02/04/2025
Adiós a Carlos Masoch, el artista que pintaba “como el rock”

Fuente: telam
Tenía 72 años. En los años 80 se hizo popularmente conocido por su personaje radial, el “reverendo Douglas Vinci”. Reproducimos una entrevista donde habla de música, arte y literatura
>Murió Carlos Masoch. Tenía 72 años. Un hombre que tuvo varias vidas. Una de ellas, la de los 80. Douglas Vinci era el nombre de su personaje radial que lo hizo popularmente conocido: un reverendo que predicaba sátiras políticas en Aquí Radio Bangkok. Compartía espacio con Pipo Lernoud, Tom Lupo, Lalo Mir.
“Partió hacia el infinito y más allá Carlos Masoch (a) Douglas Vinci, amigo y compañero de vida, radio, aventuras, trapisondas y locuras”, escribió en las redes Lalo Mir.
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Masoch vive en 2023 una suerte de resurgimiento con tres muestras, dos individuales y una colectiva, que han vuelto a poner su nombre en un lugar destacado en las artes plásticas argentinas, y después de un período de injustificado ostracismo que él ha vivido como un exilio interno y con mucha angustia.
Han pasado exactamente 50 años desde su primera muestra, en la Galería Contemporánea, de la calle Senillosa, en Caballito. En ese mismo 1973 ganó el Premio Nacional de Dibujo Para Obreros y Estudiantes, puntapié inicial de una carrera profusa, aunque opacada por su fulgurante paso por la radio, la televisión, los boliches y la noche: en cincuenta años Masoch nunca dejó de pintar. “Fue la primera vez en mi vida, cuando tenía 20 años, que estuve colgado en el Museo Nacional de Bellas Artes. Para mí fue como tocar el cielo con las manos”, recuerda.Otra se llama Tutti per Tutti (Ópera Bufa) y está en exhibición hasta el 17 de septiembre en el primer piso del Centro Cultural Borges. Es la muestra 121 de la serie La Línea Piensa, curada por Yuyo Noé y Eduardo Stupía, un espacio destinado exclusivamente al dibujo, formato del que Masoch es devoto.
La mayoría de las piezas exhibidas fueron realizadas durante la pandemia, y fue Stupía el que insistió para inaugurarla en el mes de julio. También fue Stupía quien ayudó a organizarlas por sus tamaños, temáticas, gramajes de papel y técnicas utilizadas.Testigo de la charla en Colegiales es Rafaela, una gata que tiene unos ojos amarillos gigantescos que asustan, pero que cuando uno le extiende la mano ronronea y se deja acariciar mansamente. Rafaela sube, baja y salta entre los cuadros que están amontonados por todo el living. Se mezclan los que son de autoría de Masoch con los de su mujer, Silvia Giménez.
A lo largo de la conversación, él menciona repetidas veces la sensación de olvido y abandono que lo invadió durante un largo período de tiempo en el que no conseguía trabajo, nadie contestaba sus llamadas y tuvo que malvender muchas de sus obras para poder pagar alquileres, cuentas de luz o comprar algo de comida.Lalo es, obviamente, Lalo Mir. Su compañero de ruta en los años de Rock & Pop y Radio Bangkok, equipo que completaban Bobby Flores, Quique Prosen y el Gallego García. Lalo fue uno de los primeros en llegar a la inauguración de la muestra de Masoch en el Centro Cultural Borges. Aquella química que supieron tener y transmitir en la década del ochenta sigue intacta.
Masoch recuerda que tenía su oficinita en la Rock & Pop de los comienzos, en avenida Leandro Alem. Era un cuartucho vecino al que ocupaba la fotógrafa Andy Cherniavsky. Hacían afiches, arte de revistas, tapas de discos y, cuando apareció la idea de hacer una radio, el logo de la emisora. También tenía una columna de arte en la revista Twist y Gritos, que dirigía Tom Lupo. Con Lalo ya se conocían, pero la amistad se profundizó cuando confluyeron en el proyecto Radio Bangkok. Masoch hizo la metamorfosis al Reverendo Douglas Vinci, un personaje que se hizo muy popular por aquellos días. Al principio iba grabado, pero después lo hacía por teléfono, y ocupaba tanto tiempo con el personaje que el director de las revistas, Pipo Lernoud, lo obligó a tomar una decisión. Masoch eligió la radio.Hubo varias reapariciones de Douglas Vinci. Pero hoy Masoch está decidido a enterrar definitivamente a ese personaje. La radio, la televisión y el cine son distracciones para las que ya no tiene tiempo.
