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25/02/2026

La economía y la inseguridad son los dos grandes problemas para los argentinos

Fuente: telam

Una encuesta realizada por la Universidad de Buenos Aires expone un aumento sostenido del temor ciudadano frente al delito y un fuerte escepticismo respecto al papel de las instituciones en la solución de las principales preocupaciones nacionales

>La 13ra edición del Monitor de Inseguridad del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires reveló una imagen alarmante: la inseguridad y la economía se afianzaron como los dos grandes problemas de la Argentina.

Las menciones espontáneas obtenidas en la investigación subrayan el desplazamiento del eje de la preocupación ciudadana: la inflación cedió protagonismo y el mérito le corresponde hoy al binomio de inseguridad y bajos salarios. Entre las palabras más repetidas a la hora de describir el principal problema nacional aparecen “inseguridad”, “economía”, “pobreza”, “corrupción” y “desempleo”.

El resultado más llamativo del monitor es la dimensión emocional alcanzada por el problema de la inseguridad. El 62% lo considera “extremadamente grave” o “muy grave”, y el 58% advierte que la inseguridad creció “mucho o algo” en el último año. Estos resultados evidencian un aumento respecto del estudio del año anterior, donde El informe detecta que la reacción frente a la inseguridad es, antes que nada, emocional y negativa, con predominancia del miedo, la impotencia y la desesperación. Sentimientos de desprotección, bronca, frustración y angustia emergen repetidamente y atraviesan a todos los sectores sociales y políticos. “Nuestro termómetro de inseguridad permanece en valores muy altos. Mar del Plata, GBA Oeste y La Plata exhiben los picos más altos de percepción de peligrosidad”, señaló el documento.

Más de la mitad de los encuestados (51%) declaró haber sufrido directamente o en su entorno algún delito en los últimos seis meses, dato que revela la profundidad del problema y la frecuencia con que impacta sobre las rutinas cotidianas. Además, el informe revela otro fenómeno de desconfianza estructural: el 44% de las víctimas no realizó la denuncia. La razón principal, sostenida por el 50% de quienes no denuncian, es la certeza de que “nadie hará nada al respecto”. Un índice que evidenció una baja considerable, ya que en el estudio anterior se expresaron de esta manera el 63% de los encuestados.

La reacción social no termina en el plano emocional porque casi ocho de cada 10 encuestados (76,9%) declaró haber modificado sus hábitos cotidianos como respuesta a la inseguridad. La lista de nuevos comportamientos incluye desde “evitar caminar solo en el barrio” (67,4%) y elegir “horarios más seguros para salir” (72,3%), hasta reforzar la vivienda con rejas (23,9%), llevar instrumentos de autodefensa (24,6%) e incluso comprar armas (5,2%).

A la hora de proyectar el futuro, el pesimismo gana por goleada: el 63% anticipa que la inseguridad aumentará “mucho o algo” en los próximos seis meses y el 70% se considera “muy probable o bastante probable” víctima de un delito en el corto plazo.

En cuanto a los delitos sufridos, el más frecuente es el asalto a mano armada en la vía pública (35%), seguido por robos sin violencia (29%) y estafas (25%). El temor a ser víctima de un asalto ocupa también el primer lugar cuando se consulta por la probabilidad de hechos futuros y define la percepción de riesgo urbano.

El vínculo entre sistema judicial y ciudadanía atraviesa su peor momento: el 89% de los encuestados considera que los delitos graves no tienen condenas acordes o que las condenas no se cumplen en su totalidad. Solo el 12% cree que las penas se cumplen como corresponde.

En relación a la edad de imputabilidad, el apoyo a cambios es contundente: el 56% pide que el límite baje de los 16 años actuales a 14 años, en sintonía con el proyecto enviado por el Gobierno Nacional al Congreso.

Respecto a las causas estructurales de la inseguridad, el informe muestra que los argumentos siguen las líneas de la polarización política. Quienes apoyan a Milei responsabilizan la “pérdida de la cultura del trabajo y el sacrificio” (73%), la “pérdida de valores sociales” (71%) y el “narcotráfico” (60%), acompañados por una alta desconfianza hacia los jueces “garantistas” (58%). En los votantes de la oposición, la pobreza y marginalidad lidera con un 82%, seguida de desigualdad socioeconómica y un Estado ausente.

El propio documento destaca que “el diagnóstico de las causas de la inseguridad está notablemente sesgado por la grieta ideológica”, lo que condiciona cualquier posibilidad de consenso en políticas de fondo.

Cuando se explora la actitud frente al sistema, el rechazo es transversal. El 74% responsabiliza a los jueces porque “dejan libres a muchos delincuentes” y el 69% opina que más poder para la policía implicaría “más excesos y casos de gatillo fácil”. Al consultar por el derecho a la autodefensa, un 23% dice que los ciudadanos deberían poder armarse porque “el Estado no los cuida”.

Entre quienes no denuncian delitos, además de la sensación de inutilidad, el 30% expresa desconfianza en la justicia, el 14% recuerda que denunció sin resultado en el pasado y el 6% desconfía de la policía.

La métrica final deja poco margen para la autocomplacencia institucional. En una escala de 1 (“pésima gestión”) a 10 (“excelente gestión”), el Gobierno Nacional obtuvo un promedio de 4,4, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 4,8 y el de la Provincia de Buenos Aires 3,6. Ningún distrito alcanza el umbral del aprobado.

Fuente: telam

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