07/01/2026
¿Y si Caín no fue tan villano? Rivalidades, celos y la herida secreta que une a hermanos y amigos
Fuente: telam
Desde la Biblia hasta las novelas de Unamuno y Saramago, la historia de Caín revela cómo la envidia, la búsqueda de reconocimiento y el dolor silencioso moldean los vínculos más íntimos y complejos de la humanidad
>¿A quién no le gusta que le vaya mal al prójimo? Mucho más si este, además, es una persona exitosa. ¿A quién no le gusta ver el ascenso y descenso de los preferidos? ¿Qué hincha de un club no mira los partidos del equipo rival para gozar de cómo pierde? ¿Por qué siempre hay lectores o espectadores para las notas en que se habla del terrible presente de un actor que fue furor en otra época?
Sigmund Freud escribió un artículo muy bello para dar cuenta de esta cuestión. El título fue “Pegan a un niño”, y su tema era el análisis de una fantasía común a diferentes personas que encontraban satisfacción en ver (imaginar) cómo se le pegaba a un pequeño. El desarrollo implícito de ese goce mezquino era: si le pegan a él, es porque me prefieren a mí. Por cierto, no son pocas las personas que aún hoy –con valentía– cuentan en análisis que, si le pasa algo malo a otro, sienten que así se salvaron ellas.El origen psíquico de la intención malévola hacia el otro es complejo. No siempre está en un odio directo; a veces incluso este mismo reconoce una cláusula preliminar: desearle el mal a otro es una fuente de alivio; puede ser que así me sienta más digno en mi narcisismo herido, pero también podría ser una manera de protegerme de un temor (“Qué suerte, el otro es humano y también le pasan estas desgracias”) o la vía por la que expío la frustración por todas las cosas que no me salen.Las pasiones bajas carcomen a los seres humanos desde que el mundo es mundo. Quizá tengamos algo para aprender si, en vez de juzgar, nos abrimos seriamente a la comprensión. Una vieja historia, la de Caín y Abel, muestra que no siempre fue fácil tolerar la diversidad y que hasta entre quienes se quieren, cuando hay debilidad, se puede llegar a provocar dolor, sin tener en cuenta que al lastimar también nos lastimamos a nosotros mismos.
¿Por qué las grietas suelen ser más terribles entre personas que piensan más o menos de la misma manera? A este fenómeno se lo conoce como “narcisismo de la pequeña diferencia” y se reconoce su incidencia a partir de la acción que busca diferenciarse denostando a alguien que nada malo nos hizo, pero que pasa a representar el mal contra el cual, por contraposición, nos proponemos como el bien. La historia de Caín y Abel suele interpretarse en términos de Bien y Mal. El malo mata al bueno; pero, ¿si el malo no era tan malo y, en consecuencia, el bueno no era tan bueno? El pobre pastorcito muere en manos del hermano resentido que, por no sentirse bendecido por Dios, asesta el golpe mortal. En algún momento tenemos que dejar de lado la narrativa burda que reconstruye los vínculos en estos términos.En el mismo año en que Freud publicó Pegan a un niño, 1919, también se lanzó al mundo un libro reeditado a través de las generaciones: Demian, de Herman Hesse. Con una clara influencia de Carl Jung y Nietzsche, Hesse reconstruye la versión de Caín a través de su personaje Max Demian. ¿Y si Caín, en vez del celoso fratricida, fue mejor el chivo expiatorio de una colectividad de mediocres que se hacen los buenos?En la versión sugerida por Hesse, Caín es el superhombre que no se amilana ante su voluntad de poder; es el fuerte capaz de integrar la oscuridad, de hacerle lugar a su sombra y sus conflictos, en un mundo hipócrita que toma partido por la ingenuidad victimizada de Abel para no enfrentarse con sus propios crímenes. No es nada raro que quienes quieren defender a los supuestos buenos terminen reproduciendo el mal que querían remediar.En esa misma época, dos años antes, hubo otra recreación del drama de Caín. Se trata de la novela Abel Sánchez, de Miguel de Unamuno. En 1917, se publica esta historia de dos amigos, Joaquín y Abel, el primero de los cuales sufre al ver cómo al segundo todo le sale de la mejor manera, mientras que él tiene que esforzarse. Joaquín es un médico perseverante y Abel un pintor celebrado. A este el mundo se le brinda, al punto de que se casa con la mujer de la que Joaquín está enamorado.Por otro lado, el nieto no se llamará como su abuelo Abel porque este no quiere que sea el tercero en llevar el nombre y, a su vez, Abelín cuenta que su padre no lo inclinó hacia la pintura… lo que hace sospechar que el bueno de Abel quería ser el único y no quería que otro lo reemplazase, ni en la profesión ni en la transmisión generacional. Por lo tanto, ¿quién era el envidioso que quería retener todo para sí?
En la Navidad pasada En esta novela Saramago toma al fratricida como protagonista y, a su vez, representante de la Humanidad. A lo largo de las páginas, recorre todos los episodios fundamentales de la Escritura, para plantear un conflicto inédito: el Hombre contra Dios. Caín no es solo quien mató a su Hermano, sino quien, por este mismo hecho, queda enfrentado al Creador. Vamos a intentar reconstruir el argumento.
