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29/08/2025

Un estudio sobre el interior oculto de Marte reveló una historia de 4.500 millones de años

Fuente: telam

Una nueva investigación señaló que en el manto marciano se esconden fragmentos gigantescos de la antigua corteza primitiva del planeta

>Un equipo internacional de especialistas reveló en un estudio científico Son fósiles geológicos atrapados en las profundidades, preservados en estado casi intacto desde los primeros tiempos de Marte.

El hallazgo fue posible gracias a los datos obtenidos por el módulo Sus instrumentos detectaron cientos de martemotos y meteoritos estrellándose contra la superficie, lo que permitió trazar un mapa sin precedentes del interior marciano.

A partir de ese registro acústico, los científicos pudieron reconstruir cómo es realmente el interior del planeta rojo y, sobre todo, cómo evolucionó en sus primeros millones de años de existencia.

Marte se diferencia de la Tierra en un aspecto crucial: su corteza es de una sola pieza. Nuestro planeta, en cambio, está fragmentado en placas tectónicas que se mueven, se hunden unas bajo otras y reciclan el material interno constantemente.

Cuando los investigadores analizaron las ondas sísmicas que viajaron por las entrañas marcianas descubrieron algo inesperado: los pulsos revelaban la presencia de fragmentos de hasta 4 kilómetros de diámetro, rodeados de otros más pequeños, que permanecían atrapados bajo la corteza. Estos bloques se originaron durante un período de choques cósmicos en el que grandes trozos de roca impactaban contra los planetas en formación.

Ese caos inicial también afectó a la Tierra, donde un impacto gigantesco desprendió material que luego formó la Luna. En Marte, los efectos fueron similares. Según los científicos, los golpes colosales fundieron buena parte del planeta joven y crearon océanos de magma que al enfriarse cristalizaron. Los restos de ese proceso son los fragmentos que hoy se detectan en el manto.

La diferencia entre ambos mundos es que, mientras en la Tierra los movimientos tectónicos habrían borrado cualquier rastro de ese material primitivo, en Marte la quietud geológica lo mantuvo inalterado. De hecho, los especialistas consideran que el planeta rojo es un archivo viviente de lo que ocurrió en los primeros cien millones de años del sistema solar.

Charalambous lo resume así: “El hecho de que aún podamos detectar sus rastros después de cuatro mil quinientos millones de años demuestra la lentitud con la que se agitó el interior de Marte desde entonces”.

El segundo gran aporte del estudio es que confirma la naturaleza particular del interior marciano. Marte no cuenta con placas en movimiento como la Tierra. Su manto experimentó una convección inicial caótica, marcada por choques e impactos, pero luego esa agitación se congeló. Con el tiempo, el planeta se enfrió y la dinámica interna se volvió extremadamente lenta.

Los registros sísmicos del InSight mostraron que las ondas que viajaban a través del manto llegaban con retrasos, un fenómeno que se intensificaba con la distancia. Este patrón revelaba la presencia de heterogeneidades kilométricas, restos de aquella agitación inicial que quedaron atrapados como cicatrices inmóviles.

Los resultados sugieren que el manto marciano tiene una viscosidad muy alta y se deforma principalmente por un mecanismo de deslizamiento por dislocación. En palabras más simples, se trata de un interior rígido, poco sensible a los cambios de temperatura y con una mezcla extremadamente limitada. Esa rigidez explica por qué los fragmentos primitivos pudieron sobrevivir durante miles de millones de años sin desintegrarse.

La Tierra, en contraste, es un planeta tectónicamente activo. Sus placas reciclan la corteza y el manto en un ciclo continuo que borra casi todo rastro de los primeros tiempos. El planeta rojo, en cambio, se mantuvo inmóvil, preservando una estructura interna desordenada, llena de heterogeneidades, como si fuera un testimonio congelado de la evolución más temprana de un mundo rocoso.

El descubrimiento también ayuda a explicar por qué Marte nunca desarrolló un campo magnético global como el terrestre. La ausencia de ese escudo dejó su superficie expuesta a la radiación cósmica, lo que redujo las posibilidades de que la vida prosperara en su suelo. El magnetismo de la Tierra, generado por el movimiento de su núcleo y su manto, fue clave para proteger la atmósfera y permitir la evolución de organismos vivos. Marte, en cambio, permaneció geológicamente pasivo y se convirtió en un planeta frío, árido y vulnerable.

Marte es un mundo extremo: su atmósfera delgada, compuesta en su mayoría por dióxido de carbono, apenas retiene el calor, lo que genera temperaturas medias de -65 °C y tormentas de polvo que envuelven continentes enteros.

Alberga el Monte Olimpo, el volcán más grande del sistema solar, y el sistema de cañones Valles Marineris, que supera en tamaño a cualquier formación terrestre. También cuenta con casquetes polares y agua congelada en el subsuelo. Incluso hay evidencias de salmueras líquidas en algunas laderas, aunque aún se debate si podrían sostener vida microbiana.

El descubrimiento de fragmentos ancestrales en el manto marciano confirma que los planetas no siguen un único camino evolutivo. La Tierra se transformó en un organismo geológico activo, con tectónica, volcanes y un campo magnético que protegió su atmósfera y permitió el surgimiento de la vida. Marte, en cambio, quedó congelado en el tiempo. Su interior es el reflejo de una infancia violenta que nunca fue borrada. Esa quietud, paradójicamente, es lo que hoy nos permite asomarnos a un pasado remoto que en nuestro propio planeta ya no existe.

En definitiva, el planeta rojo se convirtió en un archivo cósmico de los orígenes del sistema solar. Al estudiarlo, no solo comprendemos mejor cómo se formó Marte, sino también cómo podría haberse desarrollado la Tierra si su destino hubiera sido distinto.

Y esa mirada hacia adentro, hacia lo oculto, demuestra que a veces el mayor espectáculo del universo no se encuentra en el cielo estrellado, sino en las profundidades de un planeta que sigue guardando sus secretos.

Fuente: telam

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