12/01/2026
Padre Pedro Opeka: “La fe está arraigada en el corazón del pueblo argentino porque es la fe la que hizo este país”
Fuente: telam
Este sacerdote, célebre en el mundo por su obra en Madagascar, asegura que la pasión y el cariño que vio entre la gente durante su visita a la Argentina no la vio nunca en ningún otro de los 40, 50 países que ha visitado. A sus compatriotas los alienta a seguir luchando contra la corrupción, la extrema pobreza y las adicciones
>Lo enganchamos justito antes de que retornara a su segunda patria: Madagascar, país insular situado frente al continente africano. Futbolero de alma, su lenguaje cambia paradigmas y categorías: propone humanidad donde otros ven oportunidades de ganar más dinero y votos; más fraternidad donde anida el egoísmo. Akamasoa —“los buenos amigos”, en malgache— es su obra: el basural que transformó en una ciudad para los más pobres, de únicas bellezas naturales flotando en el océano Índico ostentando las más crueles desigualdades sociales. El sacerdote argentino Pedro Opeka (77) es eso y mucho más. Conversamos con él para Infobae intentando revivir para los lectores su paso tan intenso por su Argentina querida.
—Me han invitado a muchas parroquias y colegios donde me han recibido de una forma que yo no imaginaba. en el colegio Emaús, en El Palomar, los chicos tenían una alegría que me hizo preguntarme qué les hice yo para que me reciban así, hasta los chiquitos de jardín de infantes, también estuvo el intendente que me hizo ciudadano de honor de la municipalidad de Morón. También en el Colegio María Reina en Lanús, 1800 alumnos, una alegría, los chicos venían, me abrazaban… En las parroquias… en la Medalla Milagrosa en capital estaba llena la iglesia, es increíble el amor a la Virgen que hay allí. Vi al pueblo de Dios de pie, que manifiesta esa unidad, esa fe, esa esperanza, ese amor… ¡me dan una fuerza! Después Flores, la basílica San José de Flores, una multitud de gente allí, éramos tantos al salir que tuve miedo de que alguien se cayera… Qué pasión, qué cariño que hay en el pueblo argentino y eso es algo tan particular que se ve solo en Argentina. Yo he visitado 40, 50 países y nunca he visto una euforia, una alegría, una expresividad externa como la de aquí. Eso significa que somos gente que respetamos al otro…
Busca las palabras mirando hacia arriba el padre Pedro, se le escapan de la memoria algunas de nuestro castellano ya que van más de 50 años que cotidianamente habla malgache en su patria adoptiva –Madagascar– donde lleva adelante su obra Akamasoa: “... aquí me dieron aliento, dijeron ‘padre, gracias por su obra’. Yo soy un servidor, solamente un servidor. A mí me pueden alabar como quieran, horas y horas, que todo entra por esta oreja y sale antes de un segundo por la otra. Yo sigo a un hombre que me impactó, me convenció y me inspiró desde mi adolescencia y que quise imitar: Jesús. Y es así hasta hoy en día”. El padre Opeka, que pertenece a la orden vicentina como el cardenal primado de Argentina, Vicente Bokalic Iglic, vino a su país a celebrar sus 50 años de sacerdocio: “Fui ordenado en la Basílica de Luján, el propio arzobispo de Mercedes-Luján vino a ofrecerme presidir la eucaristía –se refiere a monseñor Jorge Eduardo Scheinig– y en la misa me dio una bendición muy, muy fuerte. Cuando estuve en Lanús también había 4 o 5 obispos, monseñor Margni, el emérito Frassia, Bokalic y también uno que vino de Eslovenia”.“En Argentina viví un mes y medio de fiesta en fiesta pero de fiesta espiritual, de fraternidad, de esperanza, de fe. Había mucha fe y cuando salía a la calle cuánta gente me pedía bendiciones y más bendiciones, eso quiere decir que la fe está arraigada en el corazón del pueblo argentino”, detallaba el padre Opeka con genuino entusiasmo, “y ojalá que nunca lo olvidemos porque es la fe que hizo a la Argentina, la fe en Jesús que hizo a América Latina, con altos y bajos porque no hay nadie perfecto en la Tierra. Y también hay mucha esperanza porque hay muchos jóvenes y gente adulta comprometida en la iglesia”.
