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30/08/2025

“Ahora tengo el pelo largo, por los hombros”: adelanto de “Los nuevos”, la nueva novela de Pedro Mairal

Fuente: telam

El autor de “La uruguaya” y “Una noche con Sabrina Love” cuenta una historia “coming of age”, con el paso de tres amigos de la adolescencia a la adultez

>El escritor argentino Pedro Mairal presenta una nueva novela que explora el paso de la adolescencia a la adultez en Buenos Aires. Desde los puntos de vista de tres jóvenes, la obra se adentra en los vínculos, las pérdidas y las transformaciones que atraviesan quienes empiezan a construir su identidad en una ciudad atravesada por contrastes.

Con el trasfondo de los lazos de amistad y el impacto de las ausencias, Pedro Mairal vuelve a la novela tras el éxito de La uruguaya. Su abordaje de temas universales como la identidad y el deseo propone un retrato contemporáneo sobre una generación que, ante la incertidumbre, sostiene sus vínculos como única certeza.

A continuación, un fragmento de Los nuevos:

Ese podría ser un comienzo para el cuaderno. Aunque tal vez convendría empezar con el viaje del último verano, justo en el momento en que la brigada antinarcóticos de la provincia estaba apostada en la ruta 3, a mitad del campo. Con perro antidrogas y todo, frenaban autos y ómnibus al azar, según intuición o experiencia policial. Ese último auto al que dejaron pasar sin inspección, por pura casualidad, era el nuestro, el Megane gris de mi viejo. Yo vi la escena por la ventana, me puse pálido.

O podría contar el viaje a modo de infografía: en la ruta, el auto dibujado con líneas transparentes y flechas señalando a cada personaje y objeto. Al volante, mi padre (52 años); de copilota, su pareja (43 años); atrás, su hijo mayor (18), su hijo menor (5). En el baúl: sombrilla, pelota, inflador, sillas de playa, linterna con panel solar, una bolsa con alimentos no perecederos para veinte días, una valija con bikinis, vaporizador de cannabis, algodón, tampones, libro de yoga, bolsito con protector solar, dos pomos de gel íntimo, un dildo negro. El bolso de mi padre: ropa, talco, speedo de natación que no va a usar, blísteres de Viagra, gorra de Columbia University, Kindle que funcionará una semana, libro de neuroantropología. La mochila de mi hermanito con peluches, juguetes, una pala de jardinería, gorro de marinero y marcadores. Mi bolso: ropa y una larga soga náutica azul para Aguirre. Mi mochila negra inseparable: batería extra para el celular, lata de Nescau con cogollos, minibolsas ziploc, auriculares y una bolsa de Musimundo con el alma de mi mamá.

Antes de llegar a Necochea, paramos en una estación de servicio que mi papá conocía bien y donde siempre había un perro negro echado al sol, dispuesto a dejarse acariciar. Parecía más viejo, pero seguía allí. “Cuando me muera quiero reencarnar en perro de estación de servicio”, pensé. Ver pasar familias, camioneros, gente de ómnibus, deambular entre chatarra, correr liebres, dormir años. “¿Cómo se llama?”, pregunto Vini. Le digo que le pregunte él. “¿Cómo te llamás?”, pregunta. El perro bosteza. “Se llama Sueño”, invento. Vini lo acaricia. El perro cierra los ojos, como si supiera todo y lo hubiera olvidado. “No lo dejes tocar el perro, hay que lavarle las manos”, dice papá. Vamos al baño, papá y Side Boob nos esperan en el auto. Ella compró galletas de chocoarroz, las menos tentadoras del quiosco. Bruno la rebautizó Side Boob porque usa ropa que muestra los laterales del pecho. Se llama Mónica, es la pareja de papá y la madre de Vini. Desde ese verano, ella me va a odiar, o temer, y algo de razón tendrá. Bruno tiene talento para los sobrenombres y logra que queden instalados.

Papá puso música, acto temido: su playlist incluye las dos canciones más deprimentes de la historia, “Creep” y “On Melancholy Hill”. Radiohead tiene un momento en el que el sonido estalla y parece romperse todo. Es el punto en que la música mundial dejó de tener sentido y siguió solo por inercia. La canción de Gorillaz es peor, porque se pega. Side Boob prefiere dubstep, música de gimnasio, propagandas de bebidas. Vini elige María Elena Walsh. Con el turno democrático, tu cabeza queda destrozada. Cuando me toca a mí, pongo a Zitarrosa. Su melancolía uruguaya los desarma. Bruno se ríe de que me guste, pero a mí me fascina la sonoridad intensa. En mi segunda oportunidad paso a Chico Buarque. Papá se seca una lágrima y pide que cambiemos. Me arrepiento, pero ya está.

Fuente: telam

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