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25/03/2025

La increíble experiencia del carpintero argentino que dejó su marca en la reconstrucción de Notre Dame

Fuente: telam

Damián Pinardi, oriundo de Córdoba, trabajó durante dos años en la reconstrucción de la cubierta del coro y del ábside de la catedral, que padeció un terrible incendio en 2019. “Fueron unas 1300 piezas las que usamos. Yo trabajé en el 10%”, cuenta

>Cuando el incendio arrasó Notre Dame, en abril de 2019, Damián Pinardi se encontraba en Escocia, donde participaba junto a un grupo de carpinteros ingleses de una reconstrucción experimental de una casa de la nobleza del siglo VII. La obra, guiada por arqueólogos e historiadores, se realizaba exclusivamente con hachas. Esa misma herramienta sería la que usaría tres años más tarde en París.

Finalmente, llegó la anhelada posibilidad: utilizando un hacha medieval que bautizó “Mafalda”, Pinardi formó parte del equipo encargado de restaurar la cubierta del coro y del ábside de la catedral. Su trayectoria internacional y su pasión por la carpintería hicieron que fuera una de las más de dos mil trabajadores que lograron la recuperación del emblemático monumento histórico, cuya construcción comenzó en 1163 y concluyó en el siglo XIV,. Ubicada en la isla de la Cité, Notre Dame fue escenario de eventos históricos como la coronación de Napoleón Bonaparte en 1804 y la liberación de París en 1944.

El 15 de abril de 2019, un incendio de gran magnitud destruyó parte del techo de la catedral y derrumbó su aguja central. El fuego se extendió rápidamente por la estructura de madera que sostenía el techo. Aunque se preservaron elementos clave como las torres frontales y varias reliquias religiosas, los daños fueron significativos.

Tras el impacto, que conmocionó al mundo, el presidente Emmanuel Macron prometió su reconstrucción y los trabajos de limpieza para la restauración iniciaron a mediados de julio de 2019. Damián, junto a otros cien carpinteros, llegó para trabajar en 2022 y estuvo allí durante dos años y diez días. Finalmente, el 7 de diciembre de 2024, se realizó“Hace un par de semanas vinieron a visitarme algunos compañeros de Notre Dame y recordamos esa experiencia... París es muy intensa . Cuando salíamos de la obra, con toda esa carga y adrenalina, nos quedábamos compartiendo y charlando con los compañeros. A veces, se hacía la medianoche y a las 6:00 estábamos de vueltra trabajando. De verdad que trabajamos a 2000 por hora y toda esa energía la transmitimos y la dejamos en la carpintería. Sobre todo, nosotros que caminábamos por la cubierta, sentíamos una paz y una alegría indescriptible. Nos divertimos mientras trabajábamos. Allí dejamos nuestras risas, sudor y hasta nuestras manchas de sangre porque, a veces, nos lastimábamos las manos porque nos chocábamos con las maderas. Todo eso tan nuestro quedó ahí”, detalla Damián, desde España, su experiencia al lado de sus colegas y amigos.

Cuando llegó a París, no hablaba una sola palabra en francés. Era el argentino cuando la Selección Nacional disputaba el Mundial de Fútbol Qatar en 2022. Vivió todos los partidos al lado de un colega francés y se alentaban mutuamente. Cuando llegó la final, los demás, que hasta entonces no había mirado un sólo partido, se reunieron en la casa que Damián compartía con su amigo para verlo ahí. “Querían arruinarme toda mis cábalas, solo por molestarme”, cuenta entre risas y dice que una de esas era que nadie se le sentara a la izquierda. Todos se agolparon de ese lado. No quedó otra que mirar la final apoyando su lado izquierdo contra una pared. De ese momento pasó a otros como haber sido reconocido y saludado por el presidente Macron. “Cruzamos cuatro palabras. Yo tenía la camiseta argentina puesta”, le cuenta a Infobae. Para los dos mil artesanos organizaron una misa especial en la que celebraron su trabajo.

Antes de Notre Dame, Damián trabajaba más en la ebanistería, pero pensando en la posibilidad de ser parte de la restauración —aún cuando no se había anunciado ni se hablaba de eso— decidió comenzar a prepararse “por si algún día me llaman”, cuenta.

Damián recuerda cómo fue la llegada junto a sus compañeros a ese taller. “Nos encontramos 15 locos del bosque en una empresa grande. Todo de lata y cemento. El primer shock fue duro”, asegura. Así se convirtió en el único argentino y sudamericano de la obra. A pesar de no hablar francés y ser ajeno al sistema formal de los compagnons, la élite de los oficios en Francia, no tardó en ganar reconocimiento. “Al principio, cuando nos veían con el hacha, éramos como payasos. Venía la gente a sacarnos fotos. Pero de a poco se fueron dando cuenta de que nuestro trabajo es un arte”, destaca.