Este sacerdote que mira a su Argentina con ojos embebidos del asombro ante el amor que ve en el pueblo, rescata que la fe cristiana nos hizo más justos y más hermanos lo que nos lleva indefectiblemente a buscar más y más la justicia del Evangelio: “Muchos aquí juran sobre los Evangelios y eso es decirle a Dios ‘aquí estoy para servir a mi pueblo’. Y un juramento así no se puede olvidar”. Coloca a la fe casi como un reaseguro contra los vacíos existenciales, el materialismo y el individualismo.—Padre, cuando vino al país en 2018 me dijo una frase insignia: “Los curas villeros son la honra de la Iglesia argentina”. Visitó al padre Pepe Di Paola en Santiago Del Estero. Imagino que se cerró en su corazón un círculo intuido. ¿Cómo vivió esa visita y qué se lleva de Santiago?
“También estuve en La Matanza, en el Gran Buenos Aires, donde está el padre Tano Angelotti y nos encontramos con el obispo de San Justo, Eduardo García, y allí, donde también hay Hogar de Cristo, hicimos una misa con 200 muchachos. ¡Qué fuerza cuando respondían en la misa, cuando cantaban! Parecía que estábamos en una cancha de fútbol”, recordó el padre Opeka de su andar por las villas argentinas. “El obispo me dejó presidir la misa, les hablé como a mis hermanos de Madagascar, a los que estaban perdidos en un basurero, para despertarles, les dije ‘ustedes están haciendo historia en la Argentina, para América latina y, quizás, para el mundo. No retrocedan en su lucha para salir de estas adicciones’. Y ellos aplaudían y gritaban. Muchas gracias a todos los sacerdotes que trabajan en estos Hogares de Cristo que son más de 300. Eso es una honra, los padres que trabajan en las villas y los que trabajan con jóvenes que quieren cambiar y que no es fácil, los que conocí y los que no conocí, son una honra para la Iglesia. Me han dado mucha fuerza también a mí. Rezaré por ellos allá en Madagascar”, y se emocionó, sus ojos celestes de pronto se inundaron de lágrimas.
Visitó el penal de San Martín, se encontró con tantos jóvenes privados de libertad, conoció la obra de “Los Espartanos”, una propuesta deportiva surgida de la inspiración de Eduardo “Coco” Oderigo que pone al rugby en el centro como forma de salir de los infiernos existenciales que llevan a la delincuencia y a la cárcel. “Estoy seguro de que esos muchachos cuando salgan, gracias a los espartanos y al hermano Coco, van a ser otras personas”, apreció el padre Opeka. Hicieron lo propio los obispos argentinos que lo recibieron durante su segunda asamblea plenaria de noviembre de 2025 en la localidad bonaerense de Pilar en el predio “El Cenáculo - La Montonera”. Compartió con ellos un almuerzo y dio testimonio de lo que hace en Madagascar por pedido de los cardenales Bokalic y Ángel Rossi. “Los obispos escucharon realmente con mucha atención y después se vinieron como 50 a abrazarme”, describió sonriente. “Me decían ‘seguí con esta obra’ y hasta me hicieron una torta por mis 50 años de sacerdocio”. Durante la entrevista que concedió a Infobae, lo que resaltó una y otra vez el padre Opeka fue el fervor y la alegría de la gente, esa relación extraordinaria: “Al terminar las misas sabía que venían las bendiciones, los abrazos… para este pueblo yo no estoy apurado”, graficó. “No hay cansancio porque todo eso lo eleva a uno, me levantaron a mí también la fe, el amor, la esperanza”.
—¿Cómo va su obra en Madagascar?—La obra sigue: cada vez más gente y cada vez más jóvenes. La pobreza aumenta desgraciadamente. El 10 de octubre partí de Madagascar hacia Argentina y el 11 de octubre hubo un golpe de Estado. Es un coronel, un militar, que tomó el poder con algunos civiles. Cuando vuelva me voy a encontrar con otra situación. Hay que rezar para que estos nuevos gobernantes puedan responder porque esas manifestaciones que terminaron con el derrocamiento del presidente que fue elegido (Andry Rajoelina) fueron por falta de agua, electricidad –cortes permanentes–, y corrupción. La gente aceptó eso. Quizás el presidente que llegó es mejor que el que se fue. Yo siempre corto caminos: ¿por qué hacer un camino largo si se puede ir más rápido por el centro? Por eso la gente me siguió. Lo dije ya muchas veces, que mi oficina es la calle. Si alguien me para por la calle y me cuenta un problema no le digo que venga pasado mañana a verme… es ahora, pido ayuda a mi equipo y les digo “ocupate ya de esto”. Esa es la manera de actuar con los más pobres, acercando la justicia, esta es la base de toda convivencia humana. No hay paz sin justicia. No hay paz cuando no se reparten equitativamente las riquezas de un país.
