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31/08/2025

Doce años separado de su hijo por una falsa denuncia: “Quiero explicarle que no lo abandoné”

Fuente: telam

La madre del menor denunció primero a la abuela, por abuso; luego al padre, fabulando un secuestro. La Justicia Penal confirmó la inexistencia de ambos hechos y los absolvió, pero el fuero de Familia apañó con su inacción el falso testimonio de la progenitora y “condenó” a un inocente quitándole al niño

>Además de kafkiano, el caso Foster-Abduch es emblemático de una práctica que está arraigada en muchos juzgados de familia: la justicia penal absuelve pero el fuero civil se muestra incapaz de reparar el daño y recomponer los vínculos rotos por separaciones -generadas por sus propias medidas cautelares y prohibiciones de acercamiento- que se prolongan en el tiempo.

Esta segunda denuncia -evidentemente fabulada- también se cayó. El sobreseimiento no fue por falta de pruebas sino porque se demostró que “no existieron los hechos”. La prueba la aportó principalmente el mismo menor: “Papá no me hizo nada”, “la abuela no me hizo nada”, “quiero ver a papá”, “le digo pero mamá no entiende”, etcétera.

Se suceden años de sabotaje por parte de la madre de todos los intentos de un abordaje terapéutico que deconstruya el relato implantado en el niño, pese a la recomendación en ese sentido, entre otros, del Ministerio Público Tutelar.

Es un documento para la historia nacional de la infamia. Luego de nuevas entrevistas con el niño y sus padres, los peritos del CIF -Claudia Faganel, psicóloga, Esteban Martin, trabajador social, y Muriel Naymark, médica psiquiatra- evalúan el caso como si éste hubiera empezado el día que les llegó a ellos.

¡Entrevistan a una familia sin conocer el expediente! O, peor, conociéndolo y haciendo caso omiso de todo lo realizado por la justicia. Basan sus conclusiones en la versión de la madre (falsa denunciante reincidente). Dan por sentado que los abusos ocurrieron. “Atento al principio de no revictimización…”, dicen, pero para hablar de revictimización tiene que haber una víctima.

Para muestra, este párrafo: “Las manifestaciones verbales y comportamiento de la Sra. C. son compatibles con el perfil de una madre protectora (sic) ante el develamiento de lo que consideró una sospecha de exposición de su hijo a situaciones de desprotección infantil, y en particular ante la sospecha de abuso sexual intrafamiliar por parte de su expareja, y fundada en indicadores específicos como relatos e indicadores comportamentales y físicos presentados por el niño a la edad de 4 años. La Sra. C. ha abordado la sospecha desde una posición de resguardo para su hijo y ha seguido los pasos que los profesionales e instituciones intervinientes le han indicado.” Una madre ejemplar.

Llamativo el nivel de desconocimiento del caso que están evaluando. Los relatos e indicadores comportamentales del niño a los 4 años desmintieron todo lo que la madre protectora fabula hasta hoy.

Ninguna de las infamias, mentiras y calumnias reiteradas en el informe, y tomadas como ciertas por Faganel, Martín y Naymark, son rebatidas por esta representante del fuero que debe proteger a las familias y especialmente a los menores.

Infobae dialogó con Juan Foster y con su madre, Rosario Abduch, abuela de J.G. Este es su testimonio.

— Ustedes son papá y abuela de un chico que está por cumplir dieciséis, y al que no ven desde hace doce años por una falsa denuncia. Hay un sobreseimiento, e incluso un pedido del fiscal de investigar a la madre por falso testimonio. ¿Cómo es posible que hasta hoy no se haya hecho justicia?

— La madre sí lo manipuló para que te acusara.

— Es decir que ella hizo una primera falsa denuncia, hubo un sobreseimiento, y lo volvió a hacer. ¿Cómo un juez puede tomar esto en serio?

JF — De todas formas, me parece correcto que se hagan todas las pericias necesarias para que haya un resultado contundente. Para eso hay estudios psicológicos y psiquiátricos, para eso está la cámara Gesell, lo que volvió a atravesar mi hijo en esta segunda causa. Y volvió a contradecir el discurso de la madre. “Yo lo quiero ver a mi papá, la quiero ver a mi abuela, no me hicieron nada. Mi mamá dice que me cuidaban mal”. Entonces empezaron a boicotear, a no llevar a mi hijo a las pericias oficiales. Presentando después pericias hechas sin el control de las partes por una institución deplorable, Salud Activa, que se ha hecho público cómo trabaja [N de la R: — “Los hechos no existieron”, dice textualmente el fallo.

