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21/04/2025

Farro, Pontoni y Martino: la historia de los ídolos del Papa Francisco y el gol con el que soñó toda su vida

Fuente: telam

Fanático de San Lorenzo, el Sumo Pontífice quedó extasiado con el “Terceto de Oro” cuando aún era un niño. El día que desafió a la selección argentina a imitar a Mamucho Martino

>“A ver si alguno de ustedes puede hacer un gol como el de Pontoni”. El ámbito en el que retumbó esta frase podría haber sido en medio de un tumultuoso vestuario, en una charla de café, o en las tribunas anhelantes de un grito salvador. Sin embargo, se escuchó entre las deslumbrantes paredes del Vaticano en agosto de 2013, cuando las delegaciones de las selecciones de Argentina e Italia se dieron cita allí, en la víspera de un amistoso en la ciudad de Roma, para tener una audiencia privada con el Papa Francisco, quien fue el autor de esas palabras. Por un instante, sin dejar de ser el jefe supremo de la Iglesia Católica, volvió a sentirse aquel pibe, que se hizo fanático de San Lorenzo en la década del ‘40, en los tiempos que el Ciclón tenía uno de los mejores equipos de su historia.

El fútbol es como una religión, no solo aquí, sino en cualquier parte del planeta. Tiene dioses, fieles, ceremonias, ritos y rezos. Dentro de estos últimos podemos encontrar la fascinante experiencia de los hinchas, que quizás no recuerdan datos relevantes de su vida, pero sí tienen presente la formación completa de un equipo. Y lo más increíble es que no hace falta que sea el suyo. Uno de River podría recitar al Independiente 83/84 o uno de Boca al Argentinos Juniors 1985. El fútbol es una permanente transfusión pasional, que pasa de generación en generación. En esa dirección se da el fenómeno, de aquellos jugadores que se destacaron juntos, elaborando esa empatía que se da enseguida, en el primer contacto sobre el verde césped, para hacer de sus apellidos uno solo. Pasaron más de 80 años y si se habla de La Máquina de River, salen de un tirón Muñoz – Moreno – Pedernera – Labruna – Loustau, al igual que Farro – Pontoni – Martino, pintados de azulgrana.

El gol que rememoró el Papa frente a los jugadores ocurrió en octubre del ‘46, en la recta final de un torneo en el que San Lorenzo conformó, quizás, el mejor equipo de toda su rica historia. El Gasómetro de Avenida La Plata estaba desbordante de gente y efervescencia en el clásico contra Racing, pero cualquier paridad que podía analizarse en la previa fue derrumbada por el fútbol desplegado por el terceto, al punto que, a los 10 minutos del segundo tiempo, ya ganaba por 3 a 0. Allí comenzó el mito, cuando un centro cayó al medio del área de la Academia y René Pontoni recibió la pelota marcado por varios defensores, de espaldas al arco. Durmió la pelota en el pecho, la hizo descansar un instante en la punta de su botín derecho, para luego deslizarla por el empeine sin que tocara el césped y, en un giro repentino, desairó a los zagueros para quedar solo ante el arquero y definir con la categoría de los grandes de verdad. Cuenta la leyenda que fue tan grande el asombro, que muchos de los presentes tardaron un instante en desatar el grito de gol. Fue una goleada por 5-0 (Martino hizo dos, Farro uno y el restante de De la Mata) para ir despejando el camino al título.

El Papa Francisco ha dado varias muestras de una memoria prodigiosa, reteniendo nombres, situaciones y personas, en los más diversos ámbitos. Pero lo vivido aquella tarde, cuando apenas contaba con 10 años, quedó grabado por siempre en el rincón futbolero de su mente y su corazón. El terceto de oro. Los goles, el Gasómetro, la fiesta de cada domingo en aquel ‘46 tan particular en Argentina, pero ¿quiénes fueron Farro – Pontoni y Martino?

Armando Farro llegó a Primera División en 1940 con la camiseta de Banfield, que lució hasta comienzos del ‘45, cuando se produjo su pase a San Lorenzo. Era el más sacrificado del terceto, porque bajaba varios metros para recuperar la pelota, para luego abastecer a sus dos notables compañeros. Tenía un enorme despliegue, que le permitía no detener el ritmo de la lucha y llegar permanentemente al gol, al punto que anotó 52 en 166 partidos en el Ciclón. Quizá fue quien menos trascendencia tuvo de los tres, con escasa participación en la Selección, donde tenía delante en su puesto a verdaderos monstruos como José Manuel Moreno, Vicente de la Mata o Tucho Méndez. Como tenía una prominente nariz, no solía salir bien en las fotos. Merecía estar en la portada de El Gráfico y encontraron la solución, pidiéndole que posara como si estuviera bebiendo de la clásica bolsa de hielo que utilizaban los aguateros en ese tiempo, que tapó esa parte de su rostro. En el final de su carrera, tuvo un problema en la vista, que lo hizo abandonar y fue perdiendo la visión en forma gradual. Falleció a fines de noviembre del ‘82, el mismo mes en que su amado San Lorenzo logró el ascenso a Primera.

René Pontoni llegó a Boedo en el mismo momento que Farro, para el inicio de la temporada ‘45, cuando estaba a punto de irse a jugar a México. Santafecino de nacimiento, actuaba en Rosario Central en momentos en que estaba cumpliendo el servicio militar y por gestión de un senador provincial, pasó a Newell´s, donde tuvo cuatro años brillantes. Llegó al Ciclón por la exorbitante suma para la época de 100.000 pesos. Centrodelantero lujoso, hábil, dotado y con gran remate. Un artista pleno de elegancia. Fue el máximo artillero de San Lorenzo en el torneo del ‘46 con 20 conquistas, en el que el equipo convirtió nada menos que 90 goles en 30 partidos. Su futuro era muy promisorio, pero se truncó a partir de la lesión que sufrió en el’48, cuando chocó con Rodolfo de Zorzi, zaguero de Boca, y se le produjo una triple fractura que le demandó dos años de recuperación y nunca pudo volver al mejor nivel. Como entrenador dirigió a muchos equipos y en forma paralela se abocó a la gastronomía, en sociedad con el goleador boquense Mario Boyé, como dueños de una pizzería que aún existe. Falleció apenas seis meses más tarde que su compañero Farro, en mayo de 1983.

Después de haber goleado al Porto por 9-4, al ser interrogado por los periodistas sobre cómo estaban para enfrentar a la selección de ese país, René Pontoni halagó al campo de juego, comparándolo con un paño de billar y como él y sus compañeros eran expertos en ese juego, declaró que iban a hacer 10 carambolas. La prensa no dudó en calentar el ambiente titulando: “Pontoni dice que van a hacer 10 goles”. La historia se escribió con trazos de realidad, porque San Lorenzo se impuso por 10 a 4 y, cuenta la leyenda, que al llegar al 10° tanto, René les pidió a sus compañeros que no convirtieran ni uno más…

Como argentino y futbolero, el Papa Francisco ha disfrutado de los grandes jugadores nacidos en esta tierra, de los tres títulos mundiales y la magia inigualable de Diego Maradona y Lionel Messi; además de Pelé, a quien admiraba y con quien había compartido un viaje de avión. Pero seguro, en algún lugar de su corazón, antes de comenzar cada partido de la selección o de su amado San Lorenzo, siempre debió haber pensado: “Ojalá que alguno de ustedes pueda hacer un gol como el de Pontoni…”.

Fuente: telam

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