INTERNACIONAL
24/04/2025
Encontrar a mamá, 83 años después
Fuente: telam
Rosa Rotenberg vivió tratando de reconstruir su historia. Desde el Gueto de Varsovia hasta Bergen Belsen, el largo camino hasta dar con su madre
Rosa Rotenberg tiene 83 años. Nació en junio de 1941 en el gueto, símbolo del horror nazi pero también de la resiliencia y el heroísmo. Sus padres, Salomón Rotenberg y Regina Seywacz, previeron que la era venidera sería de espanto y muerte y tomaron la decisión más dramática (y osada) para salvar a esa beba de cinco meses que posiblemente no podría sobrevivir ni el hambre, ni el implacable engranaje de oscuridad alemana. La desterraron furtiva, secretamente, de esos muros infames confiando en que las manos por las que pasaría su recién nacida la depositarían en un lugar donde sería rescatada, alimentada, protegida. Salvada.
Al finalizar la guerra, su padre Salomón la buscó por todos lados. Antes, había atravesado su propio calvario: resistió en el gueto, perdió a sus cinco hermanos, pasó por tres centros de trabajo forzoso y fue separado de Regina, quien le salvó la vida al obligarlo a hacerse pasar por carpintero cuando el tren que los deportaba de Varsovia el 8 de mayo de 1943 se detuvo en Lublin. Esta vez, la mamá de Rosa no volvería a ser vista por miembro alguno de su familia.
Pero el hombre recordó un detalle oculto que sería fundamental para el reencuentro definitivo: una marca, un hoyuelo inconfundible detrás de la oreja derecha de la chiquilla convenció a las monjas de la verdadera identidad de esa tranquila interna, que ya no se calzaría la máscara de Wanda para salvaguardar su vida. Volvería a ser Rosa. Esta vez para siempre.
Para 1950 la familia se mudó a la Argentina tras una larga estancia en Francia.
El enojo, la decepción, la incredulidad de Rosa, esta vez, se canalizó en su carrera. Brilló como estudiante de bioquímica en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó al lado del Premio Nobel César Milstein. Se doctoró, fue docente, investigadora… Se casó con el médico Carlos Rosenztroch -a quien conocía desde los 14 años- y se esforzó en construir su propia familia. Su historia.
Eso sí, leyó los registros del convento de inicios de la década del 40 y encontró aquel nombre cristiano junto a su fecha de ingreso y de partida. Nombre: Wanda Darlewska. Ingreso: diciembre de 1942. Egreso: mayo de 1945. Todo cuadraba, salvo una cosa: ¿Qué había pasado con mamá? ¿Qué fue de la vida de Regina Seywacz?
Al momento de armar las valijas para regresar a Buenos Aires de ese viaje, su hermana le envió por correo documentación de la Cruz Roja que había llegado hacía minutos y que la reorientaron hacia donde podía haber estado póstumamente Regina: en el campo de concentración de Bergen Belsen, al sur de Hamburgo, Alemania. Murió allí a los 30 años. Era una historia diferente a lo que le había narrado su padre Salomón y que luego plasmó en sus memorias.
Con los años, Rosa creyó que su edad ya no le permitiría retornar a Europa y eso la angustió largo tiempo. Su viaje había sido en 2015 y completó varios casilleros en blanco de su vida, aunque no el más importante.
Pero antes, Rosa quiso completar el círculo. Días antes de conmemorarse la liberación del más gigantesco campo de exterminio voló a Hamburgo, Alemania. Condujo una hora junto a sus hijos Miguel y Carolina Rozensztroch hasta Bergen Belsen. Fue con la documentación que había conseguido durante estos últimos años, constató con los registros del campo de concentración y encontró el lugar exacto donde reposan los restos de Regina. 83 años después.
Pero esa será su última misión.
Fuente: telam