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24/01/2026

Lo que no se soporta en “El tiempo de las moscas”

Fuente: telam

La serie, basada en dos novelas de Claudia Piñeiro, ya es una de las vistas en Netflix Argentina. Por qué hay momentos en que ahoga

>No le puede ir mejor a El tiempo de las moscas. La serie de Netflix, que se basa en dos novelas de Claudia Piñeiro, se estrenó en los primeros días de este año, enseguida se puso entre las primeras 10 de la plataforma en la Argentina y la semana pasada llegó al número 1. No le puede ir mejor y, sin embargo, hay ahí algo insoportable. Paso a desarrollar.

El tiempo de las moscas parte, dijimos, de dos novelas que tienen una misma protagonista: Inés. La primera novela es Tuya, donde Inés es una mujer de clase media alta, casada con un tipo atractivo y una hija con la que muy bien no se lleva. La segunda es El tiempo de las moscas, que empieza cuando ella sale de la cárcel. Si sale de la cárcel es porque pasó algo. Y ese algo -no spoilear, no spoilear- pasó en Tuya o entre una novela y otra.

Lo que se ve, en la serie, es que Inés -la hace Carla Peterson- está bastante en banda, que el marido tenía todo a su nombre y a ella no le va a tocar nada, que la hija cri cri. Lo que le queda es la Manca, una excompañera de presidio, que le va a tirar un cable. En las serie, la Manca tiene una empresita de fumigación. Le da a Inés casa, empleo, oreja y buen trato. No es poco. En la novela, la Manca es detective y la que fumiga es Inés. “Fumiga” será algo central en la trama.

La serie hace un hermoso trabajo entrelazando las dos novelas. Arranca en el presente, irrumpe el pasado, vuelve. Es que este presente no se entiende sin ese pasado. Ni el personaje de Inés, que está entre dos mundos. ¿Ella es aquella señora? ¿No lo es más? ¿Se puede dejar de ser rotundamente de una manera y, de verdad, ser otra? Esta audacia que muestra Inés ¿viene de antes?

Es que Inés ha sido -en Tuya- una señora tradicional de esas que viven para la familia. El marido atractivo, bueno, es obvio que tiene sus aventuras. Se nota, lo sabemos los lectores, lo sabe Inés. Pero quizás eso no sea lo peor, quizás lo peor sea el desdén con que la mira, o con que no la mira. Si algo no desea el marido de Inés es a Inés, eso queda clarísimo.

Para aquel entonces hacía más de un mes que Ernesto no me hacía el amor. O quizá dos meses. No sé. No era que a mí me importara demasiado. Yo llego a la noche muy cansada”, dice Inés en el arranque de Tuya y ahí está condensado casi todo: la falta de deseo de él, las justificaciones de ella. Un poco de nervios dan las justificaciones, es un intento desesperado de no ver nada.

O bueno, de ver y saber qué es lo que le conviene. ¿Tiene que hablar con Ernesto por el temita del sexo? Inés reflexiona: “(...) me dije, ¿y si me pasa como a mi mamá que por preguntar le salió el tiro por la culata? Porque ella lo veía medio raro a papá y un día fue y le preguntó: «¿Te pasa algo, Roberto?». Y él le dijo: «¡Sí, me pasa que no te soporto más!». Ahí mismo se fue dando un portazo y no lo volvimos a ver“.

Sin embargo, taparse los ojos puede ser poco. También hay que taparse la nariz -¿cómo no oler ese perfume de la camisa, cómo no sentir el olor rancio de la situación?-, hay que taparse las orejas y, sobre todo, hay que taparse la boca. Hay que callarse bien bien callada. Hay que callarse hasta el fondo para tener marido, tener hija, ir al gimnasio, vivir la vida que se tiene.

Inés -la de antes de la cárcel- tiene un máster en eso. Si algo sabe, es callarse: >La figura es clara: si está cerrada la boca, tapadas las orejas, apretada la nariz... la explosión va a ser un desastre. Va a ser una explosión no por todos lados sino como un destrozo.

En la serie, todo esto estará narrado en el tercer capítulo, Tu vida no termina acá, que dirigió Naishtat. Un capítulo que dan ganas de agarrar un ladrillo y romper un vidrio para que entre un poco de aire, para que salga el aire viciado, para que alguien se escape por ahí o por lo menos para que suene a desastre y deje de estar todo tan ordenadito.

Esto es lo que se ve en la vida de Inés. Que podría vivir así -muy mal, muy mal- para siempre. Pero, tranquilos, Claudia Piñeiro no la va a dejar. A veces pienso que Inés se lo agradece. Y, a veces, no estoy tan segura.

Fuente: telam

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