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02/01/2026

Es argentina y vive en el país más seguro del mundo: “Los policías no tienen armas de fuego, usan la palabra como persuasión”

Fuente: telam

Carla Inés Valvo tiene 38 años y es oriunda de la localidad bonaerense de San Andrés, partido de San Martín. Está radicada en ese país desde 2019 y cuenta su experiencia: “El mayor peligro no pasa por los robos sino por el frío y el viento”

>Por decimoséptimo año consecutivo, A diferencia de la rutina argentina —mirar si viene una motochorro, cuidar que no te arrebaten la cartera o te roben el celular—, en Islandia la preocupación al caminar por la calle es otra. “El mayor peligro no pasa por los robos sino por el frío y el viento”, sintetizó.

“En invierno es tan fuerte que te puede volar un a tasa de café, un guante o un gorro, pero no existe el manoteo como allá”, ejemplificó. En ese contexto, el clima extremo también cumple un rol inesperado: “Lo más peligroso no son los robos sino el frío y el viento.

El clima en Islandia en invierno presenta, en promedio, temperaturas cercanas a los 0°C, pero la sensación térmica es mucho más fría debido a los vientos fuertes y constantes, con ráfagas que pueden superar los 100 km/h, especialmente de octubre a marzo, con nieve y lluvia frecuentes, y heladas que bajan a -10°C en el interior del país.

Otro de las particularidades del clima hostil es que “no existen motochorros -porque prácticamente no pueden circular por la nieve- ni cartoneros, ni gente en situación de calle porque se congelarían >Las calles limpias y ordenadas revelan una sociedad donde el reciclaje es ley y la pobreza un fenómeno casi invisible. “Islandia no es un país al que cualquiera pueda venir con una mochilita a hacer temporada. Hay que estar preparado y tener un respaldo económico”, aseguró en comparación a otros países europeos que son más receptivos de los inmigrantes.

El testimonio de Carla cobra especial relevancia al contrastarse con la realidad argentina, donde la sensación de inseguridad atraviesa la vida cotidiana. “Acá podés salir a la calle en cualquier momento y no te va a pasar nada. No me da miedo andar sola de noche. La gente es muy tranquila”, explicó.

En la vida cotidiana, la policía solo interviene en casos de discusiones, peleas o cuando hay gente borracha. “Cuando hay algún problema, suele ser una pelea a la salida de un boliche o alguien que tomó de más. No hay grandes delitos. La policía interviene para calmar los ánimos, nunca por hechos violentos graves”, explicó Carla, quien aseguró que los delitos, cuando existen, parecen sacados de una comedia absurda. “Una vez la noticia fue que un hombre estaba borracho y la policía terminó jugando a las cartas con él”, recordó entre risas,

La diferencia entre los titulares de Argentina e Islandia parece ilustrar dos mundos distintos. Mientras que en nuestro país, todos siguen de cerca el parte médico de lCon apenas 100 mil habitantes, los que viven en la capital islandesa mantienen una convivencia pacífica; algo casi impensada para quienes vienen de grandes urbes latinoamericanas. “Imaginate que nadie tocan bocina en este país”, contó sorprendida. Incluso, afirmó que el ruido doméstico es mínimo: “Tengo vecinos con un bebé recién nacido y ni siquiera lo escucho llorar. Son todos muy respetuosos del otro”.

Sin embargo, Carla reconoce que no todo es perfecto. “Mucha gente puede aburrirse”, admitió en alusión al clima oscuro y frío durante gran parte del año que provoca depresión en algunos sectores de la población. Aún así, ella elige enfocarse en lo positivo. “Soy una persona positiva. Para mí es una oportunidad estar acá. Amo mi trabajo”, remarcó la joven argentina, quien conquistó Islandia con sus alfajores y dulce de leche casero.

La historia de Carla comienza en San Andrés, una localidad del partido bonaerense de San Martín, donde nació y creció. El diseño de modas fue su primer amor: “Estudié diez años en Argentina. Trabajé casi una década en Rapsodia, viajando por México, Panamá, Colombia, capacitando personal, armando vidrieras. Me encantaba, pero siempre tuve ese gen emprendedor. Desde chica vendía prendedores en el recreo”.

El impulso de crear y la necesidad de desafiar los límites la llevaron a fundar su propia marca, Intensa Joya Mart, especializada en camperas intervenidas con tachas y diseños únicos. Al poco tiempo, las prendas de Carla se vendían en treinta tiendas de todo el país.

Pero la crisis de 2019 desbarató los planes. “Mi sueño era abrir un showroom en Buenos Aires, pero de repente todo se frenó. Los negocios cerraban, los pagos se postergaban. No quería resignar mi sueño”.

El pasado familiar italiano se convirtió en tabla de salvación: “Pensé: me voy a Italia, hago la ciudadanía, junto unos euros y vuelvo a abrir mi showroom”. Así, en Catania, Sicilia, la historia viró: “Conocí a un chico, y a veces pasa lo que necesitamos, no lo que queremos. Los planes cambiaron”.

Un cliente inesperado—un salteño de vacaciones en Italia, residente en Reikiavik—le abrió otra puerta. “Nos contó sobre Islandia, sobre los sueldos, la tranquilidad, la economía. Decidimos probar suerte. Si no funcionaba, volvíamos”, recordó.

El sueldo mínimo es de unos 3.000 euros. Todo es más caro, pero se puede vivir bien”, señaló. La pandemia llegó al poco tiempo y la obligó a buscar un nuevo rumbo. “El clima era extremo, a veces menos veinte grados bajo cero. Islandia, que ya es tranquila, se volvió aún más silenciosa. Estaba encerrada en una casa chiquita y sentía la necesidad de crear. Empecé a hacer alfajores de maicena, a dibujar ideas, a comprar moldes de flores, lunas, hadas. Quería fusionar arte y sabor argentino”.

La separación de su pareja en 2024 fue otro sacudón vital, pero también una oportunidad. El 1 de agosto de ese año lanzó su marca: Re Argentina Alfajores. Aprovechó la Noche de la Cultura en Reikiavik para salir con una canasta de alfajores de maicena y globos, vestida con la camiseta de la selección y un blazer celeste. Los repartió gratis a cambio de que la gente le diera su opinión: “Les explicaba lo que significaba ‘me re gusta’, y se los hacía decir frente a una cámara porque quería que ese fuera mi eslogan”, recordó.

Carla supo adaptar el producto a la cultura local. “El dulce de leche es argentino, pero el chocolate es islandés, y usé regaliz, caramelo salado y sal marina de acá. Quería que los islandeses lo sintieran propio”, señaló. Pronto, más tiendas la contactaron. Compró sellos personalizados para cada cliente, aprendió sobre habilitaciones y montó su propia cocina profesional.

Hoy, Re Argentina Alfajores vende en 30 tiendas de todo el país: “Me piden versiones personalizadas, cajas navideñas, alfajores con formas de mariposa o hada. Trabajo catorce o quince horas al día”.

Cada año vuelve en febrero a la Argentina para el cumpleaños de su madre y no descarta abrir un local en Mar del Plata, su lugar soñado. “Mi alfajor no va a competir con las marcas argentinas. Lo mío es arte, es otra impronta. Quiero que me reconozcan como el re alfajor”, enfatizó con orgullo sobre su creación.

Entre la nostalgia, el trabajo y la creatividad, Carla hoy forja sus raíces en los hielos del norte, demostrando que los sueños, cuando se amasan con coraje, encuentran su lugar hasta en el país menos esperado.

Fuente: telam

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