“Fue un encuentro hermoso, muy muy emotivo, mucha emoción. Me recibieron los niños allí que no me conocían, los padres, Gastón Vigo —cabeza de Akamasoa Argentina, ubicada en Lima, partido de Zárate en la provincia de Buenos aires—, Candelaria, todas las chicas que colaboran. Vino mucha gente: los que ya reciben ayuda y tantos que ayudan. Celebramos la misa, vinieron 4 sacerdotes, también el padre Matías que ayuda espiritualmente a Gastón, porque este trabajo tiene que hacerse —y no olvidemos— con cuerpo y espíritu. El hombre está hecho de las dos cosas. Si ustedes se tratan solamente el cuerpo y abandonan el espíritu, aparece un vacío”, contó el padre Pedro muy entusiasmado.
Y completó esa parte de su periplo: “Hace unos días fui a visitar el Sindicato de Seguros, estuve con Jorge Sola, ¡muy bien todo! Cuando entré vi un rosario que le dio el Papa Francisco y lo puso ahí para que lo vean todos. Esto es fe. En los sindicatos tienen que defender la justicia de los obreros que es algo muy importante, y espero que ellos también sean honestos en esa lucha. Hay mucha fraternidad y gente nueva que comienza a acercarse que trae un espíritu nuevo, una fuerza nueva, más cercana al pueblo y más creíble. Hacer justicia no solamente es un tema del gobierno, de la Iglesia, los sindicatos, las asociaciones humanitarias: es de todos y juntos. Nadie tiene el monopolio de la caridad. Todos necesitamos de las fuerzas de los demás”.—Desgraciadamente, hemos perdido el sentido de la fraternidad y del compartir. Toda la riqueza que hemos creado en estos últimos 50 años no se ha repartido justamente. Son muy pocos los que gozan de estos privilegios y descubrimientos. Hemos dejado de lado a una multitud de pobres. En el mundo hay 800 millones de personas que sufren hambre y más de mil millones que padecen malnutrición. ¿Cómo puede ser que existiendo tanta maquinaria y producción lo guardemos para venderlo más caro y ganar más dinero? No se puede buscar ganancias ni con los alimentos ni con los remedios. Sí ganar lo necesario para seguir trabajando. Nos equivocamos de camino. El Papa Francisco con su exhortación Laudato si’ hizo un manual que hay que leer en todas las escuelas religiosas y no religiosas. Estamos viviendo en el mismo planeta Tierra, en nuestra casa común y la estamos destrozando. Estamos llenando de plástico los océanos. Quemamos los bosques para ganar más y más. Nos faltan líderes políticos visionarios. No hay alguien de algún país rico fuerte como Estados Unidos, Rusia, China, India que pueda ejercer un liderazgo humanitario. Que diga: “Aquí estamos para que todos los ciudadanos de nuestro planeta tengan las necesidades básicas aseguradas”. En cambio, buscan votos y más votos, y buscan ser el país más potente. Hay mucha rivalidad y exceso de competencia. Casi que se convierten en enfermedades. ¿Por qué no ser más bondadosos y justos? Para eso hay que cambiar el sistema y la mentalidad de la gente. El hombre tiene que estar en el centro de la economía. En Akamasoa nadie se queda sin comer, sin vivienda digna y sin atención médica y lo que siempre pedimos a nuestra gente es disciplina, trabajo y educación. Y después de eso, la fe. Los domingos tenemos más de 10000 personas en la misa.
—¿Quiere dejar un mensaje para los argentinos?A su vuelta a Madagascar, a mediados de diciembre, el padre Pedro no la tuvo fácil. Un grupo de militares —apoyado por jóvenes que ya venían protestando desde hacía meses— ha tomado el gobierno a través de un golpe de Estado. Y entre medio, su voz unida a su férrea voluntad de seguir adelante por la paz, el orden, la justicia, el trabajo, la disciplina, el Evangelio vivo para todos, todos, todos: el padre Pedro Opeka y su obra Akamasoa.
Algunos textuales del padre Opeka
Fuente: telam
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