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05/04/2025

El secuestro del cónsul paraguayo: la venta de un auto, la indiferencia de las autoridades y el libro inspirado en el caso

Fuente: telam

Quiso vender un Mercedes Benz en la ciudad de Buenos Aires y terminó secuestrado por un grupo terrorista. Las exigencias de los secuestradores, la negativa del gobierno a negociar y un final feliz en una Semana Santa que el diplomático seguro nunca olvidó

>Emilio Jáuregui había sido secretario general del gremio de Prensa, y para fines de la década del sesenta instruía a los compañeros que resistían la dictadura del general Juan Carlos Onganía enseñándoles cómo desarmar y limpiar armas o armar bombas molotov. En la noche del 28 de junio de 1969 luego de participar de una marcha en Plaza Once al cumplirse tres años del gobierno de facto, en la esquina de Anchorena y Tucumán fue baleado a quemarropa por cuatro hombres vestidos de civil, aunque se suponían que eran policías que se la tenían jurada.

Se venía Semana Santa cuando en la mañana del 24 de marzo de 1970 el Grupo Operativo Táctico Emilio Jáuregui secuestró al cónsul paraguayo de la ciudad correntina de Ituzaingó, Joaquín Waldemar Sánchez, un diplomático de bajo rango. Su caso fue noticia durante algunos días y motivó que el escritor británico Graham Greene, de visita en nuestro país, escribiese su novela El Cónsul Honorario, que además sería llevada al cine.

En un allanamiento a un galpón en busca de autos robados realizado, según la versión oficial, el 21 de marzo de 1970, la policía había dado con un depósito de las FAL donde encontraron dos camionetas pintadas como las del Ejército, armas, explosivos y medicamentos. Allí detuvieron a Carlos Della Nave, un militante de 20 años. La policía dejó gente de guardia y al día siguiente, detuvieron a Alejandro Baldú, que había ido al lugar. Las familias de ambos presentaron sendos hábeas corpus.

Sus compañeros temieron que quedasen detenidos en forma clandestina y planearon un hecho resonante que alertase a la opinión pública y que obligase a las autoridades a blanquearlos. Por qué no, entonces, secuestrar a un diplomático, operación que es relatada con lujo de detalles en el libro La guerrilla invisible. Historia de las Fuerzas Argentinas de Liberación, escrito por Ariel Hendler.

Pensaron en embajadores como el de Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, pero comprobaron que sería complicado sortear la cerrada vigilancia de sus custodios, hasta que descubrieron que el cónsul paraguayo había puesto en venta su Mercedes Benz y sería una presa más sencilla de atrapar.

El cónsul Sánchez, su esposa Eloísa Cáceres y su pequeña hija Norma se alojaban en el Hotel León sobre avenida Callao al 700. En la cochera lindera guardaba el Mercedes Benz 280 gris que pensaba vender.

En la mañana del 24 de marzo de 1970 llamó al hotel un interesado en el vehículo, luego de leer un aviso en el diario, y le avisó al cónsul que por la tarde irían dos hombres a verlo. Ellos quisieron probarlo e insistieron en que los acompañase Sánchez, aún cuando estaba presente Mario Vera, chofer del diplomático. Este terminó accediendo.

Sánchez, en otro vehículo, fue llevado a una casa en Carapachay, en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde quedó encerrado en una habitación.

A través de una suerte de proclama dejada en el baño de mujeres del bar El Ibérico, de avenida Córdoba y Uruguay, los secuestradores exigían por la liberación del cónsul, que las autoridades mostrasen, en rueda de prensa, a los detenidos Della Nave y Baldú.

Al día siguiente los secuestradores, a través de un llamado a una iglesia, redoblaron sus condiciones: que luego de ser mostrados al periodismo, a los militantes “antiimperalistas” les permitiesen abordar un avión que los llevaría México.

Para incorporarle más elementos a la historia, el miércoles aterrizó en Aeroparque el general Alfredo Stroessner, el presidente paraguayo, quien había decidido pasar Semana Santa en Villa La Angostura, pescando en el Nahuel Huapi. Almorzó con Onganía y luego partió al sur, en plan de pesca y de tranquilidad.

El jueves aún no se tenía noticias del cónsul secuestrado, pero sí de Della Nave, quien, sorprendentemente, le habría pedido al juez que no se le permitiese salir del país. El magistrado mostró a los periodistas un acta donde estaba asentada la voluntad del detenido.

Con el objetivo de presionar, en un baño de un bar de la avenida Corrientes las FAL dejaron un comunicado junto a una carta manuscrita de Sánchez, donde se lamentaba que el gobierno había decidido sacrificar su vida al negarse a negociar, y que eso se debía a que Baldú había sido muerto. En un comunicado, responsabilizaban de la muerte del infortunado cónsul a Onganía y a Stroessner, quien siguió con sus planes de descanso en la Patagonia.

El gobierno se mantuvo en sus trece e insistió en que no sabía qué había ocurrido con Baldú quien, para los guerrilleros, era “uno de nuestros más queridos compañeros”.

Paralelamente, el embajador paraguayo señaló que tenía serias esperanzas de que su cónsul estaba vivo, lo que hizo sospechar a los periodistas de tratativas secretas con los secuestradores. Además, aunque fue algo fugaz, las autoridades mostraron a Della Nave.

La casualidad quiso que en abril de 1970 visitase el país el escritor británico Graham Greene. Lo hacía por segunda vez invitado por Victoria Ocampo. El inglés estaba interesado en viajar a Corrientes y tomar contacto con un grupo de curas tercermundistas. Enterado del secuestro, escribiría El Cónsul Honorario, dedicada a su anfitriona, y que fue publicado en 1973.

Fuente: telam

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