06/01/2026
Lo que viene después de Maduro es la verdadera prueba
Fuente: telam
De cara al futuro, será indispensable un compromiso cívico sostenido, porque una transición democrática no puede depender únicamente de la intervención externa
>En la mañana del 3 de enero, fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos arrestaron al líder venezolano Nicolás Maduro en una operación altamente coordinada que captó de inmediato la atención mundial. Las autoridades estadounidenses sostienen que Maduro supervisaba una extensa red de narcotráfico que perjudicaba los intereses de Estados Unidos. Algunos críticos, citados por The New York Times, cuestionaron si los flujos de drogas provenientes de otras regiones representan una amenaza más inmediata, planteando así interrogantes más amplios sobre la justificación de la operación.
Estos intercambios, sin embargo, corren el riesgo de pasar por alto un aspecto fundamental: la crisis venezolana no puede entenderse únicamente a través del prisma del narcotráfico o de la política energética. Bajo Hugo Chávez, y posteriormente bajo Maduro, el Estado venezolano se consolidó como un proyecto político con ambiciones regionales que trascendieron ampliamente sus fronteras.
De manera simultánea, el gobierno de Chávez cultivó relaciones con actores armados no estatales, incluidos grupos guerrilleros colombianos y otras organizaciones militantes. Desde Caracas, estas relaciones fueron presentadas como una estrategia de disuasión frente a una posible intervención extranjera, aunque en la práctica contribuyeron a una mayor inestabilidad regional. Durante un tiempo, la riqueza petrolera venezolana sostuvo esta política exterior. Los acuerdos energéticos subvencionados aseguraron apoyos políticos en el Caribe y Centroamérica, mientras que prácticas laxas en materia de pasaportes y visados otorgados a iraníes y otros dudosos elementos generaron preocupación entre los servicios de seguridad de la región.
Los vínculos cada vez más estrechos del régimen de Maduro con Irán también han despertado inquietud, especialmente ante informes que señalan la expansión de redes asociadas a Hezbollah en América Latina y el Caribe. Aunque el alcance exacto de esta presencia sigue siendo objeto de debate, la percepción de una creciente influencia extrarregional ha reforzado las preocupaciones de los responsables políticos tanto en Estados Unidos como en la región.
Con todo, la salida de Maduro es apenas el primer paso, y probablemente el más sencillo. Figuras clave del aparato de poder venezolano permanecen en sus cargos, entre ellas Diosdado Cabello, una pieza central del sistema de seguridad, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien conserva la lealtad de amplios sectores de las fuerzas armadas. Aunque Delcy Rodríguez ha manifestado disposición a cooperar con Estados Unidos, ya se evidencian tensiones internas, con sectores duros que acusan de traición a los más moderados.
El propio presidente Trump afirmó recientemente que “los estadounidenses estamos al mando” de lo que ocurre en Venezuela. En realidad, no lo estamos. La estructura de la dictadura sigue operando, aun sin Maduro.
En última instancia, el éxito de la operación estadounidense no se medirá por su ejecución táctica, sino por lo que ocurra después. Una transición estable, inclusiva y responsable —capaz de evitar tanto el colapso institucional como la mera continuidad autoritaria— determinará si Venezuela puede avanzar hacia la recuperación o seguir atrapada en la crisis.
Fuente: telam
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