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05/03/2026

Cómo el plástico conquistó el mundo hasta acumularse en los cerebros humanos

Fuente: telam

'Plastic Inc.', de la periodista británica Beth Gardiner, recorre décadas de marketing intensivo, maniobras políticas y engaños de las petroleras para llegar a este presente del planeta

El año pasado, investigadores de la Universidad de Nuevo México que analizaron muestras cerebrales de dos docenas de personas fallecidas en 2024 estimaron que cada cerebro contenía alrededor de siete gramos de plástico, lo equivalente a una cuchara descartable. Aquellos que padecían demencia presentaban más plástico en el cerebro que quienes no la tenían. Se trata de una correlación, no de una causalidad, y pasarán años antes de que la ciencia comprenda las consecuencias para la salud de estas partículas sintéticas en los tejidos, pero la preocupación existe. Al comparar los cerebros de 2024 con los de personas fallecidas ocho años antes, se detectó que los más recientes contenían casi un 50% más de plástico.

El estudio resume el panorama de un planeta inundado de plástico: el material ha penetrado en los rincones más íntimos del cuerpo humano, se asocia a múltiples problemas de salud y se acumula en el ambiente en cantidades cada vez mayores. �Cómo llegamos a esto, al punto de tener una cuchara de plástico en el cerebro?

El nuevo libro de Beth Gardiner, Plastic Inc., responde a esa pregunta como si se tratara de una historia real de crimen: el plástico conquistó el mundo a través de décadas de marketing intensivo, maniobras políticas y engaños. En sus orígenes, el plástico permitía a las empresas de petróleo y gas obtener valor del petróleo. Actualmente, según Gardiner, las compañías ven en el plástico un resguardo ante la caída de ingresos en un contexto donde el mundo enfrenta las consecuencias climáticas de la quema de combustibles fósiles y buscan aumentar su producción de forma significativa.

"No es un secreto", escribe Gardiner, sino "el plan declarado abiertamente por la industria". Entre otras pruebas, cita el análisis de ExxonMobil, que considera que puede compensar una baja prevista en la demanda de gasolina invirtiendo más en el sector de los químicos. En los países en desarrollo, además, la demanda de plástico aumentará a medida que crezca la riqueza.

Los subproductos de la perforación pueden reordenarse molecularmente para fabricar plástico, al que se le añaden aditivos que le otorgan propiedades útiles. A mediados del siglo XX, las empresas advirtieron que podían fabricar casi cualquier objeto doméstico con este material. Pero �cómo venderlo en grandes cantidades?

Los fabricantes de plásticos debieron inventar la "lucrativa idea de la descartabilidad", explica Gardiner, periodista ambiental y exreportera de Associated Press. En 1945, un vicepresidente de DuPont, pionera en el sector, dijo a sus colegas que "un pueblo satisfecho es un pueblo estancado" y que debían "asegurarse de que los estadounidenses nunca estén satisfechos". Una manera fue convencerlos de tirar sus productos. Las empresas se propusieron persuadir a una generación marcada por la Depresión y la austeridad de la guerra de que los objetos plásticos, aunque duraderos, debían desecharse "sin pensarlo dos veces", según una historiadora citada por Gardiner. En 1956, el editor de la revista Modern Packaging aseguró a los líderes de la industria que "el futuro del plástico está en el basurero".

Hoy, la descartabilidad se ha globalizado. La mitad de todo el plástico se produce para artículos de un solo uso, que se desechan casi inmediatamente. Las ciudades estadounidenses percibieron esto como una crisis de gestión de residuos, pero, gracias al lobby, las empresas rara vez debieron hacerse cargo de esa carga. En su lugar, financiaron campañas publicitarias para culpar a los consumidores por la basura e impulsar el reciclaje como solución, aunque la mayoría de los envases plásticos no puede reciclarse de forma significativa.

El reciclaje de plásticos fue una ficción útil. En 1989, cuando Minneapolis y St. Paul prohibieron varios tipos de envases plásticos, un grupo industrial envió a un miembro de su "fuerza de choque" a Minnesota para promover el reciclaje en su lugar. La prohibición, según Gardiner, nunca se implementó. En 2017, solo el 9% de los residuos plásticos se había reciclado.

La imagen del reciclaje permitió que la industria, sin afrontar los costos del desecho, siguiera expandiéndose. Una excepción son las botellas de refresco: en teoría, podrían reciclarse con eficiencia. Pero Gardiner detalla cómo, en muchas ciudades y estados, leyes que exigirían a las empresas procesar botellas usadas mediante un depósito reembolsable han sido frenadas por el lobby sectorial.

Algunas de las consecuencias más claras de la producción de plástico se reflejan en la salud pública. La proximidad a pozos de fracking, que extraen etano para las plantas de plástico, se asocia a tasas más altas de leucemia infantil, insuficiencia cardíaca y otras enfermedades. Al final del ciclo de vida del material, fragmentos de plástico se infiltran en aguas, suelos, cultivos e incluso en el aire. Al mismo tiempo, bisfenoles y ftalatos �aditivos usados para hacer el plástico más resistente y flexible� están relacionados con alteraciones hormonales, cáncer, problemas metabólicos, trastornos neuropsiquiátricos y menor fertilidad. Gardiner cita un análisis que atribuye más de 350.000 muertes por enfermedades cardíacas en el mundo a un solo ftalato, el DEHP.

La regulación química avanza lentamente, y Gardiner atribuye parte de la responsabilidad al American Chemistry Council, grupo industrial que reúne a los grandes de la industria y que en su declaración fiscal de 2010 afirmó haber "derrotado, enmendado o postergado" más de 300 proyectos de ley sobre químicos y plásticos en 44 estados.

Gardiner evita dar recetas sobre cómo solucionar el problema del plástico, señalando que su tarea como periodista es exponer los hechos. Aclara que no todo el plástico debe desaparecer: se usa en paneles solares, turbinas eólicas y equipamiento médico esencial. Aun así, sostiene que "mucho de lo que nos imponen es innecesario: cosas que nunca pedimos y que no extrañaríamos si desaparecieran". Pero señala una posible solución: en vez de que los contribuyentes paguen la recolección y reciclado del plástico descartable, los fabricantes podrían asumir ese costo. Así, parte de la motivación para seguir aumentando la producción desaparecería.

Las llamadas leyes de "responsabilidad extendida del productor" ya rigen en California, Maine, Oregón, Maryland, Minnesota, Washington y Colorado, aunque enfrentan oposición de grupos industriales. Estas normas ayudarían a revertir décadas del mayor engaño: hacer creer que la culpa de este desastre es de los ciudadanos.

Gran parte del auge del plástico ha estado "sesgado y distorsionado por intereses poderosos que buscan ocultar su propio rol", escribe Gardiner. Recuerda que en 1969 un funcionario de saneamiento de Nueva York sugirió cobrar una tasa a los fabricantes de envases por su recogida. Es imposible saber cómo estaríamos hoy si esa idea se hubiera convertido en política. Pero no es tarde. El mejor momento fue hace 57 años. El siguiente mejor momento es ahora.

Fuente: The New York Times

Fuente: telam

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