13/01/2026
Las olas gigantes que azotaron a la Costa Atlántica en su historia: tres episodios, un mismo patrón y un desenlace distinto
Fuente: telam
A diferencia de los meteotsunamis ocurridos en los veranos de 1954 y 2022, donde solo hubo que lamentar destrozos y heridos sin gravedad, lo de ayer se convirtió en una tragedia
>A diferencia de dos antecedentes similares en Mar del Plata, el evento se produjo en plena tarde, con temperaturas elevadas y miles de turistas dentro y fuera del mar, buscando alivio ante el calor. Esa combinación —una playa colmada y una ola inesperada de hasta cinco metros— transformó en tragedia lo que en otros momentos había sido apenas un susto o un recuerdo extraño en los archivos de la ciudad.
Sin bien las olas gigantes que azotaron al balneario de Puntas Mogotes, el 8 de diciembre de 2022, solo provocaron destrozos porque irrumpieron en la playa durante la madrugada; lo ocurrido el 21 de enero de 1954 fue mucho más traumático porque tuvo lugar durante el día, cuando el mar estaba colmado de turistas por el calor, y dejó como saldo 100 heridos.“No se veía venir. El mar estaba calmo y de repente se retiró y volvió como una pared negra”, contó uno de los rescatistas. En Santa Clara del Mar, donde el impacto fue mayor, el agua avanzó decenas de metros sobre la arena y sorprendió a turistas que caminaban o descansaban cerca de la orilla.
Aunque el caso conmocionó por su desenlace fatal, la comparación entre los tres episodios permite entender tanto la rareza del fenómeno como los factores que convierten a una anomalía natural en una catástrofe.“En los archivos del ’54, aparece como el ‘tsunami de Mar del Plata’. El agua entrando en la playa, la gente arrastrada, el caos. Pero con el tiempo eso quedó como algo medio mitológico”, admitió Reynoso.
El 8 de diciembre de 2022, durante la madrugada del inicio del último fin de semana largo del año, Mar del Plata fue escenario de un meteotsunami que invadió balnearios en la zona sur, especialmente en Punta Mogotes. Eran las 2:27 cuando tres olas consecutivas avanzaron sobre la playa, arrasando con mesas, sillas, lonas y tachos de basura. Las cámaras de seguridad de algunos paradores registraron cómo el mar se tragaba el mobiliario y lo devolvía convertido en escombros flotantes.
Meteorólogos del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) concluyeron que se trató de un meteotsunami, un evento inofensivo en términos humanos pero impactante desde lo visual y lo material. El agua avanzó sobre sectores secos de la playa, dañó estructuras livianas y generó temor, pero no provocó evacuaciones masivas ni emergencias sanitarias.
El 21 de enero de 1954, a las once de la mañana, Mar del Plata vivía un día típico de verano: calor moderado, sol y playas colmadas. La ciudad atravesaba un proceso de transformación profunda, con el auge del turismo masivo y la llegada de miles de familias trabajadoras a los balnearios del centro, como Punta Iglesia y Playa Popular.
El caos se apoderó del lugar: gritos, personas buscando a sus hijos, turistas golpeados por restos de madera y metal, once casos de principio de asfixia por inmersión y más de cien heridos leves. Sin embargo, no hubo muertos.
El evento fue clasificado como de baja intensidad en la escala internacional de tsunamis, pero suficiente para causar pánico y dejar una huella imborrable en la memoria colectiva de la ciudad.
Los tres casos comparten un rasgo central: su carácter imprevisible. Ni en 1954, ni en 2022, ni en 2026 hubo alertas previas claras que permitieran anticipar el avance repentino del mar.
El episodio del 12 de enero reúne, en cambio, los peores elementos de ambos antecedentes: ocurrió de día, en plena temporada alta, con temperaturas elevadas y miles de personas buscando refrescarse en el mar. A eso se sumó una ola más alta, estimada por testigos en hasta cinco metros, y una fuerte correntada que arrastró a bañistas hacia zonas rocosas.
Las autoridades provinciales reconocieron que se trata de eventos extremadamente raros y difíciles de predecir. “No tiene causas confirmadas por la ciencia y tampoco se sabe si puede volver a ocurrir”, señaló el titular de Defensa Civil bonaerense. Especialistas como el ingeniero Fernando Oreiro coincidieron en que todo indica que se trató de un meteotsunami, aunque aún se analizan datos atmosféricos y oceánicos para confirmarlo.
Como en 1954 y en 2022, el mar volvió a demostrar que incluso en las costas más familiares y tranquilas puede esconder una fuerza impredecible. La diferencia, esta vez, es que dejó una vida en el camino y una herida abierta en el corazón del verano argentino.
Fuente: telam
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