Jueves 3 de Abril de 2025

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02/04/2025

“Creían que era la esposa de un veterano”: la historia desconocida de una oficial de la Marina Mercante durante la Guerra de Malvinas

Fuente: telam

Marcia Marchesotti fue una de las pocas mujeres que participó de la guerra del Atlántico Sur, pero durante décadas prefirió el silencio. Su voz integra el libro “Malvinas, 40 años” (Editorial TAEDA), donde reconstruyó por primera vez su experiencia: lo que vivió, lo que calló y cómo fue cumplir con su deber a los 22 años, a bordo del buque Río Cincel

>“La lucha ahora es cuerpo a cuerpo”. La primer oficial escuchó esa frase y no pudo seguir transcribiendo los mensajes que recibía en código morse. Pensó en sus compañeros, aquellos con los que había compartido algunos días en el buque carguero Río Cincel, y sintió que no daba más. La cabina de radiocomunicaciones, esa que funcionó como un cable a tierra con lo que sucedía en las islas Malvinas durante el combate, de pronto se transformó en una jaula. Empujó la puerta y salió corriendo hacia su camarote. No tenía fuerzas para comunicar esa novedad al resto de la tripulación, como hacía a diario. Dos días después de aquel episodio, el general argentino Mario Benjamín Menéndez presentó Cuatro décadas más tarde, sentada en uno de los sillones del living de su departamento, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo, Marcia Marchesotti evoca aquella escena y todavía se le eriza la piel. El tono de su voz, grave y profundo, se agudiza. “Cuando abro la cajita de los recuerdos de Malvinas me quiebro. Me cuesta mucho esa parte”, dice la egresada de la Escuela de Náutica Manuel Belgrano, ahora abogada, que integra la lista de las 13 veteranas que participaron de la guerra, junto a Aunque argumente tener un perfil bajo, el silencio es la forma que encontró para no exponerse, para que cada uno de sus recuerdos quede inmaculado en su memoria. En 2022, su historia fue una de las 22 que se plasmaron en las páginas del libro —¿Cómo era tu vida antes del 2 de abril de 1982?

—Para hablar del 2 de abril de 1982 necesito contextualizar. Nací en Capital Federal, pero me crie en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia naval. Cursé el secundario en un colegio de monjas y, cuando egresé, me preparé para entrar como azafata a Aerolíneas Argentinas. Pero, en paralelo, salió el curso para mujeres de la Escuela Nacional de Náutica. “Una cosa es un trabajo y otra cosa es una carrera”, pensé y me anoté en la carrera de Radiocomunicaciones. Junto a otras mujeres, creo que éramos 16, integré la primera camada de cadetas que ingresó a la Escuela de Náutica. Tuvimos que abrir el camino porque antes era exclusivamente de hombres.

—Fue duro. Sabíamos que iba a ser así porque toda apertura de caminos implica sacrificios y adaptaciones. Hacer entender que éramos iguales fue una complicación: en un principio, no sabían cómo tratarnos. Si hacían diferencias era un problema, y, si nos equiparaban, también. Cuando nos decían: “Cuerpo a tierra”, nosotras íbamos a la par de los hombres y, por un lado, veías que no querían; pero, por el otro, controlaban que lo hiciéramos igual porque para eso estábamos. Además de construir baños, tuvieron que adaptarnos los uniformes porque la sastrería militar no tenía ropa para nosotras. En ese momento yo vivía en Ramos Mejía y la Escuela de Náutica quedaba en Retiro. Me acuerdo de que salía a la calle con el uniforme y me miraban: para muchos éramos cosa de locos. Pero no nos importó. Íbamos para adelante. Esos tres años en la Escuela de Náutica para mí fueron una experiencia imposible de superar. Fue, justamente, con base en lo vivido ese tiempo que no me costó en absoluto decidir si iba o no a Malvinas: fui de forma voluntaria.

—Al recibir la noticia de la recuperación de las islas, ¿dónde estabas?

—¿Qué sentiste?

Una gran sorpresa y mucha responsabilidad. Así y todo nunca tuve un momento de duda. Ni siquiera me cuestioné el hecho de ir. “Es mi deber y punto”, pensé. Para eso había hecho la carrera en un instituto militar.

—¿Tenías conocimiento de cuál era la situación en Malvinas?

—¿Cómo te despediste de tu familia?

—¿Cuál fue tu rol en el buque?

Cuando embarqué estaba en mi último año de práctica: a finales de 1982 me recibía. Mi rol era de “pilotina” e iba a ser el segundo viaje que hacía en ese puesto, pero, para ir a Malvinas, me habilitaron como primer oficial. ¿Por qué? Porque cuando vos vas como estudiante, como “pilotín”, informás a un superior. En este caso, como había que hacer guardia las 24 horas, necesitaban dos oficiales. Entonces, me habilitaron con ese puesto solo por ese viaje.

Sí, porque, además, estaba solita en la estación de radio. El sector de comunicaciones a bordo es muy solitario y, al mismo tiempo, muy importante. Todo lo vinculado a la parte operativa de los barcos pasaba por la radio. En nuestro caso tenía que ver con el manejo de la carga: lo que entraba, lo que salía, lo que iba hasta el puerto, la cantidad de containers... Se usaba un manipulador a través del cual te comunicabas con la empresa o con diferentes estaciones de radio para anunciar que llegabas, que salías, cuánta carga llevabas… Además estaban las comunicaciones personales, que, en esa época, se manejaban con código morse.

—Entonces, recapitulando: cuando llegaste a Malvinas tenías 22 años, te habían ascendido al puesto de primer oficial y debías hacerte cargo del área de comunicaciones, un sector clave dentro del buque. ¿Sentías presión?

—Zarparon a Malvinas el 3 de abril a bordo del buque carguero Río Cincel. ¿Cuándo llegaron?

—¿Ustedes estaban ahí cuando lo hundieron o ya se habían ido?

—¿Cuántos días permanecieron en la isla?

—¿Cómo fueron esos días?

—¿Cuál fue el motivo?

—Finalmente pudieron arreglar el barco y se fueron. ¿De qué manera se mantenían informados acerca de lo que sucedía en Malvinas?

—¿Cómo era la dinámica de los press?

—¿Qué fue lo más impactante que transcribiste?

—Además del press, ¿ustedes seguían las noticias por la televisión?

—Después de tu participación en Malvinas, ¿cuándo volviste a la Argentina?

—¿Querías hablar?

—¿Te arrepentís de haber ido?

—Me dijiste que en la Marina Mercante hubo 16 bajas. ¿Tenías algún vínculo estrecho con las personas que fallecieron?

—¿Cómo canalizaste lo vivido durante la guerra si apenas lo hablaste con tu familia?

—¿Cuándo decidiste estudiar Derecho y por qué?

—¿Te gustaba la vida en altamar?

—¿Extrañás navegar?

—¿Dónde conociste a su marido?

—¿En serio?

—¿Volviste a Malvinas alguna vez?

—Es como que escondiste el tema abajo de la alfombra…

—¿Estás en contacto con otras veteranas?

*El texto forma parte del libro

Fuente: telam

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