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23/01/2026

“Lo mandaron a casa con ibuprofeno”: los últimos días del adolescente de 14 años que murió por hantavirus en San Andrés de Giles

Fuente: telam

Rodrigo Morinigo empezó con síntomas el 25 de diciembre. Fue al hospital municipal y, según su familia, no recibió una atención adecuada. El caso reavivó la alarma por la enfermedad en la provincia de Buenos Aires: ya son cinco las víctimas

>“Por más que mi hijo no esté, seguimos siendo siete”, le dice a Infobae David, padre de Rodrigo Morinigo, Del otro lado del teléfono, la voz del hombre se quiebra. “Me cuesta arrancar. Me cuesta volver a tocar el tema. Todos los días voy al cementerio, me siento un rato en frente de él y le pido fuerza para sacar adelante a la familia”, dice.

El caso no es aislado. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, entre julio de 2025 y la primera semana de enero de 2026 se registraron 58 casos de hantavirosis y 20 muertes en el país. Más allá de los números, la familia Morinigo sostiene que en el hospital de San Andrés de Giles Rodrigo no recibió una atención adecuada. Hablan de decisiones médicas tardías, demoras y falta de estudios que —aseguran— le quitaron tiempo vital. “Lo mandaron a casa con ibuprofeno”, dice su padre. “Ahora no me quieren dar la historia clínica”, agrega.

Rodrigo Morinigo nació el 25 de enero de 2011 y era el cuarto de cinco hermanos: Brian (22), Leonardo (19), Benjamín (16) y Ámbar (8). Vivía con su familia en el campo, a unos 15 kilómetros de San Andrés de Giles, y viajaba todos los días al pueblo para ir a la escuela. Su papá, albañil, lo acompañaba en colectivo. “Era un chico muy respetuoso y educado. Había pasado a tercer año del secundario. Sus compañeros del colegio lo adoraban”, cuenta.

El 31 de diciembre, al ver que su hijo empeoraba, David volvió a llevarlo al hospital. “Tenía 40° de fiebre y lo único que hacía era tomar agua. ‘Tengo sed, tengo sed’, decía”, cuenta. Esta vez lo atendió una médica que conocía a la familia y ordenó placas y análisis. Los primeros resultados abrieron varias hipótesis —entre ellas, dengue hemorrágico— y optaron por dejarlo en observación con suero.

El 1° de enero, Rodrigo fue derivado al Hospital Interzonal General de Agudos “San José” de Pergamino, a unos 140 kilómetros de San Andrés de Giles. En el trayecto volvió a descompensarse. “Yo estaba desesperado, no sabía qué hacer”, resume David. Antes de salir, dice, su hijo le alcanzó a decir a su mamá que le dolía el pecho y que no podía respirar. “Le pedía que le pusieran algo para calmar el dolor”, recuerda.

La confirmación del diagnóstico llegó al día siguiente, pero ya era tarde. Rodrigo murió en la madrugada del 3 de enero, en terapia intensiva. David asegura que en Pergamino “hicieron hasta lo imposible” para salvarlo. “Yo les agradezco. Así tendría que haber sido desde el principio en Giles”, insiste. Y cierra con la frase que repite desde entonces: “No puede haber otro Rodrigo”.

La muerte del adolescente sacudió a la comunidad gilense. Según informaron las autoridades, si bien el caso fue verificado por laboratorio, todavía no se pudo determinar el sitio exacto de contagio. San Andrés de Giles había registrado casos en 2019 y 2020 —siempre vinculados a áreas rurales—, pero hasta ahora no se habían reportado víctimas fatales.

Infobae intentó contactar a la Secretaría de Salud local, Yamila Maccari, pero al cierre de esta nota no obtuvo respuesta.

En esa misma entrevista radial, consultada sobre el trabajo posterior con la familia, Maccari señaló que, aunque la probabilidad de contagio de persona a persona es baja, se estaba realizando un seguimiento epidemiológico y clínico “según los protocolos”. “Por supuesto que, como seguimos al grupo familiar, también lo acompañamos en todo lo que tenga que ver con apoyo en salud mental”, dijo.

David, sin embargo, cuestiona la respuesta del municipio una vez que Rodrigo murió. “Lo único que hizo Bromatología fue dejarme un listado con instrucciones para limpiar mi casa. Tuve que conseguir veneno para ratas y desinfectante. No recibí nada por parte del Municipio. El pasto lo cortó un vecino y los productos me los regaló un amigo”, reclama. También asegura que advirtió sobre un galpón cercano a su domicilio con presencia de roedores, pero no hubo respuesta. “Nosotros no podemos hacer nada porque nos mandaron acá”, le contestaron.

Mientras continúa desinfectando su casa, él y su familia se fueron a vivir a otro lugar: “Estamos en lo de otro amigo, a unos quinientos metros. Si no era por él, capaz que terminábamos durmiendo en una plaza o en la terminal”.

El hantavirus es una enfermedad viral grave que se transmite al ser humano por roedores —principalmente por el ratón colilargo— y por el contacto con su saliva, orina o heces, ya sea en el ambiente o de forma directa. En menor medida, puede contagiarse por mordeduras. No tiene vacuna.

De acuerdo con el Ministerio de Salud, la letalidad más elevada se registró en el grupo de 50 a 59 años, con un 75%. En lo que va de esta temporada, Rodrigo fue uno de los dos menores fallecidos: Para prevenir el contagio, las autoridades recomiendan evitar el contacto con roedores, sellar viviendas para impedir su ingreso y limpiar pisos, paredes y muebles con soluciones desinfectantes. Además, se aconseja ubicar huertas y leña a más de treinta metros de la vivienda, mantener el pasto corto y ventilar los ambientes cerrados, al menos 30 minutos antes de la limpieza.

Fuente: telam

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