—¿Por qué te cambiaste el apellido?Viste todo de negro, polera y pantalón negros, zapatillas y medias negras: parece un personaje salido de uno de sus dibujos, donde el negro, la muerte, la religión, el desnudo y él mismo aparecen todo el tiempo. Costumbres heredadas seguramente de la infancia en Chacarita, donde su padre era un carpintero que se ganaba la vida fabricando ataúdes. Y de los tiempos en que estudió para ser figurante en el Teatro Colón, aconsejado por la madre de Juan del Barrio, su compañero de fechorías en la calle Leiva, entre Otero e Iturri, ya en el final de la adolescencia. “Los figurantes son esos personajes que hacen barullo en las óperas, que se mueven y agitan los brazos, pero no cantan ni tocan ningún instrumento; están de relleno”, explica. Él suele ponerse de relleno en sus propias pinturas y dibujos.
Sobre las temáticas recurrentes en sus dibujos y pinturas dice que “Borges opinaba que uno siempre escribe el mismo libro. Tengo una recurrencia y mis propias obsesiones, mis propios fantasmas.
—Y, la muerte, la religión… Cómo la religión moldea las mentes de los hombres los fantasmas, las alucinaciones, la cosa tenebrista o el lado oscuro de la vida No quiere decir que sea un tipo exclusivamente de esa temática porque tengo también otras. Durante la pandemia hice eso, pero te puedo mostrar otros trabajos que hice con otras temáticas. En ese árbol grande que es la pintura yo tengo muchas ramas.
—A mí me preocupa mucho el tema de la luz o del foco porque como tengo muchos problemas de vista (N. de la R.: Masoch perdió la visión en su ojo izquierdo) para mí es fundamental. Me gustan mucho los pintores realistas. Trabajo mucho con la realidad. Con los fotogramas del cine. Me gusta trabajar con la sombra de un atardecer. Me gusta mucho el tema de los cielos. Me gusta mucho mirar pinturas de los clásicos. Me gusta, por ejemplo, Turner. Los expresionistas y los surrealistas. Tampoco es que yo soy muy original, después de tantos años de experiencia y de ver tantas cosas uno se da cuenta que su trabajo no es un Magritte o De Chirico. Es más bien como el rock.
Los libros de Leopoldo Marechal, de Roberto Arlt y de Macedonio Fernández que iluminaron su juventud los tuvo que buscar por otros lados, lejos de las paredes de la calle Leiva. Supo ganarse el pan de adolescente, como cadete en una agencia de publicidad de origen alemán. Tuvo que cortarse el pelo y vestir camisa y corbata. Pero lo que cobraba le alcanzaba para comer todos los días, ayudar a su madre divorciada y darse algunos gustos. Además, conoció talentos que iban a influir en su futuro, como Miguel Ángel Villanueva, director de arte, y Osvaldo Chamarela, hijo de un conocido compositor de tangos.
El paso de la pandemia dejó la colección de dibujos que puede apreciarse en el CC Borges. Y también dejó secuelas, de las buenas y de las malas. Masoch dejó el alcohol, pero todavía conserva la costumbre de armar su cigarrillo de tabaco y dar unas pitadas. Son muy pocos a lo largo del día, aclara. Sigue coleccionando obsesivamente estampitas, como toda la vida. Por eso lo convocan a una muestra donde el Gauchito Gil y la Difunta Correa son protagonistas.
—¿Cómo es eso?—También sos de incluir personalidades, como Frank Zappa. Y no todos los que fueron a la muestra se percataron…
Luces y sombras atraviesan su obra. Como en una consola llena de perillas que van y vienen también se han encendido y apagado para iluminar o ensombrecer 50 años de vida al servicio del dibujo y la pintura. Cuando prevalecieron las sombras ha sido una carrera mezquina, que le generó muchas angustias. Pero en estos días las luces se encienden para realzar el resurgir de un artista profuso y talentoso. Su nombre ya está impreso, junto a otros como Kuitca, Reyna, Garófalo, Bueno y Prior en los libros de historia del arte de finales del siglo XX y principios del XXI. A los 70 años Carlos Masoch todavía tiene tela para cortar. O, mejor dicho, para llenar con sus colores. Con sus luces. Y con sus sombras.
Fuente: telam
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