INTERNACIONAL
20/03/2025
Me diagnosticaron autismo a los 53 años y sé por qué aumentan los casos
Fuente: telam
¿Y si el autismo no es en absoluto cada vez más frecuente? ¿Y si el aumento de los diagnósticos es algo bueno?
Como científico con autismo, creo que el aumento de diagnósticos es el resultado de una mayor concienciación, una mejor identificación (especialmente entre mujeres y niñas) y una definición más amplia que ahora incluye una serie de afecciones del neurodesarrollo bajo el paraguas del “trastorno del espectro autista”.
La idea surgió durante una revisión profesional para la que mi jefe había contratado a un psicólogo. Tras entrevistarme a mí y a mis compañeros de trabajo, el psicólogo sugirió que yo podría tener autismo, lo que confirmaron las evaluaciones posteriores.
Los estudios demuestran que el aumento de los diagnósticos de espectro autista entre personas que, como yo, no tienen discapacidad intelectual, definida como un coeficiente intelectual inferior a 70, ha aumentado vertiginosamente desde el año 2000. Si me hubieran diagnosticado de niño, probablemente habría sido síndrome de Asperger, una etiqueta que se solía poner a niños con dificultades sociales pero que no tenían los retrasos en el lenguaje presentes en muchos casos de autismo. Pero en 2013, la Asociación Americana de Psiquiatría incluyó el síndrome de Asperger en la categoría más amplia de trastorno del espectro autista.
A medida que el autismo ha dejado de ser un estigma, también se ha vuelto más fácil de aceptar para los padres. Desde que revelé públicamente mi diagnóstico hace un año, he oído a muchas personas preguntarse si ellos también deberían someterse a una evaluación. Estas preguntas suelen venir de padres cuyo hijo fue diagnosticado y que reconocen rasgos similares en ellos mismos.
Otras personas, incluidos algunos pero no todos los familiares de personas con necesidades de apoyo muy elevadas (a veces denominadas autismo profundo), pueden ser más propensas a considerar el autismo como una afección médica digna de intervención farmacéutica y de investigación sobre tratamiento y prevención. Aunque yo suscribo el punto de vista de la neurodiversidad, superviso una revista científica que publica investigaciones desde ambas perspectivas, y creo que los defensores de ambas tienen mucho que aprender unos de otros.
Pero cualquier factor ambiental que contribuya al autismo deberá ser objeto de un estudio riguroso de todas las pruebas. Con demasiada frecuencia, cuando los escépticos de las vacunas culpan a éstas del autismo, señalan estudios que tienen una metodología débil, como hizo el Sr. Kennedy durante su audiencia de confirmación para secretario de sanidad. Estos estudios ignoran la existencia de numerosos y cuidadosos ensayos aleatorios de control que demuestran lo contrario.
Saber que pertenezco al espectro autista ha mejorado mi vida. Puedo dar a mis compañeros de trabajo y a mis seres queridos un contexto para entenderme e interactuar conmigo. Por ejemplo, me cuesta modular mis expresiones faciales y mi tono vocal. El costoso coaching de medios de comunicación no me ayudó, solo hizo que me preocupara más por mis gestos que por mi mensaje. Al revelar mi diagnóstico, puedo liberar mi mente para centrarme en el significado de mis palabras.
* Thorp es redactor jefe de Science y profesor de química y medicina en la Universidad George Washington.
Fuente: telam