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03/01/2026

‘Nouvelle Vague’, una oda de Richard Linklater a Godard y su revolución del cine

Fuente: telam

El director estadounidense viaja a París en 1959, cuando un joven y arrogante crítico de cine convertido en realizador rueda “Sin aliento”, su primera y ahora legendaria película

>Nouvelle Vague de Richard Linklater, -estreno de la semana en Buenos Aires y pronto en Netflix Latinoamérica-, es un filme sobre la realización de películas y está impregnado de un glamour embriagador: el glamour de la juventud, de la belleza, de las grandes búsquedas estéticas, de París al atardecer y, bien sûr, del propio cine. Ambientada en su mayor parte en la capital francesa en 1959 y casi enteramente en francés, la cinta rememora el movimiento homónimo que encarnaron jóvenes cineastas que trastocaron y desafiaron las normas cinematográficas tanto con los relatos que contaban como, fundamentalmente, en el modo de hacerlo. Con nuevas actitudes, técnicas, tecnologías, elencos, equipos y con el apoyo mutuo, tomaban elementos del pasado, dialogaban con el presente y creaban el futuro.

Ese asalto ya está en marcha cuando Linklater inicia su película, que recrea cómo el Godard de 29 años llegó a dirigir Sin aliento, su primer largometraje. Interpretado con seductora y adecuada opacidad por el debutante Guillaume Marbeck, Godard aquí no es el prototipo familiar de las biografías de pantalla. Hay poco sobre su pasado, su familia, formación escolar, vino favorito o marca de tabaco, o cómo llegó a escribir crítica cinematográfica para Cahiers du Cinéma junto a otros jóvenes revolucionarios como François Truffaut (Adrien Rouyard), Claude Chabrol (Antoine Besson) y Éric Rohmer (Côme Thieulin).

El nacimiento al que recurre Linklater no es el de un individuo, sino el de una película y el de un artista que se volvió la apoteosis de un movimiento. Nouvelle Vague trata sobre arte, amor, libertad y amistad, entre otras cosas, pero también sobre un momento preciso; como la reciente Blue Moon del mismo realizador, un retrato melancólico del letrista Lorenz Hart ambientado en la noche del estreno de Oklahoma! Creada por el antiguo compañero de Hart, el compositor Richard Rodgers, y el letrista Oscar Hammerstein II, el musical fue ampliamente aclamado; para algunos, sin embargo, señaló el triunfo de la mediocridad disfrazada de alta cultura en forma atenuada y complaciente. De modo similar, el grupo de los Cahiers atacó lo que consideraba la “tradición de calidad” del cine francés, sus convenciones estériles e imperativos comerciales.

El marco temporal en Nouvelle Vague es más amplio que en Blue Moon; comenzando en 1958, la nueva película se prolonga durante gran parte de 1959, pero también regresa a un punto específico de ebullición cultural. Linklater perfila el período con foco y una narración fluida, utilizando la creación de Sin aliento para ilustrar un contexto mayor. En poco tiempo, presenta a Godard –vivaz, ingenioso, y vibrando de energía ansiosa tras sus gafas de sol siempre presentes– junto a su círculo, incluyendo a sus compañeros de Cahiers y algunos otros; Agnès Varda hace una aparición, al igual que Jacques Demy. Para entonces, Jean-Luc ya había realizado cortos, pero sus amigos en Cahiers ya habían dirigido sus primeros largometrajes. Chabrol pronto haría el tercero.

Tales escenas son un deleite para cinéfilos, y resulta estimulante ver cómo Linklater recrea ese momento, que comienza con Jean-Luc Godard y tres amigos sentados en un cine envueltos en humo de cigarrillo mientras ven impasibles una película que solo les interesa por el cóctel posterior. Es allí donde Godard, entre conversaciones con una actriz atractiva y desesperándose por sus perspectivas, insulta al productor de la película que acaba de ver. Tiempo después –justo tras la proyección triunfal en Cannes del primer largometraje de Truffaut, Los cuatrocientos golpes– ese mismo productor accede a respaldar el primer largometraje de Jean-Luc Godard. Él tiene otros filmes que quiere realizar, pero el productor insiste en Sin aliento precisamente porque fue escrito por el entonces flamante director Truffaut.

Las escenas del rodaje de Sin aliento son encantadoras y a menudo graciosas, con una ligereza acorde con el filme original, su producción apresurada (se rodó en cuatro semanas) y su frescura duradera. Linklater transmite los obstáculos y soluciones del rodaje–“Busquen soluciones técnicas baratas para problemas logísticos”, aconseja Rossellini– así como sus alianzas y tensiones. Godard y Coutard pronto caen en una sincronía productiva mientras Belmondo y Seberg desarrollan una relación lúdica y coqueta. Más que nadie, ella expresa su frustración ante las oscuras sentencias del realizador, sus citas y un método (antimétodo) que contradice su experiencia en Hollywood. Y no es para menos: “Lo que quería era tomar una historia convencional y rehacer, pero de forma distinta, todo lo que el cine había hecho”, dijo luego Godard.

Existe un componente autobiográfico evidente en Nouvelle Vague para Linklater, quien rodó su primer largometraje, Slacker, en 1989 con un presupuesto mínimo. En los años siguientes, mientras el gran Hollywood seguía reduciéndose hasta llegar a su estado menguante actual, el movimiento de cine independiente estadounidense explotó en algo llamado Indiewood, solo para después replegarse en ciclos de crisis y reajuste. Por su parte, Linklater siguió haciendo películas, incluso sobre artistas y el arte. Cuando vi Nouvelle Vague en Cannes a principios de 2025, al principio la clasifiqué como un homenaje encantador y explícitamente no godardiano. Al verla de nuevo, reconocí que la película de Linklater es en sí misma una expresión de cierta forma de abordar –una conciencia– los placeres y posibilidades del cine, una que al mismo tiempo abraza el pasado del arte e insiste en su futuro.

[Fotos: prensa Netflix]

Fuente: telam

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