Rosario Abduch — Las ganó él.

RA — Superafectivo y continuo. Él venía a casa, se quedaba a dormir, lo pasábamos rebién. Cuando yo le decía: “Nos tenemos que ir, te llevo”. “No, me quedo un poquito más, ¿me puedo quedar un día más?” Esto está plasmado en un montón de fotos, que es lo único que tenemos de él. Se ve la alegría, los momentos compartidos, lo que para nosotros era eterno. Mi miedo es que con tantos años que pasaron, a él se lo hayan logrado borrar. A nosotros nos traspasaron el alma, nos arrastraron por el barro, nos prometió la justicia un montón de cosas que no cumplió. El doctor Atilio Álvarez, dándome la mano en su estudio, me dijo: “Señora, yo acá no recibo abusadores, yo sé cómo son ustedes. Usted tráigame el sobreseimiento en firme y yo le devuelvo al nene”.

— Cuando llevaron el sobreseimiento definitivo, ¿qué pasó?

JF — Sí, el del doctor Hugo Rosarios [N. de la R: Centro de Salud Mental Nº 1 “Dr Hugo Rosarios”]. La justicia se terceriza. O sea, la justicia civil te manda la restricción, desaparece toda la parte denunciada, y ese vacío lo llena exclusivamente la parte. El daño empieza en cómo le explican esa ausencia. La justicia se mantiene de brazos cruzados. Cuando llevás el sobreseimiento, tercerizan la revinculación.

JF — Para explicarle que no lo abandoné.

JF — No se hizo nada. Y cuando, con dos sobreseimientos, somos inocentes, la justicia terceriza en un centro equis de salud mental la posibilidad de revincular, ahí es cuando la otra parte recrudece la mala propaganda. “Son todos malos, hay que tener cuidado, guarda…” Y entonces, por primera vez, en el 2017, habiendo empezado esto en 2013, mi hijo dice: “No”.

JF — “No quiero, prefiero que no...” Sin poder dar un argumento, un porqué. A un psicólogo le llega un menor con tres, cuatro años de estrés judicial, que se sienta en su consultorio y dice: “Yo prefiero no revincularme con mi parte paterna”. No se ponen a trabajar en averiguar de dónde viene ese rechazo. Yo les presentaba opciones: traigamos sus juguetes, que vuelva al espacio que fue su hogar hasta los cuatro años, para ver que todo ese mundo era real. Infinidad de opciones. No toman nada. A lo sumo, alguna foto. Y mi hijo con un compromiso con la parte materna difícil de romper, porque, “si contradigo (a mi madre), ¿qué me queda?”

JF — Es lo que vimos en el 2017, por primera vez. Y hasta el día de hoy no pudimos sanar esa herida. Fuimos pasando por distintos centros de revinculación, y siempre era la misma dinámica, un niño cada vez más estresado, luego un preadolescente, repitiendo la misma postura. Tal vez estamos acá más que nada para decirle que no lo abandonamos. Me preocupa mucho porque la identidad de él está siendo construida desde una mentira.

— Desde la idea de que fue abusado y abandonado.

— Cuando se cerró la causa penal, el fiscal pidió investigar a la madre por falso testimonio. Y el juez lo desestimó diciendo que les correspondía a ustedes demandar. ¿Por qué no lo hicieron en ese momento?

— Por un lado, estaban avalando una injusticia en contra de ustedes, por el otro, les decían: “Si protestan va a ser peor”. Una extorsión de la que la otra parte se sirve para hacer más daño aun.

JF — Es su derecho.

— El interés superior del niño no consiste en hacer lo que el chico dice. A cierta edad confunden realidad con imaginación, aceptan el relato de los adultos.

— Cuando decía “sí, quiero ver a mi padre” no era palabra santa.

— Es increíble que la justicia acepte el falso testimonio de la madre, y reiterado. Hubo una última evaluación, la del CIF, el año pasado. ¿Cuál fue el resultado?

— Sí, lo que no se entiende es el rol del juzgado de familia, que sabe que eso es falso. Tampoco hay que ser demasiado experto para ver la fabulación.

RA — Es increíble la impunidad.

