio la sensación de que se priorizaron otros lugares, mientras acá había unas cuarenta casas. El abandono se notó desde el primer día, pero al quinto —cuando el fuego llegó a nuestra casa— ya era alevoso”.

Días antes de evacuar, Rocío y Mariano pusieron a salvo a quienes estaban de visita en la residencia y llevaron a sus dos hijos a la casa de una familia amiga para que los cuidara. Ellos se quedaron un poco más, junto a sus socios, Nico y Maru, tratando de combatir el fuego. “Cuando vimos que el fuego podía llegar, cargamos lo más importante en el auto”, cuenta Mariano. “Imaginate: tres familias y seis animales. Movimos lo que pudimos”, agrega Rocío.

No se trataba solo de dinero o documentos. “En una situación así tenés que pensar qué es lo mínimo para seguir en pie: abrigo, frazadas, esas cosas que también sostienen la cabeza. Para los chicos eran los peluches. Teníamos cajas y cajas y decíamos: ‘¿Cómo metemos todo esto en un auto con todo lo demás?’”, recuerda Mariano. También las herramientas: “Si el fuego alcanza tu casa, sabés que después tenés que empezar de nuevo”.

La asistencia estatal, dice, llegó tarde y no alcanzó. “Después de casi seis meses les dieron una ayuda que no cubría la construcción de una casa. Te alcanza para las chapas, pero alguien las tiene que clavar. Y además hay que limpiar el terreno, sacar árboles quemados, escombros. Para las infancias es durísimo”. Mariano completa: “Si te pasa como a nosotros, tenés muy pocos meses. En marzo empiezan las lluvias y después el invierno. Muchas familias pasaron el invierno en carpas, en su propio terreno quemado”.

—¿Cómo fue volver?

Mariano: Fue muy shockeante. La frustración es enorme. Uno se pregunta qué están haciendo quienes dirigen. ¿Para qué están si no es para pensar en el fuego? Si el primer día no aparecieron, el tercero tampoco, y llegan cuando ya se quemaron treinta o cuarenta casas. ¿Para qué están? Además, nosotros teníamos un bosque centenario, árboles de 400 años, bosque nativo. Es muy raro encontrar algo así al lado de la Ruta 40, en una zona tan transitada.

Rocío: Fuimos el martes a mostrarles cómo había quedado todo y la sensibilidad de los dos fue desgarradora. Al más chico tuvimos que llevarlo en brazos, por miedo a que se lastimara con un clavo o con ceniza que todavía estaba caliente. Y para poder abrazarlo. Cuando vio la costa del río dijo: ‘Esta era mi playita’. En un momento pasó un martín pescador, un ave que para nosotros es majestuosa, y fue como una revelación: ‘Está el Martín, no se quemó’. Desde entonces, cada cosa que descubrimos que sobrevivió tiene un valor que trasciende todo, porque la vimos crecer, la vimos vivir, la vimos prenderse fuego y la vamos a ver renacer.

Rocío: Sí, hay que agradecer a todas las personas que están ayudándonos, que están pensando en qué podemos necesitar. Todos los que día a día me dicen: “Ro, ¿necesitás zapatos?”; “Te llevo un sanguchito?”; “¿Necesitan ayuda con los chicos?”; “Vamos con un equipo para cortar los árboles que están peligrosos”. Hay zonas donde no nos podemos ni acercar.

—¿Dónde están viviendo ahora?

*Para más información sobre el proyecto de Rocío y Mariano

Fuente: telam

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