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09/01/2026

El fracaso de las “buenas” cifras

Fuente: telam

La ciudadanía se cansó de gobiernos que funcionan en papel, pero fallan en la experiencia cotidiana

>“El crecimiento económico que no mejora la vida cotidiana de las personas es políticamente insostenible”. La idea aparece de forma recurrente en la literatura de economía política —de Joseph Stiglitz a los informes del PNUD— y resume una verdad que muchos gobiernos ya desplazados por la historia aprendieron tarde: no basta con tener buenas cifras si la gente no las percibe.

Esa confusión explica por qué hoy la transformación recorre el mundo en todas las latitudes y en todos los espectros ideológicos. La transformación recorre el mundo no como consigna ideológica, sino como una corrección profunda: la ciudadanía se cansó de gobiernos que funcionan en papel, pero fallan en la experiencia cotidiana.

Porque cuando un gobierno no tiene margen financiero, incluso la mejor intención se queda corta. Esa capacidad de respuesta construida desde la prudencia fiscal tiene testigos. María es madre soltera y trabaja en un pequeño negocio. Durante años, regularizar su local significaba perder días enteros entre ventanillas. Hoy, gracias a trámites digitalizados y tiempos reducidos, pudo hacerlo sin cerrar su negocio ni perder ingresos. La eficiencia, en su caso, fue tiempo ganado para trabajar y cuidar a sus hijos.

Luis, joven trabajador, sufrió un accidente menor rumbo a su empleo. La ambulancia llegó sin demoras y hubo medicinas inmediatas para su tratamiento y recuperación. Para él la recaudación efectiva de impuestos no fue una estadística de servicios públicos; fue llegar a casa ese mismo día y no perder su fuente de ingresos. En otra colonia, una familia pudo reconectar servicios básicos tras un problema administrativo que antes tomaba semanas. Hoy se resolvió en una fracción del tiempo. Para ellos, la eficiencia fue algo muy concreto: volver a la normalidad.

Ninguno de estos casos aparece en un cuadro macroeconómico. Pero todos dependen de lo mismo: finanzas públicas sanas y capacidad de decisión. Eso es la trasformación que hoy sacude, para bien, al mundo.

Por eso gobernar con dos manos no es una metáfora retórica. Con una, la derecha, se impulsa crecimiento, inversión y eficiencia. Con la otra, la izquierda, se transforma ese crecimiento en respaldo social, protección y acompañamiento. La Presidenta de México lo tiene aún más claro: la gente ya no evalúa a los gobiernos por sus gráficas, sino por su presencia cuando se cae un ingreso, cuando surge una emergencia, cuando la vida se complica.

* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.

Fuente: telam

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