RA — Dicen “no están dadas las condiciones”, que la misma justicia no se ocupó de generar. O sea, ellos debían mantener en mi nieto el discurso con el que él ganó el juicio penal. “Mi papá no me hizo nada, mi abuela no me hizo nada, venían al jardín y ahora no vienen más”.

RA — “Lo digo y mi mamá no entiende”. Lo que más me duele es haber creído que la justicia iba a cuidar a este nene. No tenía más que mantenerle vivo el discurso de la realidad con la que él contaba. Pero permitieron que todo esto se difuminara en su cabecita, que se instalara una idea nueva. Le quitaron su identidad, su familia paterna, los momentos que vivía con nosotros.

JF — Él tenía un conflicto de lealtades: para sobrevivir a esto necesitaba optar por un lado y ese era el lado con el que convivía, que supuestamente le decía la verdad. La justicia permitió que durante estos doce años se le instalara una mentira tan dolorosa. Y hoy la misma justicia dice: “El nene dice que no los quiere ver”.

RA — Es un crimen.

— A fines del año pasado la justicia dice “acá no se puede hacer nada”, el nene no quiere, y la jueza, chau, listo. ¿Qué se podría hacer?

— ¿Qué terapia tiene tu hijo en este momento?

RA — O sea, el Ministerio Público Tutelar recomienda que el nene tenga una terapia donde pueda deshacer esa mentira en la que cree y reconstruir su verdad.

— ¿Del supuesto abuso o de maltrato?

— O sea, su negativa es síntoma del trauma: “De esto no quiero hablar”.

— Lo tremendo es que se acepte una denuncia así como así. La primera ya era absurda. Pero la segunda lo supera todo.

RA — La segunda vez, nos denuncia a los tres, incluyendo a mi marido, pero como a mí no puede denunciarme por lo mismo, me acusa de violencia hacia el nene, que lo empujé por la escalera, que lo quise ahogar en la pileta...

RA — Voy todos los 23 de septiembre, en su cumpleaños. Llevo regalos, fotos y cartas. Siempre la respuesta de él es: no quiero verla, no quiero esos regalos. Más allá de lo cruel y doloroso que es para nosotros, es tremendo para él. Porque ¿qué pasaría en su casa con todo un entorno que apoya la denuncia de su madre?

JF — No se la juegan. Atilio Álvarez es el defensor de sí mismo. Nunca actuó más allá de lo justo y lo necesario para no tener quilombo, lo que menos quiere es un grupo de mujeres que le hagan un escrache. Entonces, para no quedar expuesto él, siempre dos o tres filas atrás. Esto que pasa en la justicia es grave, porque la familia y los vínculos son el pilar de una cultura y de una sociedad. Si las instituciones destinadas al cuidado de lo vincular están fallando, tenemos un grave problema.

JF — Teníamos planes con nuestra abogada que hasta el momento se están dilatando. Pensar caminos alternativos, porque ya no puedo seguir invirtiendo y creyendo en la justicia, pero no tenemos muy en claro... Sí teníamos en claro venir acá y poder decir “estamos acá y seguimos buscándote, jamás te abandonamos y estamos disponibles para conversar”.

— Es la alternativa que queda… Que algún día, cuando se emancipe de la madre...

JF — No es una opción.

JF — Colgás los guantes a la noche y a la mañana te los volvés a poner. Porque el amor es más fuerte, no te deja abandonar. Nosotros a los tres años ya estábamos sobreseídos. No tenemos ninguna causa. ¿Qué hacemos acá, doce años después, si no es por la verdad? Y porque esta verdad le tiene que llegar a mi hijo para que pueda crecer sanamente, con su identidad verdadera.

JF — Los vínculos que se van desarmando por la desidia de quienes deberían estar haciendo algo lastiman las vidas muy cruelmente. Y no es que me tocó el juzgado que falla. No vas a encontrar a nadie que esté conforme con cómo están funcionando las instituciones destinadas a cuidar la familia, el pilar de la sociedad, de lo vincular. El juzgado de Familia se está transformando en un coliseo donde se enfrenta a las familias, y el que llega primero, el que denuncia primero, viene con ventaja.

JF — Nosotros nos organizamos frente a esta locura, RA — No es cuestión de darle prioridad a la perspectiva de género, acá tenemos que ver la perspectiva de infancia. Lo que importa son los chicos y nuestra sociedad, y la justicia no lo tiene en cuenta.

Fuente: telam

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