03/02/2026
Matías Bottoni a nueve meses del accidente: la silla de ruedas que le rompieron en Ezeiza y la esperanza puesta en Barcelona
Fuente: telam
El nadador rosarino recuperó parte de la movilidad en los brazos y el torso. Ahora, se prepara para una nueva etapa de rehabilitación en el exterior. “Me motiva muchísimo”, dice. Aquí, su rutina diaria y la historia de la silla de ruedas donada que aún no puede usar
>—¿Cuento yo?
Se están por cumplir nueve meses del “En este momento no existe una cura concreta para mi patología, pero sí hay terapias para mejorar la calidad de vida. A la Argentina todavía no llegaron, porque son muy nuevas. En Barcelona, en cambio, hay más tecnología: tienen exoesqueletos y tratamientos personalizados. La idea es hacer todo eso”, explica. “Me motiva muchísimo. Es salir de la monotonía de la rehabilitación, que vengo transitando hace varios meses y, también, conocer otro lugar. Me va a hacer bien a la cabeza”, agrega.
En los últimos días, el nombre de Matías volvió a aparecer en distintos portales después de la denuncia que radicó su padre, Luciano Bottoni, por la rotura de una silla de ruedas de alta tecnología donada desde Israel, que fue dañada durante un vuelo internacional al llegar a Ezeiza. “Lo que pasó es un delito. No se puede tratar a una silla de ruedas como a un equipaje: es un medio de locomoción para una persona como mi hijo. Si él hubiera estado en ese vuelo, no hubiera podido regresar a Rosario”, resume.Matías va a rehabilitación con la misma determinación que tenía cuando entrenaba y soñaba con clasificar al Sudamericano Juvenil. La mentalidad de deportista sigue intacta, incluso frente a los altibajos que atraviesa.
Al principio, el panorama fue devastador: los médicos le dijeron que iba a quedar cuadripléjico. Con el paso de los meses, sin embargo, comenzaron a aparecer pequeños avances. Hoy puede mover los brazos y controlar el tronco; la movilidad de las manos sigue siendo limitada. “De a poco me fui acostumbrando a vivir así. Tengo mis bajones. Me permito estar mal, pero trato de volver a levantarme”, dice.
El accidente ocurrió el sábado 10 de mayo de 2025, durante el Campeonato Nacional de natación, en la pileta del Parque Olímpico de Villa Soldati. Mientras practicaba partidas en uno de los andariveles, Matías chocó con otro nadador que apareció de manera inesperada en su carril —una maniobra prohibida por reglamento— y quedó inmovilizado bajo el agua.“Luego de la primera asistencia en el hospital Santojanni, Bottoni fue derivado al Italiano, donde fue operado de urgencia y estabilizado. Desde entonces, el joven nunca volvió a su hogar. Está internado en el Centro Integral de Rehabilitación APREPA, donde pasa sus semanas acompañado por sus padres, que se mudaron a una casa alquilada cerca del lugar y se turnan para estar con él. Los fines de semana, cuando puede salir del centro, intenta distraerse: “A veces voy a la plaza, miro una peli o juego a la compu”, cuenta. “Mi vida cambió abismalmente. Mi familia, mis amigos y mis seres queridos están siendo mi sostén. No soy muy partidario de los psicólogos”, dice.La silla de ruedas que terminó dañada en Ezeiza era clave para Matías. Había sido donada por Eric Hecht, un argentino que vive en Israel y que sufrió una lesión similar a la del nadador hace más de dos décadas. Como traerla al país por los canales habituales era casi imposible —los trámites aduaneros podían demorar meses—, Luciano Bottoni decidió viajar a buscarla.El 28 de diciembre pasado voló a Israel, llegó al día siguiente y el 31 emprendió el regreso con la silla. Pasó las fiestas lejos de su familia con un solo objetivo: mejorarle la calidad de vida a su hijo. Hasta ese momento, según explican ambos, Matías se manejaba con una silla estándar, con respaldo de tela, lejos de lo que necesita una persona con su tipo de lesión.Luciano espera a que su hijo termine de hablar para intervenir y aporta un dato clave: “Una silla común tiene un aro metálico que se agarra y se empuja. Mati hoy no puede apretar con los dedos. Lo que hace es apoyar el talón de la mano e impulsarse. En ese sentido, esta silla lo asiste. Para subir una rampa, por ejemplo, es fundamental”.
Durante el viaje de regreso, la silla había sido trasladada con especial cuidado. En los vuelos previos, según explica Luciano, fue llevada hasta la puerta del avión y protegida durante todo el trayecto. Incluso, en uno de los tramos, la aerolínea asignó asientos especiales para resguardar las ruedas.“El valor de esa silla ronda entre los 30 y los 40 mil dólares. Supongamos que mañana me compran otra o pagan la reparación, pero ¿qué hace Matías mientras tanto?”, se pregunta Luciano. “La principal causa de volver a una internación son las escaras, que aparecen por malas posturas”.
Con ese escenario —una rehabilitación intensa en Santa Fe y la silla dañada aún sin resolver— apareció la posibilidad que hoy concentra todas las expectativas: un viaje a Barcelona para iniciar un tratamiento en el Institut Guttmann, uno de los centros de referencia mundial en lesiones neurológicas.
El tratamiento es costoso (“Más de diez mil euros por mes”, dice Luciano) y el tiempo de estadía dependerá de los recursos que logren reunir. “En un primer momento iríamos los cuatro para estar juntos y acompañar, pero después el hermano de Mati, que tiene 12 años, y yo volveríamos para que él pueda seguir con la escuela. Valeria se quedaría con Mati allá unos tres meses, que es lo que fuimos juntando”, explica.
A pocos días de cumplir 18 años, el próximo 8 de febrero, Matías sabe que el camino es largo, pero está dispuesto a seguir intentando.
Fuente: telam
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