24/02/2026
La joya favorita de Máxima: así es la tiara histórica que deslumbra en todas las ceremonias reales
Fuente: telam
Su estructura móvil, el azul profundo de sus piedras y el legado de la Casa de Orange hacen de esta tiara un fenómeno de estilo, diplomacia y poder en los Países Bajos
>Un resplandor azul intenso y más de 600 destellos de luz acompañan a Máxima de los Países Bajos en las ceremonias más memorables de la monarquía neerlandesa.
Esta joya, pensada desde su origen para brillar en la corte, encierra una historia de poder, adaptación y continuidad dinástica que sigue fascinando tanto dentro como fuera de los Países Bajos.
La historia de esta pieza se remonta a 1881. Ese año, el rey Guillermo III encargó un conjunto de joyas excepcionales para su esposa, la reina Emma, en el contexto de una Europa donde las casas reales competían por establecer símbolos de legitimidad y permanencia. El encargo incluyó, además de la tiara, pendientes, dos brazaletes y un broche.El diseño, monumental y simétrico, corresponde al gusto del siglo XIX. Los zafiros de Ceilán, célebres por su azul profundo, contrastan con la profusión de diamantes dispuestos en formas florales.
La elaboración original fue obra de Maison van der Stichel, referencia de la orfebrería europea de su tiempo. Bajo su dirección, el conjunto fue concebido con una premisa de versatilidad: varias piezas podían desmontarse y adaptarse a las preferencias y necesidades de cada reina. Esta flexibilidad se mantiene hasta hoy como una de las señas de identidad de la joya, permitiendo su integración en distintos contextos y estilos.
En 1928, el taller Van Kempen & Vos sustituyó la montura original de oro por una de platino. Este cambio técnico logró aligerar notablemente la pieza sin alterar su apariencia, facilitando su uso y adaptabilidad para las sucesivas reinas. Gracias a esta renovación, la tiara se mantuvo vigente en el guardarropa institucional de la monarquía neerlandesa, acompañando a figuras como Guillermina, Juliana y Beatriz en eventos oficiales de distintas épocas.
La posibilidad de desmontar y readaptar componentes —una idea avanzada para su tiempo— permitió que la tiara y el resto del conjunto se ajustaran no solo al estilo personal de cada soberana, sino también a las exigencias de cada época. Esta característica ha garantizado la preservación de la relevancia visual y simbólica de la joya a través de generaciones.Más allá de su esplendor material, la tiara ha funcionado como un instrumento de comunicación visual para la monarquía.
El uso de joyas emblemáticas como esta no solo representa tradición, sino que también responde a una estrategia consciente de proyección y diferenciación respecto a otras casas reales europeas.
Publicaciones internacionales como The New York Times y BBC han destacado en varias ocasiones el papel de las joyas reales europeas como símbolos vivos de poder y diplomacia, subrayando cómo piezas como la tiara de Máxima refuerzan la imagen de estabilidad monárquica ante la opinión pública global.
La llegada de Máxima Zorreguieta en 2013 marcó un punto de inflexión para la visibilidad de la tiara. Su elección para la coronación de Guillermo Alejandro no solo rescató la pieza del joyero histórico, sino que inauguró una nueva etapa en la que la reina integró la tiara en los actos de mayor repercusión institucional. Según Vanity Fair España, Máxima se diferencia de otras soberanas europeas por apostar abiertamente por este símbolo, combinando tradición y modernidad en su imagen pública.Hoy, la profundidad del azul de sus piedras y el marcado volumen de la estructura convierten la tiara en una expresión tangible de estabilidad y permanencia. Estos valores, centrales para la monarquía neerlandesa, encuentran en la tiara de zafiros y diamantes una de sus manifestaciones más emblemáticas.
Fuente: telam
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