03/01/2026
Ataúlfo Pérez Aznar: “Una buena imagen interpela y te hace salir de la indiferencia”
Fuente: telam
El fotógrafo platense habla de su libro “Apuntes de Brasil”, señala de las singularidades de su profesión y asegura que, paradójicamente, en tiempos de abundancia de imágenes “somos analfabetos visuales”
>La noche en que fueron a buscarlos no estaban. Ataúlfo Pérez Aznar y Helen Zout, recién casados, octubre de 1976, cuando un grupo de hombres tocaron el timbre de su casa, justo no estaban. Ahí empezó la clandestinidad. Se abrazaron a la red social de compañeros y amigos y fueron durmieron en diferentes casas de La Plata. Hasta que llegó el verano. Entonces se fueron a la costa. Ahí empezaron a fabricar muñecos de paño que vendían en las playas más alejadas, como Santa Clara del Mar y Miramar.
De a poco empezaron a llevar a su hijo a una plazoleta cercana, a tomar un curso de francés, a intentar una vida normal. Le sacaban fotos al chiquito, muchas, también a lo que veían en esos breves paseos a la luz del día. Fueron tres años así hasta que surgió la idea de irse a Brasil. “Después del mundial, a mediados del año 1978, parecía que había menos represión”. En 1979, en un Fiat 1500, viajaron junto a algunos familiares. Siempre en carpa. Volvieron con el auto roto, arriba de un camión.
El libro Apuntes de Brasil (1979-1981) es la reconstrucción de ese viaje y de otro realizado en 1981, recorriendo los mismos lugares y, como fotógrafo, con la idea más clara. Antes del encierro, Ataúlfo Pérez Aznar estudiaba antropología cultural, historia y geografía. Recién cuando terminó la dictadura se pudo recibir de geógrafo. “Estábamos solos en el departamento; cada tanto veíamos a algún familiar. Entonces me puse a estudiar sistemáticamente fotografía”, cuenta Ataúlfo, del otro lado del teléfono. ¿Qué significaba ser fotógrafo en un contexto de encierro? “En ese momento solamente podías sacar fotos en La Boca o en la plaza de San Telmo, donde las cámaras eran potables. No podía ir a cualquier lado y sacar lo que me gustaba porque me agarraban de las pestañas”. Ahora, con una larga trayectoria sobre sus espaladas como fotógrafo, curador, docente y gestor cultural —fundó la primera fotogalería especializada del país: Omega—, repasa esos años y el largo camino hasta la reciente edición del libro.Una tarde de 1979 en Itapoá, saliendo a sacar fotos, Ataúlfo vio un hombre durmiendo en un asiento de auto. A su lado, varios cajones de adultos y dos pilas enormes de cajones para niños. “Eso me permitió entender la profundidad que tenía la muerte en el noreste de Brasil. Entonces, en el segundo viaje, fui justamente a buscar todos esos lugares. Cementerios con salas mortuorias, cosa que acá no existen. Vi que enterraban a un nene y de pronto agarraban una cruz de otro muerto y se la ponían a él”. Publicado por el Centro de Fotografía Contemporánea en edición bilingüe, el libro se inicia con un prólogo de Amado Beçquer Casaballe escrito en abril de 1989. Sigue con una introducción del autor, firmada en 1979. Luego, la serie de 116 fotografías, todas en blanco y negro, que se dividen en dos partes: la primera, ligadas a la vida cotidiana brasileña; la segunda, con la presencia simbólica de la muerte. Y cierra con una entrevista de Silvia Mangialardi a Ataúlfo sobre aquel proceso, junto a fotos familiares.—¿Cuándo la cámara de fotos empezó a convertirse en una herramienta política?
—¿Para que una fotografía sea buena debería tener profundidad?
—Si hoy estamos plenamente sumergidos en la cultura de la imagen, si hoy todos tienen celulares y redes sociales, herramientas para sacar y exhibir, ¿cuál es el poder de la fotografía en un mundo saturado de imágenes?
—En ese sentido, ¿cómo es el panorama hoy, cómo influye esa falta de formación?
En 1980, con las fotos del primer viaje, Ataúlfo hizo una muestra. En 1981, integró las de ambos viajes y amplió aquella exposición inicial. “Esa muestra circuló durante los 80 y principios de los 90, por diferentes lugares del país. También en algunos países del extranjero: en Paraguay, en Cuba. Pero el libro estaba pendiente. Recién hace un año me reencontré con un diseñador que había sido alumno mío en el año 81 y me propuso hacer el libro. Iba a ser el primero. Ahora, con este, tengo doce libros”, dice.
Una fotografía es una pregunta y una respuesta. El epígrafe de estos Apuntes de Brasil también. “En los tiempos sombríos, / ¿se cantará también? / También se cantará / sobre los tiempos sombríos
Fuente: telam
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