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29/08/2025

Recuerdos, rituales e identidad barrial: cómo impacta el cambio de estadios en la realidad del fútbol mundial

Fuente: telam

Dejar atrás una cancha implica mucho más que una simple mudanza. La transformación de los escenarios deportivos afecta vínculos invisibles que van desde la vida cotidiana de los hinchas hasta las dinámicas más profundas del juego. Los casos de Tottenham, Arsenal y Manchester City

>Hay Cada vez que un club estrena casa, todo vuelve a empezar. Lo entendió el Everton cuando bajó por última vez las persianas de Goodison Park, después de 133 años de historia, para abrir un nuevo capítulo en el Hill Dickinson Stadium, levantado sobre los muelles de Bramley-Moore Dock.

Durante más de un siglo, Goodison Park fue el corazón del El cambio no fue sencillo. “Será un día triste y emotivo”, admitió David Moyes, el entrenador, en diálogo con Reuters. La mudanza implicaba cortar con un linaje emocional y enfrentar la incertidumbre de lo nuevo.

El Hill Dickinson Stadium, con capacidad para más de 51.000 personas, es un salto arquitectónico y financiero. El acuerdo de naming rights con el bufete Hill Dickinson, revelado por The Guardian, es uno de los más importantes de Europa: alrededor de 10 millones de libras al año.

Goodison Park no se despidió sin lágrimas. Durante semanas, hinchas decoraron los alrededores con banderas y murales. Para ellos, no era un estadio más: fue escenario de la primera final de FA Cup transmitida por televisión, sede de la Copa del Mundo de 1966 y campo de batalla de clásicos inolvidables.

La BBC recordó que allí nació el School of Science, el estilo de juego elegante que distinguió al Everton en la primera mitad del siglo XX, y fue el estadio donde se escuchó uno de los rugidos más intimidantes de Inglaterra, el Gwladys Street roar.

La historia reciente del fútbol inglés muestra que estrenar casa puede ser una experiencia turbulenta.

    Estos ejemplos advierten sobre un mismo riesgo: el shock emocional y deportivo de dejar atrás un estadio histórico. Everton, con Moyes al mando, busca escapar a esa tendencia, consciente de que los primeros meses serán decisivos.

    El 24 de agosto de 2025, Everton inauguró el Hill Dickinson Stadium con una victoria 2-0 frente a Brighton. The Guardian describió la jornada como “una experiencia que erizaba la piel”: humo azul flotando sobre el Mersey, bufandas en alto y un rugido que acompañó cada jugada.

    Con 51.759 espectadores, la atmósfera fue un recordatorio de que la mística también puede mudarse. Como escribió The Times, “lo viejo y lo nuevo convivieron durante 90 minutos: la nostalgia de Goodison y la promesa de un futuro distinto”.

    El diseño buscó respetar la memoria. Meis y el estudio Pattern trabajaron en una acústica que replicara el célebre ruido de Goodison. Además, integraron elementos de la historia local: fragmentos del muro portuario, vías de tren y un paseo con 30.000 ladrillos personalizados que los hinchas compraron para dejar sus nombres grabados en el nuevo hogar.

    La apuesta va más allá del espectáculo deportivo. La obra es parte de un plan de regeneración urbana que busca revitalizar el norte de Liverpool, con viviendas, comercios y puestos de trabajo. Según BBC Sport, el proyecto espera atraer a más de 1,4 millones de visitantes al año.

    El estadio ya es una realidad, pero el verdadero desafío apenas comienza: consolidarlo como hogar emocional de los hinchas.

    La mudanza demostró que la mística puede mudarse, que la memoria puede reinventarse y que los estadios, más que escenarios, son parte del espectáculo. Como escribió The Guardian tras la jornada inaugural: “Cuando se abren las puertas de un nuevo estadio, la historia del fútbol empieza a escribirse de nuevo”.

    Fuente: telam

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