09/02/2026
El colegio de Pinamar que limitó el uso del celular: de la resistencia de los alumnos al regreso del bullicio en los recreos
Fuente: telam
Luego de intentar que los estudiantes se autorregularan con la utilización de los dispositivos, el colegio Divisadero decidió restringir el celular en las aulas. “No estamos en contra de la tecnología; lo que buscamos es que su uso tenga un sentido”, dice Pamela Arigoni, directora de la secundaria y una de las dueñas de la institución
>En los recreos, la escena se repetía: chicos sentados uno al lado del otro, con el cuerpo pegado al del compañero, pero la mirada hundida en la pantalla. No había diálogo, cada uno estaba atrapado en su propio teléfono. Fue esa imagen la que encendió la alarma en el Colegio Divisadero de Pinamar.
Un año más tarde, en 2022, los docentes de la escuela empezaron a notar distracciones constantes y dificultad para sostener la atención por parte de los estudiantes. “Lo que más nos preocupaba tenía que ver con el nivel de distracción. Durante el 2023 el colegio intentó regular el uso de los aparatos y apostar al autocontrol adolescente. No funcionó. En ese contexto, antes de que iniciara el ciclo lectivo 2024, decidieron limitar el uso de los celulares casi por completo. Desde entonces, una vez que ingresan a la escuela, los alumnos los dejan guardados en cajitas o en placares bajo llave. Solo pueden usarlos en el segundo recreo y durante el almuerzo. Volvieron los módulos de papel y el subrayado.
“Al principio costó, sobre todo con los más grandes”, reconoce Arigoni. Según recuerda, hubo resistencia, ansiedad y hasta intentos de hacer trampa. Pero con el tiempo, algo empezó a cambiar: más bullicio en los recreos sin celular, más diálogo entre alumnos de distintas edades y chicos que, incluso cuando podían usar el teléfono, elegían no hacerlo. “Lo que más recuperaron es lo vincular. No tener el teléfono te obliga a interactuar con otros”, dice.Pamela Arigoni tiene 41 años, es licenciada en Gestión de Instituciones Educativas, profesora de Geografía y madre de dos adolescentes de 15. En 2018 asumió como directora del Colegio Divisadero, del que es dueña junto con su hermana Cecilia. “La institución tiene nivel inicial, primario y secundario. Son más de 400 alumnos y 210 cursan la secundaria”, explica.
En paralelo, el colegio empezó a relevar hábitos. “En los desayunos semanales que hacemos con cada curso, les preguntábamos cuántas horas dormían y cuántas horas usaban el celular. Sobre esto último, algunos hablaban de ocho horas; otros de catorce. Y nosotros les decíamos: ‘¿Cómo catorce si ayer estuviste en el colegio?’. Ahí aparecía algo llamativo: en el club no lo usaban, pero en la escuela sí”, cuenta Pamela. A eso se sumaba otro factor: muchas veces eran los propios padres quienes les escribían durante el horario escolar. “Siempre pedimos que ante cualquier cosa, se comuniquen con preceptoría. Pero igual les mandaban mensajes directos a los chicos”.
La preocupación empezó a escalar desde las aulas hacia la dirección. Cada vez más docentes advertían que pasaban más tiempo controlando pantallas que enseñando. “Tengo que ir uno por uno para que dejen de usarlo”, me decían. “Ahí fue cuando dijimos: ‘Se terminó’. Lo hablamos mucho con los profesores, porque más allá de que el mensaje bajara desde la Dirección, los que están en las aulas son los docentes y son los que tienen que poner el cuerpo”, recuerda Pamela. Frente a ese escenario, a fines de 2023 el colegio tomó la decisión de limitar el uso de los celulares. El momento coincidió con la publicación del “Se lo presentamos como una necesidad pedagógica y también como una forma de darles una mano. ‘Mientras sus hijos estén acá vamos a hacer que su vida pase por otro lado’, les dijimos”. La respuesta fue unánime. “No hubo un solo papá o mamá que se negara. Todos apoyaron. Les explicamos que esto iba a requerir acompañamiento, porque cuando los chicos hicieran un mal uso del celular ellos iban a tener que venir a retirarlo. Sin ese respaldo, no hubiese sido posible”, cuenta Arigoni.—¿Cuál fue la reacción de los alumnos cuando se implementó la medida?—¿Alguno intentó esquivar la medida?
—¿Los estudiantes reconocen algún cambio en su día a día en la escuela?
—¿Cómo cambió la forma de dar clases sin el celular en el aula?
—¿Qué sentís que recuperaron los chicos al volver a la lectura en papel y al subrayado a mano?
—A dos años de haber tomado esta decisión, ¿qué es lo que más te confirma que fue acertada?
—¿Qué implica hoy, para una escuela, ir a contramano de lo que pasa afuera?
Fuente: telam
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