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02/04/2025

Fue dado por muerto en combate y viajó con su nieto de regreso a las Islas Malvinas: “Podría estar entre los fierros retorcidos”

Fuente: telam

En 2014, treinta y dos años después la guerra del Atlántico Sur, Gustavo Piuma Justo volvió a las islas con su nieto Juan Cruz. Juntos, recorrieron los pasos del piloto derribado, desde donde quedó incrustada el ala del Mirage Dagger hasta el refugio donde se resguardó. El relato de una travesía íntima para honrar la memoria del veterano que ya no está

>Cuando Juan Cruz Buteler Piuma (30) pisó las Islas Malvinas por primera vez en 2014, entró, finalmente, en la historia más íntima y dolorosa de su familia. Había escuchado el relato de su abuelo, Ahí le puse imagen a todo. También caí en la cuenta de lo que él había hecho. Fue un quiebre en mi vida, una experiencia que no voy a olvidar jamás”, resume Juan Cruz en charla con Infobae. Tenía 19 años y estaba cursando las primeras materias de la carrera de Administración de Empresas cuando su tío lo llamó para sumarlo a una travesía con destino simbólico: volver a las islas, 32 años después de aquel 21 de mayo de 1982, fecha en que su abuelo fue abatido en un combate aéreo. Lo habían dado por muerto. En Tandil, a su esposa y sus cuatro hijos les dijeron que había caído combatiendo. Días más tarde, un llamado le devolvió la vida.

Gustavo y su nieto tenían una relación entrañable. “Cuando mi tío organizó el viaje, él dijo: ‘Quiero que venga Juan Cruz’. Me tenía mucho cariño”, cuenta. “El ‘Tata’, como lo llamábamos, siempre fue un abuelo superpresente. A mí me enseñó a nadar y, a los 11 años, me llevó a conocer Disney: nos subimos a todas las montañas rusas”, recuerda.

En mayo de 2014, a sus 70 años, Gustavo Piuma Justo regresó a Malvinas junto a uno de sus hijos, también llamado Gustavo, tres de sus nietos —Juan Cruz, Diógenes y Lucas— y su cuñado y amigo, Alberto Fonrouge. Primero viajaron hasta Río Gallegos y, desde allí, un avión que venía de Chile los llevó hasta Puerto Stanley (Puerto Argentino). “Cuando llegamos, mi abuelo estaba movilizado, pero no al nivel que veríamos con el correr de los días”, cuenta Juan Cruz, que todavía recuerda la hostilidad del clima. “Había mucha niebla, viento y un frío que te penetraba los huesos. En todo momento tuve una sensación de nostalgia y tristeza”, describe.

Seis años después del conflicto bélico, Gustavo escribió a máquina su vivencia en un texto de diez páginas al que tituló “Experiencia de guerra de un piloto de caza”. Según detalló, el 21 de mayo de 1982, volaba como parte de la escuadrilla “La Ratón”, integrada por el Capitán Donadille y el Primer Teniente Senn. La misión era atacar fragatas británicas en el estrecho de San Carlos; pero en el trayecto, los interceptaron aviones Harrier y un misil impactó en el Mirage Dagger que piloteaba. Pudo eyectarse, pero el golpe lo desmayó.

Al despertar, recordó, sangraba por la boca y nariz, había perdido el casco, la máscara de oxígeno y el reloj. Tenía hundido el esternón, una lesión en la columna, un ojo cegado por un golpe y un pie y por lo menos dos costillas, fracturados. Herido y sin poder caminar, estuvo 28 horas intentando sobrevivir hasta que fue rescatado.

Ese momento marcó un antes y un después en el viaje. Desde allí, decidieron reconstruir juntos el trayecto que Gustavo había hecho en 1982, malherido y solo, para sobrevivir. “Caminamos desde el ala del avión hasta la ‘tapera’ a la que se arrastró. Nosotros lo hicimos a pie, pero él lo hizo con fracturas, reptando por el suelo y con un frío... Ahí tomé conciencia de lo que pasaron los soldados que no tenían abrigo suficiente. Eso es algo que mi abuelo solía destacar: ‘Yo iba calentito en un avión, pero hubo camaradas que pasaron meses a la intemperie en el monte’”, cuenta.

La parte más emotiva del regreso a Malvinas, sin embargo, se dio cuando fueron al Después del viaje, algo cambió en Juan Cruz. Si bien siempre tuvo una relación cercana con su abuelo y lo admiraba profundamente, dice que comenzó a verlo con otros ojos. “Empecé a sentir que era un héroe, aunque a él no le gustaba esa palabra. Siempre decía: ‘Héroes son los que no volvieron’”, cuenta. En lo personal, regresar de Malvinas también fue un cimbronazo para él: “Me agarró una crisis muy fuerte y casi dejo la carrera para meterme en la Escuela de Aviación Militar. Después de meditarlo, decidí seguir estudiando Administración de Empresas y me dediqué a volar por hobby: soy planeador y piloto privado”.

Gustavo Piuma Justo murió en diciembre de 2022, mientras Juan Cruz estaba de viaje en Estados Unidos. Su último contacto fue un sueño que el ex brigadier le compartió por mensaje de voz: estaban pescando juntos. “Me pidió que volviera, que me instalara en Argentina y emprendiera algo acá. Fue lo último que me dijo, ya con una voz muy deteriorada. Yo guardé todos esos audios. Lo fui escuchando apagarse”, cuenta.

Pero antes de partir, abuelo y nieto tuvieron un encuentro cara a cara. Fue en el hospital, apenas una semana después de que a Gustavo le detectaron el cáncer de pulmón. “Estaba bárbaro, lúcido, fuerte. Nos dimos un abrazo largo. En ese momento tuve la sensación de que no iba a volver a verlo. Pero él, como siempre, me habló firme: ‘Cuidate, buen viaje’. Tenía una fortaleza increíble”, dice.

Fotos/Gentileza de Juan Cruz Buteler Piuma.

Fuente: telam

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