La Historia comienza con la Creación y la expulsión del Paraíso de Adán y Eva. Según Saramago, si Dios hubiera querido que no comieran del árbol, podría haber tenido el delicado gesto de no ponerlo ahí. Incluso cuando Eva le dice a Dios que fue la serpiente la responsable de convencerla, Dios le dice: “Yo no cree serpientes”.De un modo compasivo podría decirse que ser Criatura es una responsabilidad; que no podemos caer en la acusación fácil de que las calamidades pasan porque Dios no las evita. La existencia de la Divinidad tampoco excluye del azar y a veces el ateísmo no es más que una defensa neurótica para no vivir con la intuición de un destino.
A la caída del primer Hombre, le toca la de su hijo, porque la Humanidad entera tiene que perderse para reencontrarse. Dios pone una marca en la frente de Caín, para que este sea errante y vague para conocer la Historia de la Humanidad, la de su descendencia, ya que en la primera estación Saramago hace que Caín se encuentre con Lilith –que en la tradición pagana simboliza a la primera mujer, previa a Eva; hay quienes la representan como a la serpiente sin más– y tenga un hijo.
La Humanidad nace para perderse. En la muerte de Abel se pone en juego la pérdida de la ingenuidad y el conflicto en el interior del alma. El ser humano debe luchar consigo mismo para no crearse un Dios a la medida de su propia hostilidad, porque así solamente aspira a ser divino por su maldad. Cada vez que se cree con capacidad de juzgar a otro, el ser humano es malvado y se cree Dios.Luego llega a Babel, cuya destrucción se atribuye a Dios, pero también es cierto que los hombres pensaron que “después de hacer la torre ya nadie nos podría impedir que hiciéramos lo que quisiéramos, por eso nos confundió las lenguas”. Otra vez la misma historia, se pone afuera una intención interna que no se reconoce como tal; lo que es efecto se propone como causa.
Como el mundo era un desastre, Dios decide hacer borrón y cuenta nueva. Entonces le encarga a Noé hacer una selección de dos animales de cada especie y construir una barca, que es la que salvaría del Diluvio. Allí viajan Noé y sus tres hijos con sus esposas, pero Caín se da maña y logra infiltrarse.
Podría terminar mi comentario aquí, pero no quisiera dejar de decir que el de Eva no es el único sueño que tenemos en esta gran novela. También hay uno de Caín, en el que ve “al hermano en el umbral de la puerta, a su espera. Así lo recordará durante toda la vida, como si hubiera hecho las paces”.
La novela de Saramago es excelente para dar cuenta de cómo se construye una fantasía paranoide. Caín es un paranoico. Caín es la paranoia que habita en el alma y en el corazón de todo ser humano.
El gesto de Caín es un ensayo que está en una serie de libros del psicoanalista italiano, junto con El grito de Job y La noche de Getsemaní, que realizan un acercamiento entre la religión católica y los fundamentos de la práctica propuesta por Freud.
En el ensayo sobre Caín, Recalcati comienza –al igual que Saramago– con el relato de la creación. Destaca algo que suele pasar desapercibido: que Dios haya creado el mundo es un modo de decir que este no es una prolongación de Él; por lo tanto, lo creado no proviene en línea directa (como en las emanaciones plotinianas).
Esta diferencia introduce desde el principio en las criaturas humanas la posibilidad de la libertad. Porque haber sido creados a imagen y semejanza de Dios no quiere decir ser iguales a Él y, por lo tanto, aquí se da la primera prohibición, la de no pretender ser como dioses. En este punto es que Dios prohíbe a Adán y Eva comer del árbol de la sabiduría.De este modo, Adán y Eva se alejan del amor de Dios y pecan. Como buena perversa, la serpiente convence de la perversión del Otro y, luego, abandona. Sin embargo, por amor Dios falta a su palabra: si en su momento les dijo que, en caso de comer el fruto prohibido, morirían, lo cierto es que les perdona la vida; mejor dicho, les da una vida a partir de que se sientan desnudos –desnudez que recubre.
A partir de estas líneas se entiende por qué la difamación es un pecado gravísimo y, de acuerdo con las comillas de Recalcati (‘toda’) víboras no hubo solo en un tiempo lejano y mítico. La lengua que viene que separar y poner a unos en contra de otros, en contra del amor de Dios, tiene una enorme vigencia.
A continuación, Recalcati establece una relación entre el fratricida y la serpiente: “Caín también interpreta la acción de Dios como un gesto de puro poder arbitrario. Caín también –al igual que la serpiente– comparte el fantasma neurótico del padre dominador, del padre perverso que aplasta la vida de sus hijos, que gestiona la Ley con el único criterio del propio capricho”.
Pocas cosas producen más placer que odiar. Existe un goce de odiar, ¿quién puede ser tan ingenuo (o mentiroso) como para negarlo? El punto es si tendremos la honestidad de ir a la raíz de esa pasión.
Hay que estar de algún modo muerto para darle lugar en la propia vida a las pasiones bajas; por eso el conflicto interno que plantean es de la vida contra muerte, la vida que debe ser recuperada.
Repensar la figura de Caín en este mundo fratricida es un modo de revitalizar el valor de una diferencia sustantiva y real. No hay lugar para el otro si este no es Otro y el costo de la atribución de perversión se paga con paranoia.
Fuente: telam
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