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02/04/2025

“Porsiemprismo”: por qué nada llega a su fin y todo se reinicia, desde “Star Wars” a Donald Trump

Fuente: telam

El filósofo y académico estadounidense Grafton Tanner habla de su nuevo libro y explica cómo esta lógica cultural busca evitar la nostalgia con la proliferación de remakes de películas, series o ideologías

>Vivimos en un presente que se niega a dejar atrás el pasado. Franquicias cinematográficas que no mueren, líderes políticos que vuelven una y otra vez -y se resisten a pasar la posta-, tecnologías que prometen revivir experiencias y hasta voces de personas fallecidas. Detrás de esta tendencia hay un concepto: porsiemprismo (o “foreverism”, en inglés).

En esta entrevista con Infobae Cultura, el académico y profesor adjunto en el Departamento de Estudios de Comunicación de la Universidad de Georgia, explica cómo opera esta lógica, qué emociones bloquea y qué riesgos implica para la cultura, la política y la creatividad.

— Es un término que encontré después de investigar un poco sobre la nostalgia, en una publicación de marketing de Trendwatching, creo que de 2009. Probablemente, nadie lo leyó o pocas personas lo hicieron, pero me crucé con ese término que curiosamente describía unos patrones que había notado en la cultura y la política en los últimos cinco años.

—¿Y cuál sería el problema de esta lógica?

—Puede ser problemática. Una de las razones por las que quise escribir el libro es que el “porsiemprismo” elimina ciertas emociones humanas que aparecen cuando las cosas terminan. La nostalgia es una de ellas. Lo que propone este discurso es que no hace falta extrañar nada, porque todo puede volver, actualizarse o permanecer. Pero la nostalgia es una emoción humana legítima: sentimos nostalgia cuando algo estuvo disponible y ya no lo está. Es parte de la experiencia de pérdida, de cierre, de final.

Otra cuestión es que este fenómeno puede cerrar el paso a ciertas emociones humanas naturales, que solemos experimentar cuando algo termina o cuando perdemos algo, como la tristeza o el duelo. Al prometer que algo se mantendrá vivo para siempre, no podés extrañarlo ni ponerte triste si desaparece, porque se supone que no va a desaparecer nunca más. Al menos, esa es la promesa.

Por último, diría que otro problema del “porsiemprismo” es que, aunque su intención sea eliminar sentimientos nostálgicos, en realidad no lo logra. Las personas aún pueden sentir nostalgia por el original, tal vez incluso más. Con Star Wars, mucha gente añora y siente nostalgia por la trilogía original. De hecho, en el libro cito a Kathleen Kennedy, productora ejecutiva de LucasFilm, que admitió que ese es un problema con el que están lidiando.

— Creo que sí. La experiencia de que algo termina, como cuando alguien muere o pierde un candidato, genera tristeza, decepción, duelo. Son todas emociones humanas que aparecen en culturas de todo el mundo. Existe una especie de universalidad emocional que está bien sentir, aunque no sean agradables. Lo interesante de la nostalgia es que no es una emoción completamente negativa, tiene algo de positivo también. La gente puede sentir algo lindo por haber vivido. De hecho, hay investigaciones en psicología social que muestran que las personas que sienten nostalgia tienden a ser más abiertas, más sociables, y disfrutan compartirla. Pero cuando la cultura promete eliminar esos sentimientos, presentándolos como un problema que hay que resolver. A veces uno la siente, la atraviesa y sigue con su vida. La idea de figuras como Donald Trump pueda decir: “Deberías sentir nostalgia por este pasado, y yo soy quien te va a liberar de ese sentimiento trayéndolo de vuelta al presente”, le da a la nostalgia una mala fama. Siendo sincero, la nostalgia ya tiene mala prensa. No necesita más ayuda de Trump.

El ensayo de Tanner señala que la industria del entretenimiento, con sus franquicias, obedece a una dinámica ajena a la de las películas o series tradicionales. Lo que manda es el “contenido”, que es inagotable y se consume rápidamente. Lo efímero coincide, en este punto, con la reproducción eterna. “Las producciones de Marvel son como el escrol infinito: las películas se ven en un flujo constante, que siempre se está reabasteciendo a sí mismo sin fin“, afirma.

Los usos de la historia ha sido un recurso recurrente por los dirigentes y partidos políticos. Según Tanner, la apelación a esta inspiración o programa, adopta un tinte “porsiemprista” en la actualidad. Las campañas electorales recurrían a una promesa de futuro, que el país no se aferre a un pasado y progrese. Ahora, se imponen discursos que advierten sobre lo que podría pasar si no se restaura una utopía anterior, convenciendo a la población de un presunto paraíso perdido por el qué pelear.

Sin embargo, Tanner advierte un problema cuando estos proyectos se materializan en la realidad. Los intentos pueden ser frustrantes y producir enojo. “Lo que los restauradores descubren es que el reboot del pasado en el presente no es como el original. Se ve diferente, no huele del mismo modo. Suena como una vieja banda que se vuelve a reunir: un poco oxidada, ya no es tan buena”.

— Bueno, la derecha y la izquierda en la política estadounidense usaron la nostalgia hasta cierto punto. Históricamente, la derecha ha sido la que más la incorporó en su retórica. Es algo que han encontrado útil. Es esencialmente el modelo de Trump. “Vamos a revivir ese pasado por el que sentís nostalgia, lo vamos a fijar en el presente y no lo vamos a perder nunca más”, plantea, para que sus seguidores no tengan que extrañar nada. Los progresistas liberales en EE.UU tienden a estar orientados hacia el futuro; hablan mucho de la esperanza. En cambio, la nostalgia mira hacia el pasado. Pero son emociones que pueden cruzarse; Barack Obama, por ejemplo, usó las dos. Pero lo estamos viendo en todas partes: desde discursos presidenciales hasta empresas tecnológicas que prometen, por ejemplo, usar inteligencia artificial para recrear la voz de un ser querido fallecido para que puedas hablar a través de un parlante inteligente.

—¿El “porsiemprismo” obstaculiza la creación de ideas nuevas?

—¿Qué le recomendarías a alguien que consume esos reboots o remakes?

—¿Vale la pena resistirse a esta lógica?

Fuente: telam

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