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23/02/2026

Es argentina y la confundieron con la novia de un narco ecuatoriano asesinado: “No soy una ‘muñeca de la mafia’ y temo por mi vida”

Fuente: telam

Micaela Morales es chaqueña, tiene 28 años y vive en Barcelona desde hace un año y siete meses. Desde que un informe de la TV de Ecuador la vinculó con un grupo de poderosas mujeres criminales, su vida se volvió un calvario. “Necesito limpiar mi imagen y seguir adelante”, señaló

>Lo que comenzó como un informe televisivo sobre “narcocultura” en Ecuador terminó convirtiéndose en una pesadilla internacional para una joven argentina que jamás pisó ese país. Micaela Morales es chaqueña, tiene 28 años y desde fines de enero viene siendo señalada públicamente como la pareja de un narcotraficante ecuatoriano asesinado. El error: compartir el mismo nombre y un cierto parecido físico con la verdadera mujer vinculada al criminal.

En ese contexto, el medio difundió imágenes de Instagram de Micaela Morales, la joven argentina radicada en España, confundiéndola con la verdadera pareja del narcotraficante, una mujer homónima que sí reside en Ecuador y que, según trascendió, tendría antecedentes penales.

Actualmente, la justicia la investiga por supuestas funciones activas dentro de las economías criminales, especialmente por lavado de activos, ocultamiento patrimonial y administración de bienes.

“Todo se remonta al 9 de enero”, relató Micaela a Infobae. Ese día comenzó a recibir una avalancha de mensajes a través de Instagram y TikTok. La mayoría provenían de usuarios ecuatorianos.

La explicación era tan simple como devastadora: la verdadera Micaela Morales —de 30 años, con doble nacionalidad ecuatoriana y argentina— cerró sus redes sociales tras el crimen. Quienes buscaban información sobre ella encontraron primero el perfil público de la joven argentina que vivía en Barcelona.

Al principio, Micaela intentó aclarar la situación respondiendo uno por uno los mensajes que recibía. Les explicaba que no tenía ningún vínculo con Ecuador ni con el narcotráfico. Creyó que, con el correr de los días, la confusión se disiparía. Pero ocurrió lo contrario.

Cuando el informe de Ecuavisa salió al aire el 21 de enero y mostró su perfil y sus fotos personales, la situación se agravó. “Toda esa gente a la que yo le había dicho que no era esa mujer, al ver la nota en el noticiero nacional, creyó que le estaba mintiendo”, recordó.

La joven se enteró por un mensaje privado. “Un usuario me escribió: ‘En mi país saliste en el noticiero nacional’. Yo nunca había estado en Ecuador. No entendía nada. Me quedé en shock”, contó.

La situación escaló rápidamente hacia el terreno de las amenazas. No solo contra ella, sino también contra su familia en Argentina. “Me decían que iban a matar a mi papá. El padre de la otra chica falleció, pero las amenazas eran hacia el mío. Yo estaba sola en España y mi papá, que ya había tenido problemas de salud, estaba en Argentina. Fue desesperante”, relató.

El miedo se volvió cotidiano. En Barcelona —ciudad con una importante comunidad ecuatoriana— Micaela comenzó a vivir con paranoia. “Escuchaba un acento ecuatoriano o colombiano y entraba en pánico. Pensaba que me venían a buscar. Me encerraba para que no me reconocieran, no quería salir”, recordó sobre esa hipervigilancia constante que afectó su descanso, su concentración y su bienestar general.

Pero el daño no se limitó al plano individual. Su círculo social también se vio alterado. Algunas amigas comenzaron a tener miedo de aparecer con ella en público o en fotos. “A mis amigas también les comentaban las publicaciones en las redes. Se vio afectado absolutamente todo”, explicó. En ciertos momentos, optó por aislarse para no “arrastrar a nadie” a una situación que consideraba potencialmente peligrosa.

La joven, que había llegado a Europa hace un año y siete meses para experimentar la vida fuera de Argentina y trabajar en el sector hotelero, empezó a evaluar regresar antes de tiempo. “Mi papá me pidió que me volviera. Me dijo que fuera al consulado argentino y que, si no me daban respuesta, regresara”.

El 22 de enero, un día después de ver el informe televisivo, Micaela se presentó sola en el consulado argentino. No tenía turno. Apenas podía contener el llanto. “Me hicieron escribir una carta contando todo lo que me estaba pasando. No sabía si era una carta de despedida o un pedido de auxilio. Me temblaba la mano, no se entendía la letra”, recordó. Cuando la jefa consular la recibió, Micaela rompió en llanto.

Allí le explicaron los pasos a seguir: buscar un abogado, realizar una denuncia y preservar todas las pruebas del hostigamiento.

La historia dio un giro cuando los periodistas ecuatorianos Anderson Bocán y Mónica Velázquez difundieron su testimonio en redes sociales. El caso tomó alcance internacional. Recién entonces, el canal emitió una rectificación.

Desde la cuenta oficial del medio le enviaron el enlace de la rectificación. “Pero cuando más necesité que me respondieran, no lo hicieron”, recordó.

Días después, la joven presentó una denuncia en Barcelona. Su abogado analiza intentar un acuerdo extrajudicial con el canal para obtener una nueva rectificación y una compensación por el daño moral y económico. “Si no es posible, se va a plantear una demanda”, señaló.

El informe que la involucró hablaba de mujeres investigadas que llevan vidas ostentosas que no condicen con sus niveles de ingresos y realizan viajes por el mundo financiados por organizaciones criminales. Micaela, que compartía fotos de sus recorridos por Europa y rutinas diarias, quedó encuadrada en ese relato.

Yo trabajo ocho o nueve horas por día. Mis viajes los hice con mucho esfuerzo. Que me digan que están manchados con sangre es algo que no puedo creer”, sostuvo.

Si bien el acoso disminuyó con el paso de las semanas, aún no desapareció. Para preservar su integridad, Micaela dejó de publicar contenido en redes: “No subo historias. No quiero que sepan dónde estoy. Todavía tengo miedo.”

Su plan original era permanecer en Barcelona durante todo el año y luego regresar a Argentina para ejercer nuevamente su profesión. Ahora, esa decisión está atravesada por la incertidumbre.

“Yo vine a Europa a experimentar por uno o dos años. Y ahora me pregunto cómo vuelvo. Esto fue una noticia internacional. Llegó a Argentina, a España, a Canadá. No puedo creer lo que hicieron conmigo”.

El caso de Micaela Morales expone los riesgos de la desinformación y la falta de verificación en contextos sensibles. Una homonimia, algunas fotos similares y la ausencia de controles periodísticos bastaron para convertir a una joven profesional en blanco de amenazas internacionales.

Fuente: telam

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