Durante dos años, el grupo de carpinteros trabajó en el labrado manual de 1300 vigas de roble francés, él solo se encargó del 10% de ellas. Usaban hachas realizadas especialmente por herreros franceses, con distintos pesos y formas. “Cada hacha era distinta. Yo me enamoré de una que bauticé Mafalda, que pesa 2,260 kg, pero hubo días que me hizo llegar al límite de mis fuerzas. Con ella creamos una relación fuerte. Los artesanos tenemos un vínculo íntimo con nuestras herramientas”, admite.

De todas las experiencias que vivió allí —que asegura fueron miles— lo que más destaca es el vínculo con sus compañeros. “Se creó una familia enorme. Dejamos la política, las banderas, todo de lado. Cuando entrábamos allí, éramos todos compañeros: el electricista, el arquitecto, el que ponía la piedra. Eso hizo que la obra fuera mucho más dinámica”. También destaca lo que sintió. “No soy creyente, pero ese lugar es maravilloso. Tiene una energía poderosa que se siente”.

El último día en la reconstrucción fue difícil. “Cuando bajábamos de trabajar y teníamos la catedral para nosotros solos de verdad sentíamos ese privilegio. De repente estaba llena de gente. Y yo pensaba: ‘Esta es nuestra casa. Váyanse’. De verdad sentí que era nuestra casa por todo lo que dejamos ahí. Trabajamos con mucho respeto, pero lo hicimos con respeto también a los artesanos que hicieron el primer trabajo y con respeto a los que artesanos que vendrán después de nosotros.”

También agradece a Carpinteros sin Fronteras, fundado por el antropólogo François Calame, apasionado por el patrimonio y el hacha. “Gracias a él se reconstruyó Notre Dame de la forma que se hizo, porque en el momento de todo el quilombo, después del incendio, estaban todos los arquitectos, los dirigentes, los dueños de las empresas y muchos más para ver cuál era el plan de acción. En un momento uno de los arquitectos le pregunta a Francois qué haría él. Humildemente, sin decir nada, sacó dos hachas de su mochila, las puso encima de la mesa y dijo: ‘¡Esto es lo que digo!. Las técnicas tenemos las herramientas para hacerlo, pero los bosques están ahí, los pibes están capacitados, tenemos todo para poder reconstruirla como se hizo en ese momento’, dijo. Al principio no se le creía mucho, pero él y Carpinteros sin Fronteras organizaron de manera privada en un castillo, cerca del norte de Francia, la reconstrucción de una cercha (las estructuras triangulares que conforman la cubierta del techo). Se reconstruyó usando las mismas técnicas originales, a mano completamente; se lo levantó y se lo puso en frente a unas personas. ‘Acá está la prueba. Se puede hacer de la misma forma’, les dijo. Entonces, eso lo terminó de convencer de que se podía hacer de esa manera. Desde entonces, yo formo parte de Carpinteros sin Fronteras”.

Pinardi nació en Córdoba y pasó parte de su infancia en el norte de Italia. “Estudié ingeniería informática y telecomunicaciones, nada que ver. Tuve muchos trabajo y oficios, pero lo que yo quería era viajar. Una vez le pedí a una azafata conocer la cabina y hasta me dejaron quedarme para el aterrizaje. En ese momento supe que mi destino estaba en viajar”.

Con su entonces compañera de vida, viajó durante años por América Latina en un Renault 4. “Queríamos llegar a México. Al año seguíamos en Bolivia y volvimos. Después hicimos un viaje de México a Buenos Aires en 80 buses. Viajando, vendiendo artesanías, haciendo de todo para poder vivir”, cuenta.

Desde entonces combinó el trabajo artesanal con una vida nómade. Ese camino lo llevó a su presente y a ser parte de la organización que realiza reconstrucciones con técnicas tradicionales en contextos patrimoniales o humanitarios. Tras Notre Dame, planean intervenir en la Bolsa de Copenhague, destruida por un incendio, en abril de 2024. Es uno de los edificios más antiguos y el fuego provocó el derrumbe de la emblemática aguja de la antigua Bolsa.

Uno de sus sueños pendientes es llegar a la Antártida. “Por eso llegué a Ushuaia. Estuve haciendo dedo a los barcos por dos veranos, pero no tuve suerte. A veces buscan carpinteros. Quiero ir aunque sea una temporada. Sería espectacular. ¡El carpintero de la Antártida!”, se imagina el hombre que desde 2010 no regresa a Argentina. “Extraño, y temo ir y no querer irme más”, finaliza.

Fuente: telam

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