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22/02/2026

Las maniobras ocultas del régimen iraní ante una posible guerra con EEUU y sus planes de supervivencia

Fuente: telam

El líder supremo Ali Khamenei designó a Ali Larijani como máximo responsable de la seguridad nacional para garantizar la supervivencia de la República Islámica en caso de ser asesinado en un conflicto armado

>La cúpula del régimen iraní, encabezada por el ayatollah Ali Khamenei, ha delegado en Ali Larijani —máxima autoridad de seguridad nacional— la tarea de articular la defensa del Estado y sobrevivir Desde enero, Larijani ha aumentado su peso en el aparato estatal por mandato expreso de Khamenei. A sus 67 años, el excomandante de la Guardia Revolucionaria y actual presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional ha desplazado al presidente Masoud Pezeshkian, quien carece de experiencia política y ha admitido sentirse desbordado ante los graves problemas nacionales.

El ascenso de Larijani se desarrolló en el marco de las protestas multitudinarias y advertencias de ataques estadounidenses. Ha tenido un papel central en la brutal represión de las movilizaciones -que dejó miles de manifestantes asesinados-, la gestión del orden interno y el diseño del nuevo esquema de seguridad. Según altos funcionarios iraníes, se han fijado mecanismos formales de sucesión que contemplan reemplazos inmediatos en caso de crisis extrema.

En el círculo de confianza figuran asesores militares de alto rango, como el general Yahya Rahim Safavi; el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf —designado para encabezar las fuerzas armadas en caso de guerra— y el jefe de gabinete Ali Asghar Hejazi. La estructura institucional aprendió de experiencias recientes, como el ataque israelí que desarticuló la cadena de mando militar.

A la labor del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, bajo tutela de Larijani, se sumó el nuevo Consejo Nacional de Defensa, dirigido por el almirante Ali Shamkhani, encargado de coordinar la gestión militar en caso de conflicto.

El despliegue militar y los dispositivos de defensa se han intensificado en las últimas semanas. Irán ha posicionado lanzadores de misiles balísticos en la frontera occidental con Irak y en las costas del golfo Pérsico, buscando responder a posibles ataques de Israel o de las bases estadounidenses en la zona. Las fuerzas armadas se encuentran en máximo estado de alerta, lo que ha implicado cierres temporales del espacio aéreo y ejercicios militares, incluido el cierre puntual del estratégico estrecho de Ormuz, vía esencial para el comercio global de energía.

Ante el riesgo de disturbios o desestabilización interna, se ha previsto el despliegue de fuerzas especiales de la policía, agentes de servicios de inteligencia y batallones de la milicia Basij en las principales ciudades, con la orden de patrullar calles, instalar puestos de control y detectar a personas vinculadas con potencias extranjeras.

La supervivencia institucional del régimen de los ayatolás se ha convertido en la máxima prioridad. El liderazgo iraní sopesa la viabilidad política del régimen si llega a perder a sus máximos referentes, para lo cual se perfilan como posibles administradores de crisis a Larijani, Ghalibaf y, de manera inesperada, al ex presidente Hassan Rouhani. Todos enfrentan señalamientos públicos por presunta corrupción o complicidad en violaciones de derechos humanos, con acusaciones de organizaciones que atribuyen a las fuerzas estatales la muerte de al menos 7.000 manifestantes desarmados en protestas recientes.

En el ámbito internacional, Lariyani ha intensificado los contactos diplomáticos, viajando a Moscú para reunirse con el presidente Vladimir Putin, manteniendo diálogos con líderes regionales y negociadores del acuerdo nuclear. Su presencia en medios se ha incrementado, tanto en entrevistas de televisión como en redes sociales, mientras que la del presidente Pezeshkian ha disminuido notablemente. Incluso ministros han admitido que deben consultar a Larijani para decisiones relevantes, como la restricción del acceso a internet.

El porvenir de la República Islámica dependerá de quién logre mantener la cohesión de las estructuras del sistema. Si ese liderazgo desapareciera, la continuidad misma del régimen estaría en cuestión.

Fuente: telam

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